Facundo Leal atraviesa una indiferencia que hasta hace algunos meses parecía impensada. En distintos ámbitos que frecuentaba, varios aseguran desconocerlo, pese al alto perfil que supo tener y a sus vínculos sociales, políticos y empresariales. El hombre está detenido y acusado por la Justicia federal por delitos graves que habría cometido mientras se desempeñaba como funcionario público nacional, en cargos dentro de ARSAT y también en el organismo que controla los aeropuertos.
Leal ostentaba riqueza y contactos, pero ahora muchos dicen no recordarlo. La situación se repite incluso en espacios que frecuentaba con asiduidad, como las exposiciones de caballos criollos, una de sus pasiones y también uno de sus negocios más visibles. Algo similar ocurre en el Estado mendocino, pese a que fue recaudador fiscal de ATM, de varios municipios y de la empresa de aguas. Tampoco lo recuerdan en el peronismo, aunque desde joven estuvo cerca de ese partido político.
Una investigación que empezó por un robo y se multiplicó
Leal comenzó a ser investigado a partir de un robo en la empresa ARSAT, que conducía. La pesquisa derivó luego en una denuncia de “corrupción clásica” en el Estado, vinculada a presuntas licitaciones arregladas y contrataciones directas. Tras los allanamientos realizados, el expediente se amplió más de lo previsto y hoy el caso tiene derivaciones en tres causas radicadas en tres tribunales distintos.
La investigación también apunta a su paso por la ANAC, organismo que por entonces era dirigido por Rodolfo Gabrielli. En esa relación aparece un dato clave: Facundo Leal creció políticamente de la mano del exgobernador de Mendoza, quien lo llevó a distintos organismos bajo su conducción, principalmente a ARSAT.
LegalSat fue creada, según su razón social, como una empresa dedicada principalmente a las telecomunicaciones, los servicios aeronáuticos y la ingeniería. Se trata, justamente, de rubros en los que Leal desarrollaría su carrera dentro del Estado de la mano de Gabrielli. Sin embargo, su actividad más conocida fue y sigue siendo la cría de equinos de alto valor en dólares.
Los caballos de Leal están identificados bajo el nombre Azote, aunque no son los únicos vinculados a su entorno. LagalSat tiene domicilio real en Infanta de San Martín al 600, el mismo que el estudio jurídico de Facundo Leal. Ese domicilio también aparece registrado en otra de sus actividades con el Estado: el cobro de deudas de organismos públicos como la Administración Tributaria Mendoza.
Esa tarea la comparte con Eliana Verónica Gudiño, su esposa. Aunque están separados de hecho, el vínculo legal y comercial se mantiene. Ambos figuran como recaudadores de ATM, AYSAM, el Ministerio de Seguridad, Defensa del Consumidor y las municipalidades de Las Heras, Godoy Cruz, Capital y Maipú.
Los vínculos, los caballos y los antiguos conocidos
“Lo vendió”, explicó a un medio mendocino uno de los empleados de la cabaña al referirse al antiguo dueño. No hizo falta preguntar demasiado para que el hombre mencionara a Leal como el “fundador” y exdueño del emprendimiento. La empresa, creada para un fin y utilizada para la comercialización de caballos, es conocida en el ambiente.
En ese sector abundan las anécdotas sobre Leal. La actividad no era sólo un negocio, sino también una pasión para el exfuncionario, que en distintas oportunidades organizó eventos sociales y solía mostrarse en ese ámbito, donde también exhibía su posición económica.
El robo original que dio inicio a la investigación ocurrió en un depósito de ARSAT. A partir de ese episodio, que luego quedó relativizado frente a los hallazgos posteriores, se analizaron contrataciones realizadas a la empresa Argentina Logistic Services, conocida como ALS. Esa firma aparece dentro de la trama de contrataciones directas realizadas cuando la empresa estatal estaba en manos de la “banda de los mendocinos”.
La relevancia del caso es significativa porque ARSAT tiene a su cargo la mayor red de conectividad del país, con más de 35 mil kilómetros de fibra óptica. En las planillas analizadas figuran siete contrataciones directas de ARSAT con Argentina Logistic Service sólo durante 2022.
Ese año se realizaron cuatro contratos por US$ 1.384.914 y otros tres firmados en pesos por un total de $ 31.800.000. En un año y medio, entre noviembre de 2021 y marzo de 2023, casi el 50% de las contrataciones de ARSAT se hicieron sin licitación. Si se toma en cuenta el monto, el porcentaje crece: más del 60% del dinero se destinó a contrataciones directas, incluso en operaciones de montos elevados.
En total, se registraron US$ 31.999.645 en 225 contrataciones sin licitación y $ 4.290.862.041 facturados en pesos por empresas que también fueron contratadas de manera directa.
El patrimonio bajo la lupa judicial
El patrimonio de Leal también quedó bajo investigación. Según la acusación, habría crecido por encima de lo declarado ante la Oficina Anticorrupción. Por ese motivo, el exfuncionario también está acusado de enriquecimiento ilícito.
Entre los bienes señalados aparecen US$ 2,4 millones que no estaban declarados. Pero no es el único punto bajo análisis: también se le atribuyen caballos que pueden costar hasta US$ 50.000 cada uno, departamentos y otros bienes.
Además, se le atribuye un departamento en el lujoso edificio Harbour House, en la zona de Bal Harbour, en Miami. Ese lugar era frecuentado por Leal y sus familiares. Para la imagen del exfuncionario, el problema radica en que no era una persona asociada al bajo perfil: por el contrario, Leal y sus allegados son conocidos en Mendoza por la ostentación de riqueza.
Facundo Leal, exfuncionario nacional detenido e investigado por la Justicia federal, enfrenta causas vinculadas a presuntas irregularidades en ARSAT, contrataciones directas, enriquecimiento ilícito y bienes no declarados. La pesquisa comenzó por un robo en la empresa estatal y derivó en investigaciones en tres tribunales distintos.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Facundo Leal parece haber ingresado en esa zona misteriosa de la vida pública donde los contactos se evaporan con la velocidad de un expediente incómodo. Hasta hace no tanto, su nombre circulaba entre funcionarios, empresarios, exposiciones de caballos criollos y oficinas estatales con la naturalidad de quien había convertido el networking en deporte de alto rendimiento. Hoy, en cambio, varios dicen no recordarlo, como si la memoria institucional hubiera sufrido un corte programado de mantenimiento.
La escena tiene algo de tragicomedia administrativa: un hombre que, según la investigación judicial, habría ocupado lugares sensibles en ARSAT y en organismos vinculados al control aeroportuario, pasó de frecuentar ámbitos de poder a quedar rodeado por causas federales. La agenda social, esa que antes abría puertas con la suavidad de un conserje entrenado en diplomacia, ahora parece haberse transformado en una libreta escrita con tinta invisible.
El caso también tiene caballos, que en cualquier otro relato aportarían nobleza, campo y tradición. Acá, sin embargo, aparecen como parte de un decorado más complejo, donde la cría de equinos de alto valor en dólares convive con domicilios compartidos, vínculos comerciales, organismos públicos y una investigación que empezó por un robo y terminó corriendo más rápido que animal premiado en exposición. Si la Justicia buscaba una trama lineal, encontró una pista con barro, curvas y varios jinetes mirando para otro lado.
La presunta red de contrataciones directas en ARSAT suma otro ingrediente: números grandes, licitaciones ausentes y una empresa estatal encargada de una red clave de conectividad nacional. Es decir, no hablamos de una caja menor extraviada en una oficina, sino de una estructura donde, según los datos analizados, una porción importante del dinero habría circulado sin licitación. La burocracia argentina, siempre capaz de convertir un trámite en laberinto, esta vez parece haber elegido directamente saltear el mapa.
Mientras tanto, el patrimonio atribuido a Leal completa la postal: dólares no declarados, caballos de alto valor, departamentos y hasta un inmueble en una zona lujosa de Miami. La ostentación, dicen quienes lo conocieron, no era precisamente discreta. Y quizá allí radique una de las ironías más feroces del caso: cuando la fortuna se muestra demasiado, la memoria de los conocidos suele volverse extremadamente prudente.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Facundo Leal atraviesa una indiferencia que hasta hace algunos meses parecía impensada. En distintos ámbitos que frecuentaba, varios aseguran desconocerlo, pese al alto perfil que supo tener y a sus vínculos sociales, políticos y empresariales. El hombre está detenido y acusado por la Justicia federal por delitos graves que habría cometido mientras se desempeñaba como funcionario público nacional, en cargos dentro de ARSAT y también en el organismo que controla los aeropuertos.
Leal ostentaba riqueza y contactos, pero ahora muchos dicen no recordarlo. La situación se repite incluso en espacios que frecuentaba con asiduidad, como las exposiciones de caballos criollos, una de sus pasiones y también uno de sus negocios más visibles. Algo similar ocurre en el Estado mendocino, pese a que fue recaudador fiscal de ATM, de varios municipios y de la empresa de aguas. Tampoco lo recuerdan en el peronismo, aunque desde joven estuvo cerca de ese partido político.
Una investigación que empezó por un robo y se multiplicó
Leal comenzó a ser investigado a partir de un robo en la empresa ARSAT, que conducía. La pesquisa derivó luego en una denuncia de “corrupción clásica” en el Estado, vinculada a presuntas licitaciones arregladas y contrataciones directas. Tras los allanamientos realizados, el expediente se amplió más de lo previsto y hoy el caso tiene derivaciones en tres causas radicadas en tres tribunales distintos.
La investigación también apunta a su paso por la ANAC, organismo que por entonces era dirigido por Rodolfo Gabrielli. En esa relación aparece un dato clave: Facundo Leal creció políticamente de la mano del exgobernador de Mendoza, quien lo llevó a distintos organismos bajo su conducción, principalmente a ARSAT.
LegalSat fue creada, según su razón social, como una empresa dedicada principalmente a las telecomunicaciones, los servicios aeronáuticos y la ingeniería. Se trata, justamente, de rubros en los que Leal desarrollaría su carrera dentro del Estado de la mano de Gabrielli. Sin embargo, su actividad más conocida fue y sigue siendo la cría de equinos de alto valor en dólares.
Los caballos de Leal están identificados bajo el nombre Azote, aunque no son los únicos vinculados a su entorno. LagalSat tiene domicilio real en Infanta de San Martín al 600, el mismo que el estudio jurídico de Facundo Leal. Ese domicilio también aparece registrado en otra de sus actividades con el Estado: el cobro de deudas de organismos públicos como la Administración Tributaria Mendoza.
Esa tarea la comparte con Eliana Verónica Gudiño, su esposa. Aunque están separados de hecho, el vínculo legal y comercial se mantiene. Ambos figuran como recaudadores de ATM, AYSAM, el Ministerio de Seguridad, Defensa del Consumidor y las municipalidades de Las Heras, Godoy Cruz, Capital y Maipú.
Los vínculos, los caballos y los antiguos conocidos
“Lo vendió”, explicó a un medio mendocino uno de los empleados de la cabaña al referirse al antiguo dueño. No hizo falta preguntar demasiado para que el hombre mencionara a Leal como el “fundador” y exdueño del emprendimiento. La empresa, creada para un fin y utilizada para la comercialización de caballos, es conocida en el ambiente.
En ese sector abundan las anécdotas sobre Leal. La actividad no era sólo un negocio, sino también una pasión para el exfuncionario, que en distintas oportunidades organizó eventos sociales y solía mostrarse en ese ámbito, donde también exhibía su posición económica.
El robo original que dio inicio a la investigación ocurrió en un depósito de ARSAT. A partir de ese episodio, que luego quedó relativizado frente a los hallazgos posteriores, se analizaron contrataciones realizadas a la empresa Argentina Logistic Services, conocida como ALS. Esa firma aparece dentro de la trama de contrataciones directas realizadas cuando la empresa estatal estaba en manos de la “banda de los mendocinos”.
La relevancia del caso es significativa porque ARSAT tiene a su cargo la mayor red de conectividad del país, con más de 35 mil kilómetros de fibra óptica. En las planillas analizadas figuran siete contrataciones directas de ARSAT con Argentina Logistic Service sólo durante 2022.
Ese año se realizaron cuatro contratos por US$ 1.384.914 y otros tres firmados en pesos por un total de $ 31.800.000. En un año y medio, entre noviembre de 2021 y marzo de 2023, casi el 50% de las contrataciones de ARSAT se hicieron sin licitación. Si se toma en cuenta el monto, el porcentaje crece: más del 60% del dinero se destinó a contrataciones directas, incluso en operaciones de montos elevados.
En total, se registraron US$ 31.999.645 en 225 contrataciones sin licitación y $ 4.290.862.041 facturados en pesos por empresas que también fueron contratadas de manera directa.
El patrimonio bajo la lupa judicial
El patrimonio de Leal también quedó bajo investigación. Según la acusación, habría crecido por encima de lo declarado ante la Oficina Anticorrupción. Por ese motivo, el exfuncionario también está acusado de enriquecimiento ilícito.
Entre los bienes señalados aparecen US$ 2,4 millones que no estaban declarados. Pero no es el único punto bajo análisis: también se le atribuyen caballos que pueden costar hasta US$ 50.000 cada uno, departamentos y otros bienes.
Además, se le atribuye un departamento en el lujoso edificio Harbour House, en la zona de Bal Harbour, en Miami. Ese lugar era frecuentado por Leal y sus familiares. Para la imagen del exfuncionario, el problema radica en que no era una persona asociada al bajo perfil: por el contrario, Leal y sus allegados son conocidos en Mendoza por la ostentación de riqueza.
Facundo Leal, exfuncionario nacional detenido e investigado por la Justicia federal, enfrenta causas vinculadas a presuntas irregularidades en ARSAT, contrataciones directas, enriquecimiento ilícito y bienes no declarados. La pesquisa comenzó por un robo en la empresa estatal y derivó en investigaciones en tres tribunales distintos.
Facundo Leal parece haber ingresado en esa zona misteriosa de la vida pública donde los contactos se evaporan con la velocidad de un expediente incómodo. Hasta hace no tanto, su nombre circulaba entre funcionarios, empresarios, exposiciones de caballos criollos y oficinas estatales con la naturalidad de quien había convertido el networking en deporte de alto rendimiento. Hoy, en cambio, varios dicen no recordarlo, como si la memoria institucional hubiera sufrido un corte programado de mantenimiento.
La escena tiene algo de tragicomedia administrativa: un hombre que, según la investigación judicial, habría ocupado lugares sensibles en ARSAT y en organismos vinculados al control aeroportuario, pasó de frecuentar ámbitos de poder a quedar rodeado por causas federales. La agenda social, esa que antes abría puertas con la suavidad de un conserje entrenado en diplomacia, ahora parece haberse transformado en una libreta escrita con tinta invisible.
El caso también tiene caballos, que en cualquier otro relato aportarían nobleza, campo y tradición. Acá, sin embargo, aparecen como parte de un decorado más complejo, donde la cría de equinos de alto valor en dólares convive con domicilios compartidos, vínculos comerciales, organismos públicos y una investigación que empezó por un robo y terminó corriendo más rápido que animal premiado en exposición. Si la Justicia buscaba una trama lineal, encontró una pista con barro, curvas y varios jinetes mirando para otro lado.
La presunta red de contrataciones directas en ARSAT suma otro ingrediente: números grandes, licitaciones ausentes y una empresa estatal encargada de una red clave de conectividad nacional. Es decir, no hablamos de una caja menor extraviada en una oficina, sino de una estructura donde, según los datos analizados, una porción importante del dinero habría circulado sin licitación. La burocracia argentina, siempre capaz de convertir un trámite en laberinto, esta vez parece haber elegido directamente saltear el mapa.
Mientras tanto, el patrimonio atribuido a Leal completa la postal: dólares no declarados, caballos de alto valor, departamentos y hasta un inmueble en una zona lujosa de Miami. La ostentación, dicen quienes lo conocieron, no era precisamente discreta. Y quizá allí radique una de las ironías más feroces del caso: cuando la fortuna se muestra demasiado, la memoria de los conocidos suele volverse extremadamente prudente.