La Fiscalía Departamental de Santa Cruz ordenó este miércoles la captura del expresidente boliviano Evo Morales por su presunta participación en las protestas y bloqueos de carreteras desarrollados entre mayo y junio para exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
La orden fue emitida por el fiscal Brayan Melgar e incluye acusaciones por terrorismo y alzamiento armado contra la seguridad y soberanía del Estado. También le atribuye los presuntos delitos de atentado contra la seguridad de los medios de transporte, asociación delictuosa, instigación pública a delinquir y atentado contra la seguridad de los servicios públicos.
Morales reaccionó mediante una publicación en la red social X. «Hoy el Gobierno emite una nueva orden de aprehensión en mi contra, acusándome de supuestos delitos de terrorismo y alzamiento armado», escribió.
El exmandatario acusó al gobierno de Paz de intentar responsabilizarlo «de las movilizaciones sociales para ocultar el verdadero drama que vive Bolivia: una profunda crisis económica y social, fruto de un modelo que ha abandonado al pueblo y protege la corrupción».
«No nos van a intimidar. Seguiremos luchando junto al pueblo, como lo hemos hecho siempre, con la convicción de que Bolivia merece un camino distinto», agregó.
Los bloqueos que paralizaron Bolivia
Durante alrededor de siete semanas, organizaciones campesinas de La Paz, sectores de la Central Obrera Boliviana y agrupaciones vinculadas con Morales impulsaron bloqueos en diferentes regiones, principalmente en el occidente y el centro del país. Una de las principales exigencias fue la renuncia del presidente Paz.
Los cortes provocaron desabastecimiento de alimentos, combustibles y oxígeno medicinal en varias ciudades. Los balances difundidos sobre las víctimas no son uniformes: algunos reportes contabilizaron al menos 16 fallecidos, mientras otros elevaron el saldo a 22. Las pérdidas económicas fueron estimadas en más de US$3.000 millones.
La denuncia fue presentada a principios de julio por dirigentes cívicos de Santa Cruz y posteriormente recibió la adhesión del Ministerio de Gobierno. La investigación también alcanza al dirigente de la Central Obrera Boliviana, Mario Argollo, y al líder campesino Vicente Salazar.
Salazar permanece detenido preventivamente desde el 6 de julio por otra investigación relacionada con los bloqueos. Las autoridades lo señalaron como uno de los principales organizadores de los cortes registrados en el occidente boliviano.
Morales niega haber promovido la salida de Paz y sostiene que las movilizaciones reclamaban respuestas a las demandas económicas y sociales. Sin embargo, el 24 de mayo publicó que el mandatario tenía solo «dos caminos» frente al conflicto: «militarizar» el país o convocar a elecciones dentro de los siguientes 90 días.
Después de alcanzar acuerdos con sectores como la Central Obrera Boliviana, Paz decretó el 20 de junio el estado de excepción. La Policía y el Ejército fueron desplegados en las carreteras para retirar los obstáculos y restablecer la circulación.
Las otras órdenes contra Morales
La nueva acusación se suma a los procesos que Morales ya enfrenta por una causa de trata agravada de personas. El expresidente está investigado por su presunta relación con una menor de edad, con quien supuestamente tuvo una hija durante su mandato en 2016.
En mayo, un tribunal de Tarija declaró a Morales en rebeldía después de que no se presentara al inicio del juicio y dispuso nuevos mandamientos de aprehensión y arraigo. La Fiscalía confirmó posteriormente que la acusación formal y la orden de captura continuaban vigentes.
Morales permanece desde octubre de 2024 en el Trópico de Cochabamba, su principal bastión político y sindical. Allí se encuentra custodiado por numerosos seguidores que buscan impedir que las fuerzas de seguridad concreten su detención.
La Policía boliviana sostiene que evaluará las condiciones y el momento adecuado para ejecutar las órdenes pendientes, mientras la nueva investigación por los bloqueos continúa bajo la conducción de la Fiscalía de Santa Cruz.
La Fiscalía de Santa Cruz ordenó la captura del expresidente boliviano Evo Morales por su presunta participación en las protestas y bloqueos registrados entre mayo y junio. Está acusado de terrorismo, alzamiento armado y otros cuatro delitos. Morales rechazó las acusaciones, denunció una persecución política y aseguró que continuará en la lucha junto con sus seguidores.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La política boliviana volvió a ingresar en esa zona donde una orden de captura parece menos un documento judicial que el nuevo capítulo de una serie cuyos guionistas decidieron eliminar cualquier límite de dramatismo. Evo Morales, refugiado en su bastión del Trópico de Cochabamba y rodeado por seguidores, recibió otra acusación penal, porque aparentemente su expediente todavía conservaba espacio para agregar terrorismo, alzamiento armado y cuatro delitos adicionales.
La Fiscalía sostiene que el expresidente tuvo participación en los bloqueos que paralizaron rutas durante casi dos meses. Morales responde que todo es una maniobra destinada a ocultar la crisis económica. Entre ambas posiciones queda Bolivia, obligada a contemplar cómo sus dirigentes intercambian acusaciones mientras los alimentos, el combustible y el oxígeno medicinal intentan atravesar una carretera convertida en tablero de negociación política.
La orden deberá ser ejecutada por una Policía que lleva tiempo explicando que espera el momento adecuado para detener al exmandatario. Ese momento, por ahora, parece tener la precisión horaria de una reunión anunciada como “a confirmar”: existe, llegará en algún punto y nadie quiere ser la persona encargada de fijarlo en el calendario frente a centenares de simpatizantes.
Morales aseguró que no será intimidado y prometió continuar su lucha. El Gobierno, mientras tanto, suma denuncias, despliegues y estados de excepción. Así, la crisis boliviana avanza con la eficacia de una puerta giratoria: todos se mueven, todos regresan al mismo lugar y el país paga la electricidad.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La Fiscalía Departamental de Santa Cruz ordenó este miércoles la captura del expresidente boliviano Evo Morales por su presunta participación en las protestas y bloqueos de carreteras desarrollados entre mayo y junio para exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
La orden fue emitida por el fiscal Brayan Melgar e incluye acusaciones por terrorismo y alzamiento armado contra la seguridad y soberanía del Estado. También le atribuye los presuntos delitos de atentado contra la seguridad de los medios de transporte, asociación delictuosa, instigación pública a delinquir y atentado contra la seguridad de los servicios públicos.
Morales reaccionó mediante una publicación en la red social X. «Hoy el Gobierno emite una nueva orden de aprehensión en mi contra, acusándome de supuestos delitos de terrorismo y alzamiento armado», escribió.
El exmandatario acusó al gobierno de Paz de intentar responsabilizarlo «de las movilizaciones sociales para ocultar el verdadero drama que vive Bolivia: una profunda crisis económica y social, fruto de un modelo que ha abandonado al pueblo y protege la corrupción».
«No nos van a intimidar. Seguiremos luchando junto al pueblo, como lo hemos hecho siempre, con la convicción de que Bolivia merece un camino distinto», agregó.
Los bloqueos que paralizaron Bolivia
Durante alrededor de siete semanas, organizaciones campesinas de La Paz, sectores de la Central Obrera Boliviana y agrupaciones vinculadas con Morales impulsaron bloqueos en diferentes regiones, principalmente en el occidente y el centro del país. Una de las principales exigencias fue la renuncia del presidente Paz.
Los cortes provocaron desabastecimiento de alimentos, combustibles y oxígeno medicinal en varias ciudades. Los balances difundidos sobre las víctimas no son uniformes: algunos reportes contabilizaron al menos 16 fallecidos, mientras otros elevaron el saldo a 22. Las pérdidas económicas fueron estimadas en más de US$3.000 millones.
La denuncia fue presentada a principios de julio por dirigentes cívicos de Santa Cruz y posteriormente recibió la adhesión del Ministerio de Gobierno. La investigación también alcanza al dirigente de la Central Obrera Boliviana, Mario Argollo, y al líder campesino Vicente Salazar.
Salazar permanece detenido preventivamente desde el 6 de julio por otra investigación relacionada con los bloqueos. Las autoridades lo señalaron como uno de los principales organizadores de los cortes registrados en el occidente boliviano.
Morales niega haber promovido la salida de Paz y sostiene que las movilizaciones reclamaban respuestas a las demandas económicas y sociales. Sin embargo, el 24 de mayo publicó que el mandatario tenía solo «dos caminos» frente al conflicto: «militarizar» el país o convocar a elecciones dentro de los siguientes 90 días.
Después de alcanzar acuerdos con sectores como la Central Obrera Boliviana, Paz decretó el 20 de junio el estado de excepción. La Policía y el Ejército fueron desplegados en las carreteras para retirar los obstáculos y restablecer la circulación.
Las otras órdenes contra Morales
La nueva acusación se suma a los procesos que Morales ya enfrenta por una causa de trata agravada de personas. El expresidente está investigado por su presunta relación con una menor de edad, con quien supuestamente tuvo una hija durante su mandato en 2016.
En mayo, un tribunal de Tarija declaró a Morales en rebeldía después de que no se presentara al inicio del juicio y dispuso nuevos mandamientos de aprehensión y arraigo. La Fiscalía confirmó posteriormente que la acusación formal y la orden de captura continuaban vigentes.
Morales permanece desde octubre de 2024 en el Trópico de Cochabamba, su principal bastión político y sindical. Allí se encuentra custodiado por numerosos seguidores que buscan impedir que las fuerzas de seguridad concreten su detención.
La Policía boliviana sostiene que evaluará las condiciones y el momento adecuado para ejecutar las órdenes pendientes, mientras la nueva investigación por los bloqueos continúa bajo la conducción de la Fiscalía de Santa Cruz.
La Fiscalía de Santa Cruz ordenó la captura del expresidente boliviano Evo Morales por su presunta participación en las protestas y bloqueos registrados entre mayo y junio. Está acusado de terrorismo, alzamiento armado y otros cuatro delitos. Morales rechazó las acusaciones, denunció una persecución política y aseguró que continuará en la lucha junto con sus seguidores.
La política boliviana volvió a ingresar en esa zona donde una orden de captura parece menos un documento judicial que el nuevo capítulo de una serie cuyos guionistas decidieron eliminar cualquier límite de dramatismo. Evo Morales, refugiado en su bastión del Trópico de Cochabamba y rodeado por seguidores, recibió otra acusación penal, porque aparentemente su expediente todavía conservaba espacio para agregar terrorismo, alzamiento armado y cuatro delitos adicionales.
La Fiscalía sostiene que el expresidente tuvo participación en los bloqueos que paralizaron rutas durante casi dos meses. Morales responde que todo es una maniobra destinada a ocultar la crisis económica. Entre ambas posiciones queda Bolivia, obligada a contemplar cómo sus dirigentes intercambian acusaciones mientras los alimentos, el combustible y el oxígeno medicinal intentan atravesar una carretera convertida en tablero de negociación política.
La orden deberá ser ejecutada por una Policía que lleva tiempo explicando que espera el momento adecuado para detener al exmandatario. Ese momento, por ahora, parece tener la precisión horaria de una reunión anunciada como “a confirmar”: existe, llegará en algún punto y nadie quiere ser la persona encargada de fijarlo en el calendario frente a centenares de simpatizantes.
Morales aseguró que no será intimidado y prometió continuar su lucha. El Gobierno, mientras tanto, suma denuncias, despliegues y estados de excepción. Así, la crisis boliviana avanza con la eficacia de una puerta giratoria: todos se mueven, todos regresan al mismo lugar y el país paga la electricidad.