Las elecciones presidenciales de Brasil, que dejaron a Flávio Bolsonaro en primer lugar con el 47,03% de los votos y a Lula da Silva en segundo lugar con el 45,16%, quedaron seguidas por la apertura de un procedimiento de la Policía Federal para investigar una posible injerencia de Estados Unidos en los comicios.
Según trascendió en medios brasileños, sectores del Tribunal Superior Electoral y del Supremo Tribunal Federal, además de operadores políticos vinculados a la campaña de Bolsonaro, observan con desconfianza la apertura de la investigación.
Dentro de esas sospechas aparece como hipótesis que el procedimiento haya sido articulado entre la Procuraduría General de la Unión y el ministro Flávio Dino.
Hasta el momento, no existe una prueba pública de que el Gobierno de Estados Unidos haya intervenido en la elección brasileña.
Cómo se originó la investigación por posible injerencia
El expediente tuvo origen en un informe publicado por el diario británico The Guardian, según el cual la administración de Donald Trump habría destinado US$1 millón a organizaciones de la sociedad civil brasileña críticas de lo que consideran abusos de poder judicial y censura por parte del Supremo Tribunal Federal.
La denuncia fue presentada ante la Procuraduría General de la República y la Policía Federal por el procurador general de la Unión, Jorge Messias.
A partir de esa presentación, el director general de la Policía Federal, Andrei Rodrigues, confirmó el inicio de un “procedimiento preliminar” para determinar si existió algún intento de interferencia externa.
Sin embargo, el presidente del Tribunal Superior Electoral, Kassio Nunes Marques, buscó bajar el tono pocas horas después del anuncio.
El magistrado sostuvo que no existe “ningún indicio” de injerencia externa y aseguró que los equipos encargados de monitorear riesgos internacionales no detectaron amenazas vinculadas con las elecciones.
La otra investigación que alcanza a Flávio Bolsonaro
En paralelo, Flávio Bolsonaro es investigado desde julio por la Policía Federal por presuntos delitos de corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas vinculados con el financiamiento de la película Dark Horse, una producción todavía no estrenada sobre la vida de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.
La investigación fue autorizada por el ministro del STF André Mendonça y permaneció bajo secreto hasta septiembre, cuando comenzaron a conocerse detalles vinculados con la causa del Banco Master.
El antiguo controlador de esa entidad, Daniel Vorcaro, se encuentra detenido en el marco de un amplio esquema de fraude financiero.
El nombre de Vorcaro aparece en la investigación debido a que Flávio Bolsonaro reconoció haberle solicitado dinero para finalizar la película.
En mayo también se conocieron audios en los que el senador reclamaba al banquero que acelerara los pagos destinados a la producción.
Según la información difundida por medios brasileños, el acuerdo habría rondado los 24 millones de dólares y al menos 61 millones de reales habrían sido entregados.
La Policía Federal intenta determinar qué ocurrió con esos fondos, si fueron utilizados efectivamente para financiar la película y si parte del dinero terminó en cuentas o estructuras financieras radicadas en Estados Unidos.
Flávio Bolsonaro niega haber cometido irregularidades y sostiene que se trató de “un hijo buscando patrocinio privado para una película privada sobre la historia de su propio padre”, sin utilización de fondos públicos.
Tras la primera vuelta presidencial en Brasil, que dejó a Flávio Bolsonaro con 47,03% y a Lula da Silva con 45,16%, la Policía Federal abrió un procedimiento preliminar para investigar una posible injerencia de Estados Unidos. Hasta el momento, no existen pruebas públicas de interferencia externa y el presidente del TSE afirmó que no hay indicios concretos.
Brasil terminó de contar los votos y, casi sin darle tiempo al país para procesar el resultado, ya apareció una investigación por posible injerencia extranjera. Flávio Bolsonaro quedó primero con 47,03%, Lula da Silva segundo con 45,16% y la Policía Federal abrió un procedimiento preliminar para revisar si Estados Unidos metió alguna ficha en el tablero. Porque aparentemente una elección cerrada no era suficiente dosis de tensión institucional para una sola semana.
El expediente nació a partir de una publicación de The Guardian que habló de un millón de dólares destinado por la administración de Donald Trump a organizaciones brasileñas críticas del Supremo Tribunal Federal. Por ahora, sin embargo, no hay una prueba pública de que Washington haya intervenido efectivamente en los comicios. Es decir, hay investigación, sospechas, ruido político y suficientes protagonistas como para llenar varias temporadas, pero todavía falta lo principal: evidencia concreta.
El presidente del Tribunal Superior Electoral salió rápido a enfriar el clima y aseguró que no existe “ningún indicio” de injerencia externa. Una aclaración importante, aunque bastante menos explosiva que la palabra “interferencia”, que siempre logra correr más rápido que cualquier desmentida. Mientras tanto, distintos sectores judiciales y políticos miran con desconfianza el origen del procedimiento y sospechan de una articulación institucional detrás de la apertura de la causa.
Como si el panorama necesitara otra capa, Flávio Bolsonaro también enfrenta una investigación por presuntos delitos vinculados al financiamiento de una película sobre su padre. Así, el candidato que quedó primero en la elección pasó de celebrar el resultado a quedar rodeado por expedientes, audios, bancos y transferencias millonarias. La democracia brasileña, una vez más, decidió que una simple noche electoral era demasiado sencilla.