Lucas Tomasi, el primer piloto argentino con síndrome de Down en obtener una licencia nacional para competir oficialmente en karting, no podrá participar este año del campeonato de la AKTS, pese a contar con los estudios médicos requeridos, los avales correspondientes y evaluaciones previas realizadas en pista.
El joven tandilense tenía previsto debutar en la categoría Escuela. Sin embargo, existía una situación particular que debía resolverse antes de permitir su participación: Lucas excedía la edad contemplada para esa categoría.
Una consulta terminó definiendo su participación
Ante esa circunstancia, la Federación Regional de Automovilismo Deportivo N°3 y la AKTS solicitaron el consentimiento de los padres de los demás pilotos para autorizar excepcionalmente su incorporación.
La consulta se realizó mediante una votación anónima. El resultado mostró un respaldo ampliamente mayoritario a la participación de Lucas: 16 personas votaron a favor y solamente una se manifestó en contra.
Sin embargo, el mecanismo requería el consentimiento de las familias y aquella única negativa fue suficiente para impedir que Tomasi pudiera incorporarse a la categoría durante el campeonato.
De esta manera, Lucas quedó afuera pese a que 16 de las 17 personas consultadas habían acompañado su participación.
Tenía licencia, estudios médicos y evaluación en pista
La decisión se produjo después de que el joven atravesara diferentes instancias para poder competir. Tomasi había realizado los estudios médicos exigidos, obtenido los avales correspondientes y sido evaluado previamente sobre la pista.
Además, había conseguido un antecedente significativo dentro del automovilismo nacional al convertirse en el primer piloto argentino con síndrome de Down en obtener una licencia nacional para competir oficialmente en karting.
Su incorporación a la categoría Escuela representaba el siguiente paso de ese recorrido y le permitiría participar de un campeonato oficial. La diferencia de edad respecto de los parámetros establecidos para la categoría fue la circunstancia que llevó a solicitar la autorización excepcional.
Finalmente, el resultado de la votación impidió concretar el debut previsto. Aunque una amplia mayoría manifestó su conformidad, la ausencia de unanimidad dejó al piloto sin la posibilidad de participar durante todo el campeonato.
La familia buscará otras alternativas
Tras conocerse la decisión, la familia de Lucas anticipó que continuará buscando oportunidades para que el joven pueda seguir desarrollándose dentro del automovilismo.
“Evidentemente se cerraron las puertas acá, pero se abrirán en otros lados”, sostuvo Mauricio Tomasi, padre del piloto.
La intención ahora será encontrar otras alternativas que permitan a Lucas continuar compitiendo y sostener el camino deportivo que comenzó con la obtención de su licencia nacional.
El joven tandilense había cumplido con las evaluaciones médicas y deportivas requeridas y consiguió el respaldo de 16 de las 17 personas consultadas. Sin embargo, una única negativa terminó siendo suficiente para dejarlo fuera del campeonato de la AKTS.
Lucas Tomasi, primer piloto argentino con síndrome de Down en obtener una licencia nacional para competir oficialmente en karting, quedó afuera del campeonato de la AKTS. El tandilense tenía aval médico y evaluaciones previas, pero excedía la edad de la categoría Escuela. Ante una consulta a las familias de los demás pilotos, 16 votaron a favor de su participación y una se opuso.
Lucas Tomasi hizo aquello que habitualmente se les exige a los deportistas antes de competir: obtuvo su licencia nacional, realizó los estudios médicos, consiguió los avales correspondientes y fue evaluado en pista. Parecía suficiente. Pero el automovilismo descubrió una instancia adicional que difícilmente aparezca en el manual técnico del karting: superar una votación entre los padres de los demás pilotos.
El inconveniente surgió porque Lucas excedía la edad establecida para la categoría Escuela, donde tenía previsto debutar. Frente a esa situación, la Federación Regional de Automovilismo Deportivo N°3 y la AKTS solicitaron el consentimiento de las familias. El resultado difícilmente podría haber sido más contundente: 16 votos a favor y uno en contra. En casi cualquier elección conocida por la humanidad eso se describiría como una mayoría aplastante. Acá alcanzó para que Lucas no pudiera competir.
Porque había una particularidad reglamentaria digna de una prueba matemática especialmente cruel: no hacía falta obtener mayoría. Había que conseguir unanimidad. Dieciséis personas dijeron sí, una dijo no y el resultado práctico fue no. Dieciséis voluntades terminaron pesando exactamente lo mismo que cero. La democracia observa desde boxes, confundida y buscando el artículo del reglamento.
La situación adquiere todavía mayor dimensión porque Lucas no estaba intentando subirse a un kart sin controles previos. Había atravesado evaluaciones médicas y deportivas y contaba con una licencia nacional para competir oficialmente. El obstáculo definitivo no apareció en una curva, en un cronómetro ni durante un examen médico: apareció dentro de una urna anónima.
La identidad de quien emitió el voto negativo no trascendió y, por el carácter secreto de la consulta, tampoco corresponde convertir esta historia en una búsqueda de culpables individuales. El dato relevante está en el mecanismo: una sola negativa tuvo capacidad suficiente para bloquear la participación durante todo el campeonato.
Mauricio Tomasi, padre del piloto, resumió el escenario sin demasiadas vueltas: “Evidentemente se cerraron las puertas acá, pero se abrirán en otros lados”. Y probablemente esa sea ahora la próxima carrera de Lucas. No habrá semáforo de largada ni bandera a cuadros: habrá que encontrar un lugar donde su licencia, sus estudios y sus evaluaciones deportivas tengan más peso que un único voto anónimo. El kart estaba preparado. El piloto también. Esta vez, lo que no consiguió largar fue la inclusión.