El precio de los combustibles continúa siendo uno de los principales indicadores observados por consumidores y empresas. Sin embargo, un informe elaborado por el Instituto Argentina Grande (IAG) sostiene que el foco del debate debería ampliarse hacia la composición del valor final de la nafta y el impacto que tiene la creciente carga tributaria sobre el mercado.
El estudio, elaborado a partir de relevamientos propios y estadísticas de ARCA, concluye que el precio real de la nafta aumentó un 59,5% desde el cambio de administración nacional. No obstante, al excluir el componente impositivo, el incremento se reduce al 41%, lo que refleja el creciente peso de los tributos dentro del precio final.
Los impuestos ganan participación en el precio
Según el informe, el Impuesto a los Combustibles Líquidos registró un incremento del 230% en términos reales durante el período analizado.
Como consecuencia, su participación dentro del precio final pasó del 8,89% en noviembre de 2023 al 18,54% en mayo de 2026, modificando de manera significativa la estructura de costos del litro de combustible.
El coordinador del área de Economía del IAG, Hernán Herrera, señaló que el sector energético presenta comportamientos diferenciados según el segmento analizado. En ese sentido, indicó que mientras el petróleo argentino mejora su inserción en los mercados internacionales, ese escenario no se refleja en beneficios para los consumidores locales.
El especialista agregó que el precio de la nafta medido en dólares aumentó un 24,3%, ubicándose por encima de los valores registrados en países como Estados Unidos y Brasil.
Cambios en el consumo y menor actividad en las estaciones
El informe también advierte sobre una transformación en los hábitos de consumo como consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo.
De acuerdo con el análisis, los usuarios realizan cargas de menor volumen, organizan con mayor precisión sus desplazamientos y reducen la frecuencia con la que concurren a las estaciones de servicio.
Este comportamiento tiene un impacto directo sobre la actividad del sector, ya que la rentabilidad de las estaciones depende en gran medida del volumen de litros comercializados.
Cuando disminuye la cantidad de combustible vendido o las recargas se fragmentan en montos menores, los ingresos operativos encuentran mayores dificultades para sostenerse, aun cuando el precio por litro continúe aumentando.
El estudio concluye que la evolución de los impuestos y la pérdida de capacidad de compra están modificando el funcionamiento del mercado de combustibles, generando nuevos desafíos tanto para los consumidores como para las estaciones de servicio.
Un informe del Instituto Argentina Grande advirtió que el precio de la nafta aumentó un 59,5% en términos reales desde fines de 2023 y atribuyó gran parte de esa suba al incremento de la carga tributaria sobre los combustibles. El estudio también señala que la pérdida de poder adquisitivo modificó los hábitos de consumo y redujo el volumen de ventas en las estaciones de servicio.
El precio de la nafta ya no se explica solamente por el petróleo. Ahora también cuenta la mochila impositiva, que según un informe duplicó su peso dentro de cada litro cargado. Mientras tanto, el tanque completo empieza a parecer un artículo de lujo.
La discusión suele concentrarse en el número que aparece en el surtidor. Pero detrás de esa cifra conviven impuestos, costos de producción, logística, refinación y márgenes comerciales. El problema es que algunos componentes crecieron bastante más rápido que otros y terminaron cambiando la receta completa.
El estudio del Instituto Argentina Grande sostiene que la carga tributaria pasó de representar menos del 9% del precio de la nafta a superar el 18% en poco más de dos años. Es decir, el Estado ganó protagonismo dentro del litro mientras el bolsillo del consumidor perdía capacidad para acompañarlo.
La consecuencia no aparece solamente en las pizarras. También se observa en la conducta de quienes cargan combustible. Cada vez son más frecuentes las recargas parciales, los recorridos planificados con mayor precisión y las visitas menos habituales a las estaciones de servicio. El clásico «llenalo» empieza a competir con el mucho más modesto «poneme diez mil».
Paradójicamente, el informe también señala que el petróleo argentino mejora su posicionamiento internacional. Sin embargo, ese desempeño no se traduce en precios más bajos para el mercado interno. Incluso, la nafta medida en dólares se ubicó por encima de los valores registrados en países como Estados Unidos y Brasil.
Las estaciones de servicio sienten ese cambio de inmediato. Su rentabilidad depende en buena medida del volumen de litros vendidos. Cuando los clientes cargan menos combustible o espacian sus visitas, la actividad empieza a resentirse aunque el precio por litro continúe aumentando.
Así, el negocio enfrenta una ecuación incómoda: vender un producto cada vez más caro a consumidores que cada vez compran menos. No parece el tipo de fórmula que entusiasmaría a ningún contador.
En Argentina, el surtidor sigue marcando números. Lo que cambia es la cantidad de veces que la manguera llega hasta el tanque.