El sistema cloacal del Gran Mendoza atraviesa una situación crítica que derivó en desbordes de líquidos cloacales con epicentro en la zona de Los Corralitos, en el departamento de Guaymallén. La problemática expone un deterioro estructural acumulado durante décadas, marcado por falta de inversiones sostenidas, obras inconclusas y una red que hoy se encuentra sobrecargada.
Para comprender el origen del colapso es necesario remontarse a años atrás, cuando se impulsaron proyectos de modernización del sistema cloacal que no lograron completarse en tiempo y forma o quedaron sujetos a interrupciones de financiamiento.
La promesa de la mayor cobertura cloacal
En 2017, durante la primera gestión del gobernador Alfredo Cornejo, se firmó un convenio para ampliar la planta depuradora El Paramillo y construir el colector Boedo-Ponce, destinado a transportar efluentes de aproximadamente 480.000 personas del Gran Mendoza.
El colector se extiende desde la intersección de calle Terrada y Boedo, en Luján de Cuyo, hasta su empalme con la colectora Máxima Noreste en la zona de Severo del Castillo y 2 de Mayo, área donde actualmente se registra el epicentro de los desbordes cloacales. La obra fue finalizada en 2021.
En aquel momento, el entonces gobernador aseguró que Mendoza podría alcanzar el 100% de cobertura cloacal y de agua potable en zonas urbanas hacia el final de su mandato. “Nos enorgullece que Mendoza vaya a tener la mayor cobertura de cloacas del país”, afirmó.
Obras inconclusas y financiamiento interrumpido
El plan integral también incluía la construcción del colector Colonia Segovia, diseñado para aliviar la presión sobre la colectora Máxima Noreste y vincularse con El Paramillo. La licitación se realizó en 2021 y las obras comenzaron en abril de 2022 con financiamiento nacional y un plazo de ejecución de 20 meses.
Sin embargo, tras la disolución del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (ENOHSA), la obra dejó de recibir fondos y quedó inconclusa. Posteriormente, el Ejecutivo provincial anunció su reactivación mediante fondos del resarcimiento, aunque los trabajos no se finalizaron.
En 2026, el Gobierno de Mendoza informó que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó un financiamiento de 150 millones de dólares destinado a infraestructura hídrica, incluyendo la finalización del colector Colonia Segovia.
El colapso en Los Corralitos
En paralelo a las demoras en las obras estructurales, el sistema cloacal comenzó a mostrar signos de colapso en Guaymallén. Desde 2024, vecinos de Los Corralitos reportan desbordes constantes en la intersección de Severo del Castillo y 2 de Mayo, situación que se mantiene hasta la actualidad.
Las familias de la zona denunciaron deterioro en sus propiedades y problemas de contaminación ambiental. En 2026, vecinos realizaron estudios independientes a través de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), cuyos resultados indicaron que la mayoría de las muestras de agua analizadas no eran aptas para consumo.
Las contingencias climáticas agravan la situación, provocando nuevos desbordes en distintos puntos de la red. Ante este escenario, la empresa Aysam implementó un plan de corto plazo para mitigar los efectos del colapso.
Las medidas incluyeron la contratación de la firma brasileña Sanit Engenharia Ltda. para tareas de limpieza y desobstrucción de cañerías, la construcción de 32 bocas de registro sobre la Colectora Máxima y la instalación de un sistema de bypass con bombeo en la zona crítica.
El principal problema estructural identificado en el área es la pendiente del terreno, que favorece la acumulación de sedimentos y la obstrucción del flujo cloacal, complicando el funcionamiento general del sistema.
El sistema cloacal del Gran Mendoza atraviesa una crisis estructural que derivó en desbordes de líquidos en la zona de Los Corralitos, en Guaymallén. La situación se explica por décadas de falta de inversión, obras inconclusas y una red sobrecargada. El problema afecta a vecinos desde 2024 y expone demoras en proyectos clave de infraestructura sanitaria.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
El agua sale por donde no debería. Y no es una metáfora: en Los Corralitos, el sistema cloacal decidió contar su propia versión de la historia, con desbordes que ya no piden permiso.
La red tiene memoria larga, pero mantenimiento corto. Entre promesas de expansión, obras que avanzan a medias y financiamiento que aparece y desaparece como señal de radio en ruta, el sistema terminó funcionando como una autopista con peajes cerrados y tránsito constante.
Todo empezó a prometerse grande. En 2017 se habló de llevar a Mendoza a tener la mayor cobertura cloacal del país. Una frase que, como suele pasar con los superlativos en infraestructura, envejece más rápido que el asfalto en verano.
El plan incluía obras clave como la ampliación de la planta El Paramillo y la construcción del colector Boedo-Ponce, destinado a transportar efluentes de cerca de 480.000 personas del Gran Mendoza. Ese colector se terminó en 2021, pero el sistema general nunca terminó de acomodarse al volumen que debía soportar.
Después llegaron los problemas de financiamiento. El colector Colonia Segovia, pensado para aliviar la red, quedó a medio camino tras la interrupción de fondos nacionales. Más tarde se anunciaron alternativas de financiamiento provincial y hasta un préstamo internacional, pero la obra siguió sin completarse.
Mientras tanto, en Guaymallén, la realidad se adelantó a los anuncios. Desde 2024, vecinos de Los Corralitos comenzaron a convivir con desbordes cloacales en la intersección de Severo del Castillo y 2 de Mayo. El punto se volvió conocido por razones que nadie quiere tener en el mapa.
Las quejas se acumularon junto con el olor. Hubo reclamos, estudios independientes y hasta análisis de agua realizados por la UNCuyo en 2026, que indicaron que la mayoría de las muestras no eran aptas para consumo. La ciencia, esta vez, llegó después del problema.
En paralelo, la empresa Aysam activó medidas de emergencia, con limpieza de cañerías y obras de mitigación, incluyendo la contratación de una firma extranjera y la instalación de nuevas bocas de registro y un sistema de bypass con bombeo. Soluciones de urgencia para un sistema que nunca dejó de estar en emergencia.
El terreno también juega su parte. La pendiente complica el escurrimiento y favorece la acumulación de sedimentos que terminan bloqueando el flujo. La ingeniería puede mucho, pero no siempre puede contra la geografía ni contra el tiempo.
En Los Corralitos, el problema ya no es solo técnico. Es una postal repetida que mezcla infraestructura envejecida, obras interrumpidas y una promesa de modernización que todavía no termina de llegar al subsuelo.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El sistema cloacal del Gran Mendoza atraviesa una situación crítica que derivó en desbordes de líquidos cloacales con epicentro en la zona de Los Corralitos, en el departamento de Guaymallén. La problemática expone un deterioro estructural acumulado durante décadas, marcado por falta de inversiones sostenidas, obras inconclusas y una red que hoy se encuentra sobrecargada.
Para comprender el origen del colapso es necesario remontarse a años atrás, cuando se impulsaron proyectos de modernización del sistema cloacal que no lograron completarse en tiempo y forma o quedaron sujetos a interrupciones de financiamiento.
La promesa de la mayor cobertura cloacal
En 2017, durante la primera gestión del gobernador Alfredo Cornejo, se firmó un convenio para ampliar la planta depuradora El Paramillo y construir el colector Boedo-Ponce, destinado a transportar efluentes de aproximadamente 480.000 personas del Gran Mendoza.
El colector se extiende desde la intersección de calle Terrada y Boedo, en Luján de Cuyo, hasta su empalme con la colectora Máxima Noreste en la zona de Severo del Castillo y 2 de Mayo, área donde actualmente se registra el epicentro de los desbordes cloacales. La obra fue finalizada en 2021.
En aquel momento, el entonces gobernador aseguró que Mendoza podría alcanzar el 100% de cobertura cloacal y de agua potable en zonas urbanas hacia el final de su mandato. “Nos enorgullece que Mendoza vaya a tener la mayor cobertura de cloacas del país”, afirmó.
Obras inconclusas y financiamiento interrumpido
El plan integral también incluía la construcción del colector Colonia Segovia, diseñado para aliviar la presión sobre la colectora Máxima Noreste y vincularse con El Paramillo. La licitación se realizó en 2021 y las obras comenzaron en abril de 2022 con financiamiento nacional y un plazo de ejecución de 20 meses.
Sin embargo, tras la disolución del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (ENOHSA), la obra dejó de recibir fondos y quedó inconclusa. Posteriormente, el Ejecutivo provincial anunció su reactivación mediante fondos del resarcimiento, aunque los trabajos no se finalizaron.
En 2026, el Gobierno de Mendoza informó que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó un financiamiento de 150 millones de dólares destinado a infraestructura hídrica, incluyendo la finalización del colector Colonia Segovia.
El colapso en Los Corralitos
En paralelo a las demoras en las obras estructurales, el sistema cloacal comenzó a mostrar signos de colapso en Guaymallén. Desde 2024, vecinos de Los Corralitos reportan desbordes constantes en la intersección de Severo del Castillo y 2 de Mayo, situación que se mantiene hasta la actualidad.
Las familias de la zona denunciaron deterioro en sus propiedades y problemas de contaminación ambiental. En 2026, vecinos realizaron estudios independientes a través de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), cuyos resultados indicaron que la mayoría de las muestras de agua analizadas no eran aptas para consumo.
Las contingencias climáticas agravan la situación, provocando nuevos desbordes en distintos puntos de la red. Ante este escenario, la empresa Aysam implementó un plan de corto plazo para mitigar los efectos del colapso.
Las medidas incluyeron la contratación de la firma brasileña Sanit Engenharia Ltda. para tareas de limpieza y desobstrucción de cañerías, la construcción de 32 bocas de registro sobre la Colectora Máxima y la instalación de un sistema de bypass con bombeo en la zona crítica.
El principal problema estructural identificado en el área es la pendiente del terreno, que favorece la acumulación de sedimentos y la obstrucción del flujo cloacal, complicando el funcionamiento general del sistema.
El sistema cloacal del Gran Mendoza atraviesa una crisis estructural que derivó en desbordes de líquidos en la zona de Los Corralitos, en Guaymallén. La situación se explica por décadas de falta de inversión, obras inconclusas y una red sobrecargada. El problema afecta a vecinos desde 2024 y expone demoras en proyectos clave de infraestructura sanitaria.
El agua sale por donde no debería. Y no es una metáfora: en Los Corralitos, el sistema cloacal decidió contar su propia versión de la historia, con desbordes que ya no piden permiso.
La red tiene memoria larga, pero mantenimiento corto. Entre promesas de expansión, obras que avanzan a medias y financiamiento que aparece y desaparece como señal de radio en ruta, el sistema terminó funcionando como una autopista con peajes cerrados y tránsito constante.
Todo empezó a prometerse grande. En 2017 se habló de llevar a Mendoza a tener la mayor cobertura cloacal del país. Una frase que, como suele pasar con los superlativos en infraestructura, envejece más rápido que el asfalto en verano.
El plan incluía obras clave como la ampliación de la planta El Paramillo y la construcción del colector Boedo-Ponce, destinado a transportar efluentes de cerca de 480.000 personas del Gran Mendoza. Ese colector se terminó en 2021, pero el sistema general nunca terminó de acomodarse al volumen que debía soportar.
Después llegaron los problemas de financiamiento. El colector Colonia Segovia, pensado para aliviar la red, quedó a medio camino tras la interrupción de fondos nacionales. Más tarde se anunciaron alternativas de financiamiento provincial y hasta un préstamo internacional, pero la obra siguió sin completarse.
Mientras tanto, en Guaymallén, la realidad se adelantó a los anuncios. Desde 2024, vecinos de Los Corralitos comenzaron a convivir con desbordes cloacales en la intersección de Severo del Castillo y 2 de Mayo. El punto se volvió conocido por razones que nadie quiere tener en el mapa.
Las quejas se acumularon junto con el olor. Hubo reclamos, estudios independientes y hasta análisis de agua realizados por la UNCuyo en 2026, que indicaron que la mayoría de las muestras no eran aptas para consumo. La ciencia, esta vez, llegó después del problema.
En paralelo, la empresa Aysam activó medidas de emergencia, con limpieza de cañerías y obras de mitigación, incluyendo la contratación de una firma extranjera y la instalación de nuevas bocas de registro y un sistema de bypass con bombeo. Soluciones de urgencia para un sistema que nunca dejó de estar en emergencia.
El terreno también juega su parte. La pendiente complica el escurrimiento y favorece la acumulación de sedimentos que terminan bloqueando el flujo. La ingeniería puede mucho, pero no siempre puede contra la geografía ni contra el tiempo.
En Los Corralitos, el problema ya no es solo técnico. Es una postal repetida que mezcla infraestructura envejecida, obras interrumpidas y una promesa de modernización que todavía no termina de llegar al subsuelo.