El canal de streaming Blender atraviesa uno de los momentos más complejos desde su creación, en medio de un conflicto laboral que combina despidos, reclamos sindicales, denuncias por incumplimientos contractuales y fuertes cruces públicos. La situación se suma a otras controversias que atraviesan al sector del streaming argentino.
El SATSAID reclama la aplicación del convenio colectivo
El Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (SATSAID) realizó una movilización frente a la sede de Blender, ubicada sobre la avenida Dorrego al 1500, en el barrio porteño de Palermo. Durante la protesta, el gremio rechazó los despidos producidos en la empresa, denunció incumplimientos salariales y contractuales, y exigió la inmediata reincorporación del personal cesanteado.
Además, el sindicato reclamó que la empresa encuadre a sus trabajadores dentro del Convenio Colectivo 131/75, tal como —según señalaron— ya ocurre en otras compañías del sector como Gelatina y Luzu.
Desde abril de 2024, el SATSAID desarrolla una campaña de inspecciones sobre distintas empresas de streaming con el objetivo de verificar las condiciones laborales y difundir los derechos de los trabajadores. En ese marco, ya se registraron conflictos con señales como AZZ y Olga. Respecto de Blender, el gremio sostuvo que sus autoridades «se niegan sistemáticamente a encuadrar a sus empleados en el convenio colectivo 131/75».
Voceros del sindicato afirmaron que los responsables de varias plataformas aprovecharon inicialmente un vacío legal y que ahora recurren a la Ley de Modernización Laboral para evitar obligaciones laborales. Entre los principales reclamos mencionaron el reconocimiento de descansos, vacaciones pagas, aguinaldo y la eliminación de esquemas de contratación bajo monotributo cuando corresponda una relación laboral.
La denuncia pública de Tomás Rebord
El conflicto tomó mayor repercusión luego de que Tomás Rebord revelara que recibió una notificación judicial para presentarse a realizar su programa, anteriormente conocido como «Hay algo ahí».
A través de sus redes sociales, el conductor explicó que concurrió acompañado por una escribana para dejar constancia de la situación y aseguró: «Blender me notificó judicialmente para que me apersonara a hacer el programa antes conocido como ‘Hay algo ahí’. Fuimos con una escribana, y constatamos que no había ni cámaras, ni sonido, ni personal para poder salir al aire, como consta en la CD que les mandé».
En el mismo mensaje, responsabilizó a la empresa por la situación al sostener que «son los problemas que suelen aparecer cuando despedís a todo el personal de un día para el otro».
Rebord también aclaró que se encuentra de vacaciones, período que —según indicó— había sido acordado con la empresa desde marzo, aunque manifestó públicamente que estaba dispuesto a realizar el programa de forma remota si fuera necesario.
Los conductores también expresaron su preocupación
Las dificultades operativas quedaron expuestas durante una emisión en vivo de «Último Aviso», cuando la conductora Fiorella Sargenti expresó frente a cámara: «no podemos seguir haciendo el programa así, hay guardias esperándonos afuera. Supongo que no nos verán mañana, pero no podemos, porque si tocan a uno nos tocan a todos, así es como funciona la solidaridad». Instantes después, la transmisión fue interrumpida.
Tras esos episodios, Rebord volvió a reclamar explicaciones públicas sobre los despidos y también hizo referencia a inconvenientes técnicos que afectaban al programa de Mauro Szeta. Mientras tanto, desde su entorno consideran difícil un eventual regreso a la pantalla de Blender.
En uno de sus mensajes, el conductor mantuvo el tono irónico y anticipó: «Voy a hacer un especial sobre la provincia de Misiones, su esquema productivo y sistema de financiamiento. ¡Les va a encantar! Espero su mensaje para coordinar». La referencia fue interpretada como una alusión a Augusto Marini, conductor de Blender y propietario del streaming Carajo.
El canal de streaming Blender atraviesa un fuerte conflicto laboral marcado por despidos, denuncias de incumplimientos contractuales y un escrache del SATSAID frente a su sede en Palermo. La protesta coincidió con los cuestionamientos públicos de Tomás Rebord, quien denunció que fue intimado a realizar su programa pese a que, según afirmó, el canal no contaba con el personal ni los recursos técnicos necesarios para salir al aire.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Un canal cita judicialmente a uno de sus conductores para salir al aire. El conductor llega con una escribana. Del otro lado no hay cámaras, ni sonido, ni personal. El streaming terminó pareciéndose a una inauguración con cinta, discurso y edificio sin terminar.
Mientras las plataformas prometían reinventar los medios, el conflicto volvió a una escena bastante conocida: despidos, reclamos gremiales y discusiones por convenios colectivos. Cambiaron los estudios por sets con luces LED, pero algunas discusiones laborales siguen usando el mismo libreto de hace décadas.
El SATSAID llevó su reclamo hasta la puerta de Blender para denunciar despidos y exigir la regularización del personal. En paralelo, Tomás Rebord convirtió una notificación judicial en un episodio que expuso una contradicción incómoda: el programa debía hacerse, aunque —según su versión— faltaban justamente quienes hacen posible que un programa exista.
Las redes sociales hicieron el resto. Entre publicaciones, ironías y cartas documento, el conflicto dejó de ser una discusión interna para transformarse en un espectáculo público donde cada parte eligió transmitir su versión. El problema es que, cuando la programación depende de trabajadores que ya no están, el algoritmo tampoco puede reemplazar a quien conecta un micrófono.
Las declaraciones de otros conductores reforzaron el clima de tensión. La solidaridad expresada en vivo, seguida por la interrupción de la transmisión, terminó funcionando como una imagen más potente que cualquier comunicado institucional. Hay silencios que hacen más ruido que un micrófono abierto.
El universo del streaming nació prometiendo escapar de las viejas estructuras. Ahora discute convenios colectivos, inspecciones, despidos y cartas documento. Cambió la pantalla. El backstage sigue teniendo los mismos cables.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El canal de streaming Blender atraviesa uno de los momentos más complejos desde su creación, en medio de un conflicto laboral que combina despidos, reclamos sindicales, denuncias por incumplimientos contractuales y fuertes cruces públicos. La situación se suma a otras controversias que atraviesan al sector del streaming argentino.
El SATSAID reclama la aplicación del convenio colectivo
El Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (SATSAID) realizó una movilización frente a la sede de Blender, ubicada sobre la avenida Dorrego al 1500, en el barrio porteño de Palermo. Durante la protesta, el gremio rechazó los despidos producidos en la empresa, denunció incumplimientos salariales y contractuales, y exigió la inmediata reincorporación del personal cesanteado.
Además, el sindicato reclamó que la empresa encuadre a sus trabajadores dentro del Convenio Colectivo 131/75, tal como —según señalaron— ya ocurre en otras compañías del sector como Gelatina y Luzu.
Desde abril de 2024, el SATSAID desarrolla una campaña de inspecciones sobre distintas empresas de streaming con el objetivo de verificar las condiciones laborales y difundir los derechos de los trabajadores. En ese marco, ya se registraron conflictos con señales como AZZ y Olga. Respecto de Blender, el gremio sostuvo que sus autoridades «se niegan sistemáticamente a encuadrar a sus empleados en el convenio colectivo 131/75».
Voceros del sindicato afirmaron que los responsables de varias plataformas aprovecharon inicialmente un vacío legal y que ahora recurren a la Ley de Modernización Laboral para evitar obligaciones laborales. Entre los principales reclamos mencionaron el reconocimiento de descansos, vacaciones pagas, aguinaldo y la eliminación de esquemas de contratación bajo monotributo cuando corresponda una relación laboral.
La denuncia pública de Tomás Rebord
El conflicto tomó mayor repercusión luego de que Tomás Rebord revelara que recibió una notificación judicial para presentarse a realizar su programa, anteriormente conocido como «Hay algo ahí».
A través de sus redes sociales, el conductor explicó que concurrió acompañado por una escribana para dejar constancia de la situación y aseguró: «Blender me notificó judicialmente para que me apersonara a hacer el programa antes conocido como ‘Hay algo ahí’. Fuimos con una escribana, y constatamos que no había ni cámaras, ni sonido, ni personal para poder salir al aire, como consta en la CD que les mandé».
En el mismo mensaje, responsabilizó a la empresa por la situación al sostener que «son los problemas que suelen aparecer cuando despedís a todo el personal de un día para el otro».
Rebord también aclaró que se encuentra de vacaciones, período que —según indicó— había sido acordado con la empresa desde marzo, aunque manifestó públicamente que estaba dispuesto a realizar el programa de forma remota si fuera necesario.
Los conductores también expresaron su preocupación
Las dificultades operativas quedaron expuestas durante una emisión en vivo de «Último Aviso», cuando la conductora Fiorella Sargenti expresó frente a cámara: «no podemos seguir haciendo el programa así, hay guardias esperándonos afuera. Supongo que no nos verán mañana, pero no podemos, porque si tocan a uno nos tocan a todos, así es como funciona la solidaridad». Instantes después, la transmisión fue interrumpida.
Tras esos episodios, Rebord volvió a reclamar explicaciones públicas sobre los despidos y también hizo referencia a inconvenientes técnicos que afectaban al programa de Mauro Szeta. Mientras tanto, desde su entorno consideran difícil un eventual regreso a la pantalla de Blender.
En uno de sus mensajes, el conductor mantuvo el tono irónico y anticipó: «Voy a hacer un especial sobre la provincia de Misiones, su esquema productivo y sistema de financiamiento. ¡Les va a encantar! Espero su mensaje para coordinar». La referencia fue interpretada como una alusión a Augusto Marini, conductor de Blender y propietario del streaming Carajo.
El canal de streaming Blender atraviesa un fuerte conflicto laboral marcado por despidos, denuncias de incumplimientos contractuales y un escrache del SATSAID frente a su sede en Palermo. La protesta coincidió con los cuestionamientos públicos de Tomás Rebord, quien denunció que fue intimado a realizar su programa pese a que, según afirmó, el canal no contaba con el personal ni los recursos técnicos necesarios para salir al aire.
Un canal cita judicialmente a uno de sus conductores para salir al aire. El conductor llega con una escribana. Del otro lado no hay cámaras, ni sonido, ni personal. El streaming terminó pareciéndose a una inauguración con cinta, discurso y edificio sin terminar.
Mientras las plataformas prometían reinventar los medios, el conflicto volvió a una escena bastante conocida: despidos, reclamos gremiales y discusiones por convenios colectivos. Cambiaron los estudios por sets con luces LED, pero algunas discusiones laborales siguen usando el mismo libreto de hace décadas.
El SATSAID llevó su reclamo hasta la puerta de Blender para denunciar despidos y exigir la regularización del personal. En paralelo, Tomás Rebord convirtió una notificación judicial en un episodio que expuso una contradicción incómoda: el programa debía hacerse, aunque —según su versión— faltaban justamente quienes hacen posible que un programa exista.
Las redes sociales hicieron el resto. Entre publicaciones, ironías y cartas documento, el conflicto dejó de ser una discusión interna para transformarse en un espectáculo público donde cada parte eligió transmitir su versión. El problema es que, cuando la programación depende de trabajadores que ya no están, el algoritmo tampoco puede reemplazar a quien conecta un micrófono.
Las declaraciones de otros conductores reforzaron el clima de tensión. La solidaridad expresada en vivo, seguida por la interrupción de la transmisión, terminó funcionando como una imagen más potente que cualquier comunicado institucional. Hay silencios que hacen más ruido que un micrófono abierto.
El universo del streaming nació prometiendo escapar de las viejas estructuras. Ahora discute convenios colectivos, inspecciones, despidos y cartas documento. Cambió la pantalla. El backstage sigue teniendo los mismos cables.