Un panel de expertos convocado por la Comisión Europea recomendó restringir el acceso de los menores de 13 años a las redes sociales y propuso que su utilización solo sea posible bajo la supervisión de sus padres, tutores o dentro del ámbito escolar. La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia para reforzar la protección de niños y adolescentes frente a los riesgos del entorno digital.
La recomendación fue presentada este lunes en Bruselas y llega luego de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmara que el organismo impulsará una propuesta legislativa sobre el uso de redes sociales por parte de menores tras el verano boreal.
Qué propone el informe de los expertos
El panel estuvo integrado por médicos, académicos, representantes juveniles y padres, quienes elaboraron una serie de recomendaciones para establecer pautas de uso según la edad.
Entre las principales sugerencias, el informe plantea que los bebés y los niños pequeños no deberían estar expuestos a las pantallas. Para los menores de entre 3 y 12 años, propone que solo puedan utilizar dispositivos y redes sociales adaptados a su edad y siempre bajo la supervisión de un adulto.
En el caso de los adolescentes de entre 13 y 18 años, los especialistas consideran que el uso puede ser progresivamente más autónomo, siempre que las plataformas incorporen herramientas de seguridad y protección adecuadas para ese grupo etario.
El mensaje de Ursula von der Leyen
Durante la presentación del informe, Von der Leyen respaldó la necesidad de implementar restricciones acordes a la edad de manera gradual y destacó la importancia de preservar el desarrollo social de los menores fuera del entorno digital.
«Nuestros hijos necesitan tiempo en el mundo real. Tiempo para jugar, tiempo para forjar amistades, tiempo para cometer errores. Tiempo para moldear su propia identidad, su propia personalidad, antes de que un algoritmo los moldee«, expresó la presidenta de la Comisión Europea.
Además, dejó una de las frases centrales del debate: «No se trata de si los niños pueden acceder a las redes sociales, sino de si las redes sociales pueden acceder a nuestros hijos y cuándo«.
Australia, el antecedente que observa Europa
El informe señala que varios países europeos, entre ellos Alemania, ya analizan la posibilidad de establecer límites de edad para el acceso a las redes sociales. Sin embargo, los expertos sostienen que una regulación común a nivel de la Unión Europea sería más efectiva, ya que permitiría aplicar criterios uniformes sobre las grandes plataformas digitales.
Von der Leyen mencionó el caso de Australia, que a finales de 2025 se convirtió en el primer país en establecer un límite de edad para el acceso a las redes sociales. No obstante, la eficacia de esa medida continúa siendo objeto de análisis y debate.
La presión sobre las grandes plataformas
Aunque empresas como Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, ya están sujetas a las obligaciones previstas por la Ley de Servicios Digitales (DSA), los especialistas consideran que las normas vigentes deben aplicarse con mayor rigor.
En ese contexto, la Comisión Europea concluyó la semana pasada que Meta incumplió la DSA debido al diseño adictivo de sus plataformas y al perjuicio que esas características pueden generar en los usuarios, especialmente entre niños y adolescentes.
Un panel de expertos de la Unión Europea recomendó restringir el acceso a las redes sociales para menores de 13 años y propuso que solo puedan utilizarlas bajo supervisión de sus padres o en el ámbito escolar. La iniciativa será analizada por la Comisión Europea, que prepara una propuesta legislativa para reforzar la protección de niños y adolescentes en el entorno digital.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Durante años los adultos repitieron aquello de «dejá el teléfono y salí a jugar», pero el algoritmo siempre contestó más rápido. Ahora la Unión Europea decidió intervenir en una de las batallas más desiguales del siglo XXI: un grupo de padres intentando competir contra una pantalla diseñada por miles de ingenieros cuya misión consiste, precisamente, en que nadie quiera soltarla. No es una pelea sencilla. Es como pedirle a un gato que ignore una caja de cartón, pero con millones de dólares en inteligencia artificial de por medio.
La conclusión de los expertos suena casi revolucionaria por lo obvia: los chicos necesitan tiempo para ser chicos. Una afirmación que, en otra época, habría ocupado una sola línea y hoy requiere informes técnicos, médicos, académicos y varias decenas de páginas para convencer a una sociedad que naturalizó que un niño conozca antes el algoritmo de una red social que el nombre del vecino de la esquina. La tecnología prometía acercarnos y terminó logrando que una comida familiar se parezca más a una sala de espera con Wi-Fi.
Ursula von der Leyen resumió el problema con una frase difícil de discutir: la cuestión no es si los chicos pueden entrar a las redes sociales, sino cuándo las redes sociales entran en la vida de los chicos. Ahí aparece el verdadero protagonista de esta historia: el algoritmo, esa criatura invisible que nunca duerme, nunca pestañea y siempre sabe cuál será el próximo video capaz de retener cinco segundos más de atención. Si existiera una Copa del Mundo de insistencia, el algoritmo levantaría el trofeo todos los años sin necesidad de definición por penales.
Mientras tanto, Europa empieza a preguntarse si hace falta ponerle límites a un ecosistema digital que aprendió a capturar tiempo con una eficacia asombrosa. Australia ya ensayó ese camino y ahora Bruselas quiere debatir reglas comunes para todo el bloque. No porque las redes sociales sean el enemigo, sino porque incluso la mejor herramienta deja de serlo cuando reemplaza los recreos, las conversaciones cara a cara y el derecho de equivocarse sin que un sistema de recomendaciones convierta cada error en contenido infinito. Tal vez el mayor desafío de esta generación no sea enseñarles a los chicos cómo usar internet, sino recordarles —y recordarnos— que afuera de la pantalla sigue existiendo un mundo donde el botón de «actualizar» se llama simplemente salir a la calle.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Un panel de expertos convocado por la Comisión Europea recomendó restringir el acceso de los menores de 13 años a las redes sociales y propuso que su utilización solo sea posible bajo la supervisión de sus padres, tutores o dentro del ámbito escolar. La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia para reforzar la protección de niños y adolescentes frente a los riesgos del entorno digital.
La recomendación fue presentada este lunes en Bruselas y llega luego de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmara que el organismo impulsará una propuesta legislativa sobre el uso de redes sociales por parte de menores tras el verano boreal.
Qué propone el informe de los expertos
El panel estuvo integrado por médicos, académicos, representantes juveniles y padres, quienes elaboraron una serie de recomendaciones para establecer pautas de uso según la edad.
Entre las principales sugerencias, el informe plantea que los bebés y los niños pequeños no deberían estar expuestos a las pantallas. Para los menores de entre 3 y 12 años, propone que solo puedan utilizar dispositivos y redes sociales adaptados a su edad y siempre bajo la supervisión de un adulto.
En el caso de los adolescentes de entre 13 y 18 años, los especialistas consideran que el uso puede ser progresivamente más autónomo, siempre que las plataformas incorporen herramientas de seguridad y protección adecuadas para ese grupo etario.
El mensaje de Ursula von der Leyen
Durante la presentación del informe, Von der Leyen respaldó la necesidad de implementar restricciones acordes a la edad de manera gradual y destacó la importancia de preservar el desarrollo social de los menores fuera del entorno digital.
«Nuestros hijos necesitan tiempo en el mundo real. Tiempo para jugar, tiempo para forjar amistades, tiempo para cometer errores. Tiempo para moldear su propia identidad, su propia personalidad, antes de que un algoritmo los moldee«, expresó la presidenta de la Comisión Europea.
Además, dejó una de las frases centrales del debate: «No se trata de si los niños pueden acceder a las redes sociales, sino de si las redes sociales pueden acceder a nuestros hijos y cuándo«.
Australia, el antecedente que observa Europa
El informe señala que varios países europeos, entre ellos Alemania, ya analizan la posibilidad de establecer límites de edad para el acceso a las redes sociales. Sin embargo, los expertos sostienen que una regulación común a nivel de la Unión Europea sería más efectiva, ya que permitiría aplicar criterios uniformes sobre las grandes plataformas digitales.
Von der Leyen mencionó el caso de Australia, que a finales de 2025 se convirtió en el primer país en establecer un límite de edad para el acceso a las redes sociales. No obstante, la eficacia de esa medida continúa siendo objeto de análisis y debate.
La presión sobre las grandes plataformas
Aunque empresas como Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, ya están sujetas a las obligaciones previstas por la Ley de Servicios Digitales (DSA), los especialistas consideran que las normas vigentes deben aplicarse con mayor rigor.
En ese contexto, la Comisión Europea concluyó la semana pasada que Meta incumplió la DSA debido al diseño adictivo de sus plataformas y al perjuicio que esas características pueden generar en los usuarios, especialmente entre niños y adolescentes.
Un panel de expertos de la Unión Europea recomendó restringir el acceso a las redes sociales para menores de 13 años y propuso que solo puedan utilizarlas bajo supervisión de sus padres o en el ámbito escolar. La iniciativa será analizada por la Comisión Europea, que prepara una propuesta legislativa para reforzar la protección de niños y adolescentes en el entorno digital.
Durante años los adultos repitieron aquello de «dejá el teléfono y salí a jugar», pero el algoritmo siempre contestó más rápido. Ahora la Unión Europea decidió intervenir en una de las batallas más desiguales del siglo XXI: un grupo de padres intentando competir contra una pantalla diseñada por miles de ingenieros cuya misión consiste, precisamente, en que nadie quiera soltarla. No es una pelea sencilla. Es como pedirle a un gato que ignore una caja de cartón, pero con millones de dólares en inteligencia artificial de por medio.
La conclusión de los expertos suena casi revolucionaria por lo obvia: los chicos necesitan tiempo para ser chicos. Una afirmación que, en otra época, habría ocupado una sola línea y hoy requiere informes técnicos, médicos, académicos y varias decenas de páginas para convencer a una sociedad que naturalizó que un niño conozca antes el algoritmo de una red social que el nombre del vecino de la esquina. La tecnología prometía acercarnos y terminó logrando que una comida familiar se parezca más a una sala de espera con Wi-Fi.
Ursula von der Leyen resumió el problema con una frase difícil de discutir: la cuestión no es si los chicos pueden entrar a las redes sociales, sino cuándo las redes sociales entran en la vida de los chicos. Ahí aparece el verdadero protagonista de esta historia: el algoritmo, esa criatura invisible que nunca duerme, nunca pestañea y siempre sabe cuál será el próximo video capaz de retener cinco segundos más de atención. Si existiera una Copa del Mundo de insistencia, el algoritmo levantaría el trofeo todos los años sin necesidad de definición por penales.
Mientras tanto, Europa empieza a preguntarse si hace falta ponerle límites a un ecosistema digital que aprendió a capturar tiempo con una eficacia asombrosa. Australia ya ensayó ese camino y ahora Bruselas quiere debatir reglas comunes para todo el bloque. No porque las redes sociales sean el enemigo, sino porque incluso la mejor herramienta deja de serlo cuando reemplaza los recreos, las conversaciones cara a cara y el derecho de equivocarse sin que un sistema de recomendaciones convierta cada error en contenido infinito. Tal vez el mayor desafío de esta generación no sea enseñarles a los chicos cómo usar internet, sino recordarles —y recordarnos— que afuera de la pantalla sigue existiendo un mundo donde el botón de «actualizar» se llama simplemente salir a la calle.