Dos personas denunciaron estafas por sumas millonarias en distintas localidades de La Rioja. Los hechos ocurrieron en Chilecito y Aimogasta y, aunque tuvieron modalidades diferentes, provocaron importantes pérdidas económicas para las víctimas.
El primer caso se registró en Chilecito, donde un joven de 26 años denunció haber sido víctima de consumos fraudulentos después de perder su billetera.
Según relató, había viajado desde Córdoba y posteriormente advirtió que ya no tenía la billetera, en la que llevaba documentación personal y tarjetas bancarias.
Pocas horas después recibió una notificación por correo electrónico que advertía sobre una compra por $3.216.000 realizada en 12 cuotas con su tarjeta de crédito.
La operación fue efectuada antes de que el joven pudiera realizar el bloqueo de la cuenta y evitar nuevos movimientos.
Una falsa entrega de computadoras terminó en una estafa millonaria
El segundo episodio ocurrió en Aimogasta y tuvo como víctima a una jubilada de 76 años.
La mujer ingresó a un enlace promocional publicado en redes sociales que prometía el acceso a un supuesto programa estatal para la entrega gratuita de computadoras.
Después de acceder al sitio, fue contactada mediante una videollamada por personas que comenzaron a darle indicaciones para ingresar a sus aplicaciones bancarias y correos electrónicos.
Mediante ese engaño, los estafadores consiguieron gestionar un crédito por más de $5 millones a nombre de la víctima.
Posteriormente realizaron distintas transferencias hacia cuentas de terceros por un total de $3.200.000, antes de que la jubilada pudiera advertir que estaba siendo víctima de una maniobra fraudulenta.
Buscan identificar a los responsables
En ambos casos intervino personal policial e investigativo, que inició las actuaciones correspondientes para intentar identificar a los autores.
Las tareas también incluyen el rastreo de las operaciones financieras y de las cuentas utilizadas para recibir el dinero, con el objetivo de reconstruir las maniobras y determinar el paradero de los responsables.
Dos personas fueron víctimas de estafas millonarias en La Rioja mediante modalidades diferentes. En Chilecito, un joven de 26 años denunció una compra por $3.216.000 realizada con una tarjeta que había perdido, mientras que en Aimogasta una jubilada de 76 años sufrió transferencias por $3.200.000 tras ser engañada con una falsa promoción estatal.
Las estafas volvieron a demostrar que no necesitan una infraestructura digna de una película de espionaje para generar un desastre financiero. A veces alcanza una billetera extraviada; otras, un enlace atractivo en redes sociales y una videollamada suficientemente convincente. En La Rioja, dos víctimas terminaron enfrentando pérdidas millonarias por caminos distintos, pero con el mismo resultado: alguien del otro lado consiguió manejar dinero ajeno con una facilidad que ningún banco promocionaría en sus campañas.
En Chilecito, un joven de 26 años regresó desde Córdoba y descubrió que había perdido su billetera junto con documentación y tarjetas. Antes de conseguir bloquearlas, recibió un correo electrónico que informaba una compra por $3.216.000 en 12 cuotas. Es decir, no solamente apareció un consumo que jamás había realizado, sino también un plan de financiación completo para recordar mensualmente que alguien había encontrado su plástico antes que él.
En Aimogasta, una jubilada de 76 años cayó en una maniobra todavía más elaborada. Todo comenzó con una supuesta promoción estatal para recibir una computadora gratis. Después llegaron una videollamada, instrucciones para ingresar a aplicaciones bancarias y correos electrónicos y, finalmente, un crédito superior a los $5 millones gestionado a su nombre. Los delincuentes alcanzaron a transferir $3.200.000 hacia distintas cuentas antes de que la mujer descubriera el engaño.
Ahora la investigación deberá seguir el recorrido digital del dinero e identificar a los responsables. Dos modalidades, dos víctimas y millones de pesos en juego dejaron una advertencia bastante concreta: en tiempos de operaciones bancarias instantáneas, los delincuentes ya no necesitan entrar por una ventana. A veces solamente necesitan que alguien abra un enlace.