Las parejas de varios futbolistas de la Selección argentina comenzaron a llegar a Atlanta para acompañar al equipo en un nuevo compromiso del torneo más importante del fútbol. A través de sus redes sociales compartieron imágenes del viaje, la llegada a la ciudad estadounidense y la expectativa con la que vivirán el encuentro desde las tribunas.
Las primeras en instalarse en Atlanta
Una de las primeras en arribar fue la influencer Valentina Cervantes, pareja de Enzo Fernández, quien documentó gran parte del recorrido. Acompañada por sus hijos y por integrantes de la familia del mediocampista, publicó una fotografía desde el aeropuerto junto al mensaje: «Ya estamos».
Más tarde, también mostró el entusiasmo de la familia del jugador con otra publicación en la que escribió: «La banda Fernández manija». En otra historia reflejó una sensación compartida por miles de hinchas argentinos en la previa del partido: «No vamos a dormir en toda la noche».
Nervios, entrenamiento y expectativa
La modelo Agus Gandolfo, esposa del delantero Lautaro Martínez, compartió su llegada a Atlanta a bordo de un avión privado. Desde sus redes sociales expresó la ansiedad que atraviesa la previa con una frase que resumió el clima de expectativa: «Qué nervios manejamos, por Dios».
Por su parte, Caro Calvagni, pareja de Nicolás Tagliafico, también arribó a la ciudad durante las últimas horas. A través de sus historias de Instagram mostró el exterior del estadio Mercedes-Benz mientras realizaba una rutina de entrenamiento en un gimnasio cercano, dejando en evidencia que la cuenta regresiva para el encuentro también se vive fuera de la cancha.
Kelci-Rose volvió a sumarse al banderazo argentino
La influencer y futbolista inglesa Kelci-Rose, pareja del defensor Marcos Senesi, aterrizó en Atlanta durante la tarde del martes. Fiel a una costumbre que ya repitió en otras oportunidades, participó del último banderazo organizado por los hinchas argentinos en la ciudad, sumándose al color y al apoyo que acompañará a la Selección antes del partido.
Valentina Cervantes, Agus Gandolfo, Caro Calvagni y Kelci-Rose, parejas de futbolistas de la Selección argentina, llegaron a Atlanta para acompañar al equipo en un nuevo compromiso del certamen. A través de sus redes sociales compartieron imágenes del viaje, la previa y la expectativa por el encuentro, sumándose al fervor de los hinchas que coparon la ciudad estadounidense.
Atlanta amaneció con un fenómeno meteorológico que todavía no figura en los manuales de climatología: una invasión de camisetas celestes y blancas, valijas al límite del sobrepeso y celulares funcionando como corresales de guerra emocional. Porque cuando juega la Selección argentina no viajan solamente los futbolistas. También despega un operativo sentimental de dimensiones industriales en el que las historias de Instagram reemplazan al parte oficial y un simple «Ya estamos» adquiere el peso diplomático de un comunicado presidencial. La FIFA todavía organiza torneos; el verdadero Mundial sucede en las salas de embarque.
Mientras miles de argentinos calculaban cuántos cafés hacen falta para sobrevivir a una madrugada futbolera, las «muchachas» de la Scaloneta aterrizaban en Atlanta con la serenidad de quien sabe que el estrés también puede llevar filtro de Instagram. Valentina Cervantes mostró el recorrido con sus hijos, Agus Gandolfo apareció llegando en un avión privado confesando que los nervios ya no entraban en el equipaje y Caro Calvagni encontró una manera muy elegante de esperar el partido: entrenar con vista al estadio, como quien deja claro que hasta la ansiedad merece hacer actividad física. Hay quienes hacen turismo gastronómico; otros hacen turismo prepartido.
Kelci-Rose, por su parte, volvió a hacer lo que ya parece una tradición personal: sumarse al banderazo argentino como si hubiera nacido recitando «Muchachos» en perfecto castellano. El fútbol tiene esas extrañas capacidades de convertir una ciudad estadounidense en una extensión del Obelisco durante algunas horas, donde cualquier persona vestida de celeste y blanco pasa automáticamente a integrar una gigantesca reunión familiar que nadie convocó formalmente, pero a la que todos asisten igual.
La previa, como siempre, tiene su propio campeonato. El de las fotos en aeropuertos, los mensajes de «no vamos a dormir en toda la noche», las cuentas regresivas y los nervios compartidos. Porque antes de que ruede la pelota ya se juega otro partido: el de convencer al cuerpo de que dormir es opcional, al algoritmo de que muestre primero las historias de la Scaloneta y al corazón de que, esta vez sí, intente mantener la calma. Hasta ahora, el corazón volvió a perder por goleada.