El Banco Central abrió una licitación para la impresión en el exterior de 400 millones de billetes de 20 mil pesos, una operación que representa una emisión nominal de 8 billones de pesos, mientras continúa el proceso de reestructuración de Casa de Moneda, la empresa estatal que históricamente estuvo a cargo de fabricar el dinero circulante argentino.
Según el pliego licitatorio, los billetes deberán ser entregados de manera escalonada entre abril y agosto de 2027. La contratación contempla la modalidad internacional CIP, por la cual los proveedores deberán entregar el material terminado en Buenos Aires con transporte y seguro incluidos, un esquema habitualmente utilizado por imprentas extranjeras especializadas en moneda de seguridad.
Las preguntas sobre el rol de Casa de Moneda
La decisión generó cuestionamientos debido a que el Gobierno había ratificado por decreto, menos de un año atrás, que una de las funciones centrales de Casa de Moneda es la fabricación de dinero circulante para el Estado nacional. Sin embargo, la compañía atraviesa una profunda transformación impulsada por Federico Sturzenegger, que incluyó despidos, retiros voluntarios y la paralización de distintas áreas productivas.
Fuentes gremiales sostienen que el proceso constituye un vaciamiento de la empresa. En ese contexto, el diputado nacional Esteban Paulón presentó un pedido de informes para que el ministro de Economía, Luis Caputo, y las autoridades del Banco Central expliquen los fundamentos de la contratación internacional.
El legislador solicitó conocer si Casa de Moneda fue consultada o evaluada para participar de la producción de los billetes y pidió que se hagan públicos los estudios comparativos de costos, plazos de entrega y capacidad operativa que respaldaron la decisión.
Además, planteó interrogantes sobre el impacto fiscal de la medida. Según argumentó, si el Gobierno exige a los legisladores explicar el financiamiento de cada iniciativa parlamentaria, también corresponde conocer si la impresión en el exterior implica un ahorro para el Estado o si representa una alternativa más costosa para el Tesoro.
La crisis financiera de la empresa estatal
Entre otros puntos, Paulón pidió detalles sobre la cantidad de trabajadores alcanzados por retiros voluntarios, despidos o jubilaciones desde la asunción de Javier Milei, y consultó si existe un plan para discontinuar definitivamente la impresión de moneda por parte de la compañía.
La controversia ocurre en medio de la crisis que enfrenta Casa de Moneda desde que el Banco Central rescindió los contratos de fabricación de billetes, una actividad que representaba más del 90% de sus ingresos.
Esa decisión dejó a la empresa en una situación financiera crítica y aceleró el proceso de reconversión impulsado por la administración nacional.
El debate por los costos
Fuentes vinculadas a Casa de Moneda señalaron que la licitación internacional contempla los costos de producción y traslado hasta Buenos Aires, pero no incluiría otros gastos vinculados a la logística de seguridad necesaria para transportar los billetes desde el puerto o aeropuerto hasta los tesoros donde finalmente son almacenados.
Desde sectores gremiales remarcaron que históricamente distintos gobiernos sostuvieron que imprimir billetes en el exterior resultaba más costoso precisamente por esos gastos complementarios. En ese marco, cuestionaron el cambio de criterio y señalaron que ahora se argumenta que producir fuera del país sería más económico que hacerlo con capacidad instalada local.
El Banco Central abrió una licitación internacional para imprimir 400 millones de billetes de 20 mil pesos en el exterior, por un valor nominal de 8 billones de pesos. La decisión se conoce mientras avanza la reestructuración de Casa de Moneda y motivó un pedido de informes del diputado Esteban Paulón para conocer los motivos, costos y criterios que justifican la contratación fuera del país.
Ocho billones de pesos en billetes impresos afuera. Cuatrocientos millones de papeles de 20 mil cruzando fronteras mientras la fábrica estatal que históricamente hacía ese trabajo mira la escena desde la tribuna.
Es como cerrar una parrilla porque supuestamente sobra personal y después encargar el asado por aplicación. Con envío, seguro y logística internacional incluidos. La vaca sigue siendo la misma, pero ahora viene con tracking.
La novedad llegó con una licitación del Banco Central para producir billetes en imprentas extranjeras especializadas en moneda de seguridad. El contrato prevé entregas entre abril y agosto de 2027 bajo modalidad CIP, una fórmula que incluye transporte y seguro hasta Buenos Aires. Nada demasiado extraño en el mundo financiero, salvo por un detalle menor: hace menos de un año el propio Gobierno había ratificado por decreto que Casa de Moneda mantiene entre sus funciones centrales la fabricación de dinero circulante.
Mientras tanto, la empresa estatal atraviesa una reestructuración que acumuló despidos, retiros voluntarios y áreas productivas paralizadas. Los gremios hablan de vaciamiento. El Gobierno habla de reconversión. En Argentina, muchas veces la diferencia entre una palabra y la otra depende de quién tenga el micrófono.
La discusión escaló al Congreso. El diputado Esteban Paulón pidió explicaciones sobre por qué se busca capacidad productiva en el exterior mientras la infraestructura local pierde actividad. También preguntó algo particularmente incómodo en tiempos de calculadora fiscal permanente: si esto realmente cuesta menos.
Porque una cosa es comparar el valor de impresión y otra bastante distinta es sumar custodias, traslados especiales y toda la coreografía de seguridad que exige mover dinero físico. Durante años, distintos gobiernos sostuvieron que fabricar afuera terminaba siendo más caro justamente por esos costos adicionales. Ahora la ecuación parece haber cambiado. O al menos cambió la conclusión.
La paradoja tiene su encanto burocrático. La empresa creada para imprimir billetes pierde contratos de impresión de billetes mientras el Estado sale a buscar billetes impresos. Como si una estación de servicio dejara de vender combustible y se dedicara a explicar por qué los autos cargan en otro lado.
El país donde la fábrica de billetes se queda sin billetes para fabricar.