María de los Ángeles Araceli Monteleone, reconocida popularmente como Marita Monteleone, falleció el miércoles 3 de junio de 2026 a los 68 años, tras permanecer internada durante varios días en terapia intensiva. Locutora, periodista y cantante de tango, se convirtió en una de las voces más identificables de la historia de las telecomunicaciones argentinas.
Su nombre quedó asociado para siempre a los mensajes automáticos de ENTel y, posteriormente, de Telefónica, que durante la década del 90 acompañaron a millones de usuarios en todo el país. Su interpretación de mensajes telefónicos cotidianos la transformó en la histórica «Voz del Teléfono», una presencia familiar para generaciones de argentinos.
Del tango a una voz reconocida en todo el país
El vínculo de Monteleone con la telefonía comenzó a fines de la década del 80, mientras cantaba tango en un espectáculo en el tradicional Café Tortoni. Allí fue escuchada por un ingeniero de la entonces empresa estatal ENTel, quien valoró la calidez y claridad de su voz y le propuso grabar los mensajes automáticos de la compañía.
En 1988 asumió uno de los trabajos más exigentes de su trayectoria: la grabación de la guía telefónica completa de la Argentina para el servicio de información de abonados, identificado por la línea 110, además de distintos mensajes automáticos de error.
La tarea implicó grabar 214.000 archivos de voz mediante un procedimiento técnicamente complejo para la época. Monteleone registraba información durante siete minutos consecutivos, dejando silencios de tres segundos entre cada dato, y luego debía esperar cuatro minutos mientras el sistema procesaba y almacenaba el material.
La intensidad del trabajo tuvo consecuencias físicas y emocionales para la locutora, quien perdió más de 20 kilos durante el proceso. Tiempo después relató que, por las noches, «soñaba con los números».
Su voz quedó vinculada a mensajes que pasaron a integrar la memoria cotidiana de los argentinos, entre ellos «El número solicitado no corresponde a un abonado en servicio» y «La característica marcada se encuentra momentáneamente congestionada».
Una trayectoria destacada en radio y tango
Aunque su voz alcanzó una masividad excepcional a través de los teléfonos, Monteleone desarrolló una extensa carrera profesional en importantes emisoras argentinas. Trabajó en Radio Mitre, Radio El Mundo, Radio Del Plata, Radio Nacional, Radio Continental y Radio La Red.
Participó en ciclos reconocidos como Rapidísimo, junto a Héctor Larrea, y Soldán esquina tango, con Silvio Soldán. También condujo sus propios espacios, entre ellos Marita Monteleone presenta y El frasquito.
Su actividad artística incluyó una sostenida dedicación al tango. Se presentó junto a Néstor Fabián, cantó con la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto y compartió escenario con el maestro Atilio Stampone.
Su labor profesional recibió distintos reconocimientos. Obtuvo dos premios Martín Fierro, en 2001 y 2011, por su desempeño en locución, y en 2022 fue distinguida como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
Sus últimos meses y el recuerdo de una voz inolvidable
Durante el tramo final de su vida, Monteleone atravesó problemas de salud y una delicada situación familiar y judicial que tomó estado público. La locutora había manifestado en entrevistas su deseo de preservar su autonomía y regresar a su vivienda en el barrio porteño de Caballito, en el marco de un conflicto patrimonial con su hija, Malena.
En sus intervenciones públicas, Monteleone sostuvo que se intentaba disponer su traslado a un establecimiento geriátrico contra su voluntad. El entorno familiar, por su parte, vinculó las decisiones adoptadas a evaluaciones médicas y actuaciones judiciales relacionadas con su cuidado.
Más allá de esa situación personal, su fallecimiento deja una marca profunda en la locución argentina. Marita Monteleone fue la voz detrás de mensajes que atravesaron épocas, empresas y tecnologías, y que permanecen asociados a la historia cotidiana de las comunicaciones en el país.
<p>La locutora, periodista y cantante de tango <strong>Marita Monteleone</strong> falleció el 3 de junio de 2026, a los 68 años, tras permanecer internada en terapia intensiva. Reconocida como la histórica <strong>«Voz del Teléfono»</strong>, dejó una huella central en las telecomunicaciones argentinas por sus grabaciones para ENTel y Telefónica.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hubo una época en la que los teléfonos no mostraban fotos, no corregían mensajes y no reclamaban actualizaciones a las tres de la mañana. Apenas sonaban, comunicaban y, cuando algo salía mal, aparecía una voz impecable para informar que el universo telefónico había decidido no colaborar. Esa voz era la de Marita Monteleone, la mujer que logró transformar una frustración cotidiana en una experiencia de elegancia institucional: uno podía no comunicarse con nadie, pero al menos recibía la negativa con una dicción digna de gala.
La Argentina escuchó durante años frases como «El número solicitado no corresponde a un abonado en servicio» o «La característica marcada se encuentra momentáneamente congestionada». Eran mensajes de error, sí, pero tenían más serenidad que numerosas cadenas nacionales, discusiones familiares y servicios de atención al cliente combinados. Donde hoy una aplicación arroja un símbolo rojo, una contraseña inválida y la sospecha de que todo fue culpa del usuario, Monteleone ofrecía una explicación clara, pausada y casi maternal: la llamada no prosperó, pero la civilización seguía en pie.
Su llegada a ese lugar privilegiado de la memoria popular tuvo un origen casi cinematográfico: cantaba tango en el Café Tortoni cuando un ingeniero de ENTel escuchó su voz y comprendió que allí había algo más poderoso que cualquier central telefónica. Luego llegó la proeza: grabar una guía telefónica completa, con cientos de miles de registros, nombres y números. Mientras otros intérpretes soñaban con teatros llenos, ella terminó soñando con números, después de convertir el disco rígido de una empresa estatal en una suerte de auditorio infinito.
El trabajo fue agotador y extraordinario. La voz que millones de argentinos conocían sin saber su nombre había surgido de jornadas disciplinadas, silencios medidos y una precisión que hoy intentaría reemplazarse con un algoritmo entrenado para sonar humano. Marita lo hacía al revés: era tan humana, tan clara y tan exacta, que una máquina podía permitirse hablar con su voz sin avergonzar al aparato.
Con su muerte, se apaga una figura singular de la radio, la locución y el tango, pero no esa entonación que quedó instalada en la memoria nacional. Porque hay artistas que sobreviven en discos, escenarios o archivos televisivos. Marita Monteleone quedó en un territorio todavía más íntimo: el segundo exacto en que alguien levantaba un teléfono, marcaba con esperanza y recibía, incluso en el fracaso, la voz más amable del sistema.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
María de los Ángeles Araceli Monteleone, reconocida popularmente como Marita Monteleone, falleció el miércoles 3 de junio de 2026 a los 68 años, tras permanecer internada durante varios días en terapia intensiva. Locutora, periodista y cantante de tango, se convirtió en una de las voces más identificables de la historia de las telecomunicaciones argentinas.
Su nombre quedó asociado para siempre a los mensajes automáticos de ENTel y, posteriormente, de Telefónica, que durante la década del 90 acompañaron a millones de usuarios en todo el país. Su interpretación de mensajes telefónicos cotidianos la transformó en la histórica «Voz del Teléfono», una presencia familiar para generaciones de argentinos.
Del tango a una voz reconocida en todo el país
El vínculo de Monteleone con la telefonía comenzó a fines de la década del 80, mientras cantaba tango en un espectáculo en el tradicional Café Tortoni. Allí fue escuchada por un ingeniero de la entonces empresa estatal ENTel, quien valoró la calidez y claridad de su voz y le propuso grabar los mensajes automáticos de la compañía.
En 1988 asumió uno de los trabajos más exigentes de su trayectoria: la grabación de la guía telefónica completa de la Argentina para el servicio de información de abonados, identificado por la línea 110, además de distintos mensajes automáticos de error.
La tarea implicó grabar 214.000 archivos de voz mediante un procedimiento técnicamente complejo para la época. Monteleone registraba información durante siete minutos consecutivos, dejando silencios de tres segundos entre cada dato, y luego debía esperar cuatro minutos mientras el sistema procesaba y almacenaba el material.
La intensidad del trabajo tuvo consecuencias físicas y emocionales para la locutora, quien perdió más de 20 kilos durante el proceso. Tiempo después relató que, por las noches, «soñaba con los números».
Su voz quedó vinculada a mensajes que pasaron a integrar la memoria cotidiana de los argentinos, entre ellos «El número solicitado no corresponde a un abonado en servicio» y «La característica marcada se encuentra momentáneamente congestionada».
Una trayectoria destacada en radio y tango
Aunque su voz alcanzó una masividad excepcional a través de los teléfonos, Monteleone desarrolló una extensa carrera profesional en importantes emisoras argentinas. Trabajó en Radio Mitre, Radio El Mundo, Radio Del Plata, Radio Nacional, Radio Continental y Radio La Red.
Participó en ciclos reconocidos como Rapidísimo, junto a Héctor Larrea, y Soldán esquina tango, con Silvio Soldán. También condujo sus propios espacios, entre ellos Marita Monteleone presenta y El frasquito.
Su actividad artística incluyó una sostenida dedicación al tango. Se presentó junto a Néstor Fabián, cantó con la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto y compartió escenario con el maestro Atilio Stampone.
Su labor profesional recibió distintos reconocimientos. Obtuvo dos premios Martín Fierro, en 2001 y 2011, por su desempeño en locución, y en 2022 fue distinguida como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
Sus últimos meses y el recuerdo de una voz inolvidable
Durante el tramo final de su vida, Monteleone atravesó problemas de salud y una delicada situación familiar y judicial que tomó estado público. La locutora había manifestado en entrevistas su deseo de preservar su autonomía y regresar a su vivienda en el barrio porteño de Caballito, en el marco de un conflicto patrimonial con su hija, Malena.
En sus intervenciones públicas, Monteleone sostuvo que se intentaba disponer su traslado a un establecimiento geriátrico contra su voluntad. El entorno familiar, por su parte, vinculó las decisiones adoptadas a evaluaciones médicas y actuaciones judiciales relacionadas con su cuidado.
Más allá de esa situación personal, su fallecimiento deja una marca profunda en la locución argentina. Marita Monteleone fue la voz detrás de mensajes que atravesaron épocas, empresas y tecnologías, y que permanecen asociados a la historia cotidiana de las comunicaciones en el país.
Hubo una época en la que los teléfonos no mostraban fotos, no corregían mensajes y no reclamaban actualizaciones a las tres de la mañana. Apenas sonaban, comunicaban y, cuando algo salía mal, aparecía una voz impecable para informar que el universo telefónico había decidido no colaborar. Esa voz era la de Marita Monteleone, la mujer que logró transformar una frustración cotidiana en una experiencia de elegancia institucional: uno podía no comunicarse con nadie, pero al menos recibía la negativa con una dicción digna de gala.
La Argentina escuchó durante años frases como «El número solicitado no corresponde a un abonado en servicio» o «La característica marcada se encuentra momentáneamente congestionada». Eran mensajes de error, sí, pero tenían más serenidad que numerosas cadenas nacionales, discusiones familiares y servicios de atención al cliente combinados. Donde hoy una aplicación arroja un símbolo rojo, una contraseña inválida y la sospecha de que todo fue culpa del usuario, Monteleone ofrecía una explicación clara, pausada y casi maternal: la llamada no prosperó, pero la civilización seguía en pie.
Su llegada a ese lugar privilegiado de la memoria popular tuvo un origen casi cinematográfico: cantaba tango en el Café Tortoni cuando un ingeniero de ENTel escuchó su voz y comprendió que allí había algo más poderoso que cualquier central telefónica. Luego llegó la proeza: grabar una guía telefónica completa, con cientos de miles de registros, nombres y números. Mientras otros intérpretes soñaban con teatros llenos, ella terminó soñando con números, después de convertir el disco rígido de una empresa estatal en una suerte de auditorio infinito.
El trabajo fue agotador y extraordinario. La voz que millones de argentinos conocían sin saber su nombre había surgido de jornadas disciplinadas, silencios medidos y una precisión que hoy intentaría reemplazarse con un algoritmo entrenado para sonar humano. Marita lo hacía al revés: era tan humana, tan clara y tan exacta, que una máquina podía permitirse hablar con su voz sin avergonzar al aparato.
Con su muerte, se apaga una figura singular de la radio, la locución y el tango, pero no esa entonación que quedó instalada en la memoria nacional. Porque hay artistas que sobreviven en discos, escenarios o archivos televisivos. Marita Monteleone quedó en un territorio todavía más íntimo: el segundo exacto en que alguien levantaba un teléfono, marcaba con esperanza y recibía, incluso en el fracaso, la voz más amable del sistema.