El economista Alberto Ades, quien participó como invitado del presidente Javier Milei en la última reunión de Gabinete, planteó que las dificultades económicas que atraviesan numerosas familias argentinas están relacionadas, al menos parcialmente, con el agotamiento de un modelo de consumo que, según su interpretación, no podía sostenerse en el tiempo.
Sus declaraciones se conocieron después de que el mandatario cuestionara públicamente la utilización de la expresión no llegar a fin de mes, tanto en intervenciones públicas como en redes sociales.
A través de una extensa publicación en X, Ades desarrolló su interpretación sobre las diferencias entre el bienestar económico que parte de la sociedad recuerda de los gobiernos kirchneristas y las restricciones presupuestarias que actualmente enfrentan los hogares.
“La realidad es que una parte importante de aquel bienestar era, sencillamente, insostenible”, sostuvo el economista.
El consumo durante el kirchnerismo y el financiamiento del Estado
Ades argumentó que los subsidios a los servicios públicos, las jubilaciones y pensiones otorgadas sin aportes suficientes y distintas transferencias estatales contribuyeron a mantener durante años un consumo que, desde su perspectiva, excedía la capacidad de financiamiento permanente de la economía argentina.
Según explicó, esas políticas permitieron “sostener un nivel de consumo superior al que la economía podía financiar de manera permanente”.
El economista señaló que la diferencia entre los recursos disponibles y el gasto realizado se cubrió mediante “déficits fiscales financiados con deuda”, emisión monetaria y utilización de activos acumulados.
Entre los mecanismos mencionados incluyó el uso de reservas internacionales, el deterioro de la infraestructura y la falta de reposición de bienes de capital, que vinculó con los bajos niveles de inversión.
Para ilustrar su posición, comparó el funcionamiento de ese esquema económico con el de una familia que mantiene gastos superiores a sus ingresos y utiliza distintas fuentes de financiamiento para sostenerlos.
“¿Qué diríamos de alguien que, durante años, mantiene un nivel de vida superior al que permiten sus ingresos, endeudándose, gastando sus ahorros y vendiendo los activos familiares acumulados durante décadas?”, planteó.
Su respuesta fue categórica: “está viviendo una ficción. Y que, tarde o temprano, esa ficción se termina”.
Por qué Ades relaciona el ajuste con las dificultades para llegar a fin de mes
Uno de los puntos centrales de su análisis estuvo vinculado con el impacto del aumento del peso de las tarifas y la reducción de determinados beneficios estatales sobre los presupuestos familiares.
Para Ades, una parte del malestar económico actual debe interpretarse como consecuencia de la corrección de desequilibrios acumulados durante años, aunque reconoció que ese proceso tiene efectos diferentes sobre los distintos sectores de la población.
“Cuando hoy muchas familias sienten que no llegan a fin de mes porque tienen que pagar una proporción mayor del costo de los servicios públicos, o porque el Estado ya no puede seguir financiando determinados beneficios, están experimentando, al menos en parte, las consecuencias de haber vivido durante años con un nivel de consumo que no era sostenible”, expresó.
El economista aclaró que su interpretación no implica desconocer las consecuencias sociales y distributivas de las medidas económicas.
“Por supuesto, el ajuste tiene costos, y esos costos no siempre se distribuyen de manera uniforme”, reconoció.
En ese sentido, consideró necesario distinguir entre los problemas estructurales que, según su diagnóstico, se acumularon durante años y las políticas implementadas para corregirlos.
“Tampoco podemos confundir la eliminación de un desequilibrio con la causa del desequilibrio”, afirmó.
Inversión, productividad y crecimiento: la propuesta para recuperar el poder adquisitivo
Ades también cuestionó la interpretación de que la Argentina atravesaba anteriormente una etapa de mayor riqueza que se habría perdido exclusivamente como consecuencia de las medidas económicas actuales.
“No es que antes éramos más ricos y ahora somos más pobres. Es que una buena parte de aquella prosperidad se financiaba consumiendo ingresos futuros y patrimonio acumulado”, sostuvo.
Desde esa perspectiva, el economista planteó que la recuperación sostenible del poder adquisitivo no debería depender de nuevos ciclos de endeudamiento ni de la utilización de activos acumulados, sino de una mejora de la capacidad productiva del país.
“El verdadero desafío no es volver a un nivel de vida financiado con deuda y consumo de activos, sino construir uno que podamos sostener con nuestros propios ingresos”, indicó.
Finalmente, identificó tres condiciones que considera fundamentales para alcanzar ese objetivo: mayor inversión, incremento de la productividad y crecimiento económico.
“Y eso requiere inversión, productividad y crecimiento. No hay atajos”, concluyó Ades, al sintetizar su postura sobre las condiciones necesarias para recuperar el nivel de vida de los argentinos sin reproducir los desequilibrios que atribuye a las políticas económicas anteriores.
El economista Alberto Ades, invitado por Javier Milei a una reunión de Gabinete, sostuvo que las dificultades de muchas familias para llegar a fin de mes responden, en parte, al fin de un modelo de consumo que considera insostenible. Atribuyó ese desequilibrio al endeudamiento, la emisión monetaria y el uso de activos estatales, aunque reconoció que el ajuste tiene costos desiguales.
La economía argentina acaba de incorporar una nueva explicación para ese fenómeno paranormal que ocurre cuando una familia abre la billetera el día 20 y encuentra menos recursos que en una expedición arqueológica: resulta que el problema podría ser haber vivido demasiado bien en el pasado. Alberto Ades, economista invitado por Javier Milei a una reunión de Gabinete, explicó que una parte del bienestar durante el kirchnerismo era insostenible. Una revelación que transforma los recuerdos de épocas mejores en una especie de delito financiero cometido contra el futuro.
Según su razonamiento, los subsidios, las transferencias estatales y el gasto financiado con deuda permitieron sostener un consumo superior al que la economía podía pagar. Traducido al idioma de la heladera: si antes había más productos adentro, quizás no era prosperidad, sino una ilusión macroeconómica con fecha de vencimiento. El problema es que la factura llegó, el mozo desapareció y ahora la discusión consiste en determinar quién pidió el postre.
Ades utilizó el ejemplo de una familia que se endeuda, consume sus ahorros y vende sus bienes para mantener su nivel de vida. Una comparación pedagógica que convierte la historia económica argentina en una sobremesa donde alguien descubre que la casa fue hipotecada para pagar la electricidad. La diferencia es que, en esta versión, quienes reciben la cuenta no necesariamente fueron quienes administraron las finanzas.
El economista también reconoció que el ajuste tiene costos y que no se distribuyen uniformemente. Un detalle importante, porque en la economía doméstica tampoco se distribuye uniformemente la capacidad de sobrevivir a las explicaciones económicas. Mientras algunos pueden debatir sobre productividad e inversión, otros deben resolver una cuestión bastante menos filosófica: qué gasto postergar para que el sueldo alcance.
La propuesta de Ades es construir un bienestar respaldado por ingresos genuinos, inversión y crecimiento. Una aspiración difícil de cuestionar, aunque deja pendiente el capítulo más esperado de esta serie nacional: cómo atravesar el presente mientras llega ese futuro sostenible. Porque la macroeconomía puede explicar con admirable precisión por qué se terminó la fiesta, pero todavía tiene dificultades para convencer a la cuenta de electricidad de que espere hasta que aumente la productividad.
