Las imágenes de la tragedia ocurrida en Nepal generaron impacto internacional luego de que una enorme inundación, provocada por una avalancha de lodo, afectara la frontera con el Tíbet, en China, y dejara más de 360 personas muertas, en su mayoría por ahogamiento.
El geólogo y académico de la Escuela de Ciencias de la Tierra de la Universidad Andrés Bello, Darío Ormeño, explicó qué ocurrió y analizó si un fenómeno de características similares podría repetirse en Chile.
Según indicó, el riesgo existe, aunque es poco probable que alcance la misma magnitud que el desastre registrado en Nepal. También señaló que este tipo de procesos comenzó a ser estudiado con mayor profundidad en territorio chileno.
¿Puede ocurrir algo similar en Chile?
Sobre la posibilidad de que un evento de estas características se produzca en Chile, Ormeño fue categórico: “En Chile, un evento de esa magnitud exacta es poco probable, porque nuestros glaciares, incluidos los del Cajón del Maipo, son mucho más pequeños y no tienen ese desnivel tan extremo”.
Sin embargo, aclaró que el mecanismo de fondo, “un colapso de hielo desde un glaciar de altura hacia un valle poblado más abajo, sí es un riesgo real y ya identificado acá“.
El especialista explicó que estudios recientes evaluaron este tipo de amenazas en glaciares del Cajón del Maipo y de la Patagonia, zonas donde ya se registraron remociones de origen glaciar en 2009, 2018 y 2024.
“O sea, no es un escenario ajeno a nuestra geografía, es un proceso que recién estamos empezando a estudiar con seriedad, con menor magnitud esperada, pero con población e infraestructura igual de expuesta más abajo”, precisó Ormeño.
Monitoreo y alerta temprana
Para reducir el impacto de una eventual tragedia, Ormeño señaló que una de las principales herramientas es el monitoreo remoto de los glaciares y de los frentes de hielo inestables.
Entre las técnicas mencionó la fotogrametría, el radar satelital y la comparación de imágenes a lo largo del tiempo, métodos que permiten detectar señales de fractura o desprendimiento antes de que ocurran. Según explicó, estas herramientas recién comienzan a incorporarse de manera sistemática en Chile.
El especialista también advirtió sobre la necesidad de planificar cuidadosamente la ubicación de infraestructura crítica.
“No ubicar infraestructura crítica, como centrales hidroeléctricas o rutas de acceso, directamente en el cauce de los valles que nacen bajo estos glaciares, porque, como se vio en Nepal, ese tipo de eventos puede destruir obras de gran envergadura en minutos”.
Finalmente, Ormeño remarcó la importancia de contar con sistemas de alerta temprana para las comunidades ubicadas río abajo.
“al igual que con los aluviones, un sistema de alerta temprana para las comunidades río abajo sigue siendo la medida más efectiva para reducir pérdidas humanas, aunque no se pueda evitar el fenómeno en sí”.
Una avalancha de lodo provocó una grave inundación en la frontera entre Nepal y el Tíbet, con más de 360 muertos. El geólogo Darío Ormeño explicó que un fenómeno de igual magnitud es poco probable en Chile, aunque advirtió que existen riesgos similares asociados a glaciares de altura y destacó la importancia del monitoreo y los sistemas de alerta temprana.
La tragedia de Nepal dejó una de esas imágenes que convierten cualquier discusión sobre “riesgos naturales” en algo demasiado concreto: una avalancha de lodo avanzando con una violencia capaz de borrar caminos, viviendas e infraestructura en cuestión de minutos. Y como suele ocurrir cuando una catástrofe golpea a miles de kilómetros, la pregunta viajó más rápido que cualquier alerta oficial: ¿puede pasar acá?
La respuesta del geólogo Darío Ormeño tiene una combinación poco tranquilizadora pero útil: exactamente igual, probablemente no; bajo un mecanismo parecido, sí. Chile no reúne las mismas condiciones extremas de desnivel ni el tamaño glaciar observado en Nepal, pero eso no significa que sus valles cordilleranos tengan inmunidad diplomática frente a desprendimientos de hielo, remociones y flujos de material.
El problema es que estos fenómenos todavía están ingresando con más fuerza al radar científico local. Ya hubo eventos de origen glaciar registrados en 2009, 2018 y 2024, mientras la infraestructura y las comunidades ubicadas aguas abajo continúan dependiendo de cuánto se monitoree y cuánto tiempo exista para reaccionar. La naturaleza, como suele recordar de manera brutal, no tiene obligación alguna de respetar horarios de oficina ni plazos administrativos.
La prevención pasa por observar glaciares, detectar fracturas, evitar ubicar infraestructura crítica en cauces expuestos y mejorar los sistemas de alerta temprana. No se trata de impedir que una montaña haga lo que la geología determina, sino de evitar que la población descubra el peligro cuando ya lo tiene encima. En gestión de riesgos, enterarse cinco minutos antes puede parecer poco; en una avalancha, puede ser literalmente todo.