Una experiencia productiva en el oeste de Chaco terminó con resultados superiores a los esperados en una región donde el trigo no forma parte de los cultivos tradicionales. La familia Luxen cosechó un lote de 152 hectáreas en Palo Blanco, municipio de Los Frentones, con un rendimiento promedio cercano a los 2.900 kilos por hectárea y sectores que superaron los 3.800 kilos.
El ingeniero agrónomo Agustín Luxen explicó que las condiciones climáticas fueron determinantes para llevar adelante la experiencia. La abundancia de lluvias durante el otoño permitió disponer de una reserva de humedad poco habitual para la zona, lo que favoreció la implantación del cereal y su posterior desarrollo.
Una cosecha de trigo que superó las expectativas en Chaco
La siembra se realizó el 3 de mayo, aprovechando la humedad acumulada en el suelo. Para el lote se seleccionó una variedad de ciclo corto, con una densidad de siembra de entre 55 y 58 kilos de semilla por hectárea.
Los resultados mostraron diferencias dentro de la superficie cultivada, aunque el balance general fue favorable. El rendimiento promedio alcanzó los 2.900 kilos por hectárea, con sectores que registraron cifras considerablemente superiores.
“Tuvimos picos de más de 3.800 kilos por hectárea y en más de 18 hectáreas estuvimos arriba de los 3.500 kilos”, detalló Luxen.
La particularidad del resultado está relacionada con la ubicación del establecimiento. Palo Blanco pertenece a una región donde la producción de trigo no es habitual, principalmente por sus características climáticas.
Sin embargo, las precipitaciones registradas durante el otoño modificaron las condiciones productivas y permitieron incorporar el cereal a la planificación agrícola.
Según explicó el ingeniero agrónomo, tanto el año anterior como el actual presentaron abundantes lluvias otoñales, lo que permitió recargar los perfiles del suelo y generar una oportunidad para desarrollar el cultivo.
Durante marzo se registraron aproximadamente 208 milímetros de lluvia, mientras que en abril las precipitaciones alcanzaron los 248 milímetros y en mayo se sumaron otros 52 milímetros.
En total, se acumularon más de 500 milímetros en apenas tres meses, una cifra significativa para una región cuya media histórica anual ronda los 800 milímetros.
Un cultivo pensado para proteger el suelo que terminó generando ingresos
Antes de la implantación del trigo, el lote había sido destinado a la producción de girasol, aunque los resultados de ese cultivo fueron inferiores a los esperados. La cosecha se realizó alrededor del 23 de enero y, posteriormente, la superficie permaneció en barbecho hasta la siembra del cereal.
Ante esas condiciones, la familia decidió aprovechar la humedad disponible para incorporar trigo durante el invierno. La intención inicial no estaba centrada exclusivamente en obtener una cosecha comercial, sino en generar cobertura y mejorar las condiciones del terreno para la siguiente campaña.
“Ese lote estaba medio quedado. Decidimos esperarlo y hacerle algún trigo temprano para generar una cobertura en el lote para después apuntar ahora a una soja o a algún maíz como un cultivo de renta”, explicó Luxen.
De esta manera, el cereal se incorporó a la planificación como una alternativa para mantener protegido el suelo y aprovechar las reservas de humedad, con la posibilidad de continuar posteriormente con un cultivo de verano.
“Lo hicimos sin tener la finalidad de que sea una renta, pero si se daba una cosecha tardía nos quedaba bien como un cultivo de cobertura más que nada para el lote”, señaló.
Buenos rendimientos y una inversión reducida
Otro de los aspectos destacados de la experiencia fue el nivel de inversión necesario para desarrollar el cultivo. Según explicó el productor, no se aplicaron fertilizantes durante el ciclo ni se realizaron tratamientos contra enfermedades o insectos.
Los costos estuvieron concentrados principalmente en las aplicaciones previas a la siembra, la adquisición de semillas, la implantación y las tareas de cosecha.
Esta combinación de gastos acotados y rendimientos superiores a los previstos permitió que una alternativa inicialmente destinada a la cobertura del suelo también generara un resultado económico favorable.
“Me da una buena renta ese trigo porque solamente tuve el gasto de las dos aplicaciones presiembra, la siembra, la semilla y luego la cosecha”, destacó.
La experiencia de la familia Luxen muestra cómo las condiciones de humedad registradas durante el otoño permitieron incorporar trigo en una zona donde habitualmente no se desarrolla este cultivo. Además de aportar cobertura invernal, la cosecha generó ingresos y dejó abierta la posibilidad de continuar la planificación agrícola con soja o maíz.
Una experiencia agrícola en el oeste de Chaco sorprendió por sus resultados: la familia Luxen cosechó 152 hectáreas de trigo en Palo Blanco, municipio de Los Frentones, con un rendimiento promedio de 2.900 kilos por hectárea y picos superiores a los 3.800 kilos. Las abundantes lluvias permitieron desarrollar el cultivo en una región poco habitual para esta producción, con una inversión reducida y sin fertilizantes.
En el oeste de Chaco ocurrió algo que probablemente obligó a varios productores a revisar sus conocimientos de geografía agrícola: sembraron trigo donde habitualmente no se siembra trigo y, para sorpresa de quienes consideran que la naturaleza debe respetar los manuales, la cosecha resultó extraordinaria. La familia Luxen consiguió rendimientos que superaron las expectativas en una región donde este cereal suele tener menos protagonismo que un pingüino en el desierto.
El responsable de esta pequeña rebelión agronómica fue el ingeniero Agustín Luxen, quien decidió aprovechar una situación meteorológica bastante particular: en apenas tres meses cayeron más de 500 milímetros de lluvia. Para ponerlo en perspectiva, la zona recibe históricamente alrededor de 800 milímetros durante todo un año. Evidentemente, el cielo decidió adelantar buena parte de su presupuesto hídrico, como un empleado público que recibe todos sus viáticos juntos y comienza a sospechar que existe algún error administrativo.
Con semejante disponibilidad de agua, Luxen sembró trigo en 152 hectáreas. Lo verdaderamente llamativo llegó después: el cultivo entregó un promedio cercano a los 2.900 kilos por hectárea y registró sectores que superaron los 3.800 kilos. Todo esto en una región donde producir trigo no constituye precisamente una tradición familiar transmitida durante generaciones.
Pero el detalle más interesante es que el cereal ni siquiera había sido convocado para convertirse en protagonista económico. La intención original era utilizarlo principalmente como cobertura invernal y preparar el terreno para una futura soja o un maíz. Sin embargo, el trigo interpretó que aquella oportunidad secundaria era su gran debut profesional y respondió con una cosecha que terminó generando ingresos.
La historia tiene otro ingrediente: no utilizaron fertilizantes ni realizaron tratamientos contra enfermedades o insectos. Los principales gastos estuvieron vinculados con las aplicaciones previas a la siembra, la semilla, la implantación y la cosecha. Una experiencia que demuestra cómo una combinación favorable de condiciones climáticas y decisiones productivas puede modificar las expectativas iniciales. El trigo fue contratado para cuidar el suelo y terminó aportando una cosecha comercial. Si tuviera perfil de LinkedIn, ya estaría publicando una reflexión sobre la importancia de superar los objetivos laborales.