Canadá y el Mercosur acordaron intensificar las negociaciones para alcanzar un Tratado de Libre Comercio (TLC), con el objetivo de cerrar un texto definitivo antes de que finalice 2026. El anuncio fue realizado por la ministra de Asuntos Exteriores canadiense, Anita Anand, durante una visita oficial a la ciudad brasileña de San Pablo.
La funcionaria confirmó que ambas partes buscarán acelerar las conversaciones para alcanzar un acuerdo comercial que beneficie a los países del bloque sudamericano y a Canadá.
«Hemos acordado intensificar las negociaciones del acuerdo de libre comercio con el objetivo de concluir un texto comercialmente significativo lo más temprano posible, idealmente antes del final de este año«, afirmó Anand.
Las negociaciones entran en una nueva etapa
Durante su visita, la canciller canadiense mantuvo reuniones con el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira, además de representantes del sector privado. Anand destacó que un eventual acuerdo representa «oportunidades significativas» para ambas economías y aseguró que Ottawa continuará considerando las inquietudes de todos los sectores productivos involucrados.
Por su parte, Vieira confirmó que Brasil, que actualmente lidera las negociaciones en representación del Mercosur, retomó el diálogo con Canadá y valoró los avances registrados en los últimos meses.
«Retomamos la negociación y ya tuvimos seis rondas que avanzan muy bien; faltan todavía algunos detalles, faltan algunas áreas«, señaló el canciller brasileño.
Comercio e inversiones
Durante el encuentro también se anunció una inversión de 89 millones de dólares por parte de FinDev Canadá, la agencia financiera de desarrollo del país norteamericano. Los fondos estarán destinados a dos proyectos de infraestructura sostenible en Brasil: uno orientado a ampliar el acceso a la energía y otro enfocado en la producción de combustible sostenible para la aviación.
La visita coincidió además con el 85.º aniversario de las relaciones diplomáticas entre Canadá y Brasil, un vínculo que Anand definió como una apuesta por la cooperación en un contexto internacional marcado por la incertidumbre.
El intercambio comercial entre Canadá y el Mercosur
Según datos del Sistema de Estadísticas de Comercio Exterior del Mercosur, el intercambio de bienes entre ambas partes alcanzó en 2025 los 12.600 millones de dólares.
Las exportaciones del Mercosur hacia Canadá sumaron 8.702 millones de dólares, con Brasil concentrando el 83,4% de esas ventas, seguido por Argentina (14,9%), Paraguay (0,9%) y Uruguay (0,8%).
En sentido inverso, el bloque importó productos canadienses por 3.912 millones de dólares. Brasil explicó el 85,9% de esas compras, mientras que Argentina representó el 10,7%, Paraguay el 2,2% y Uruguay el 1,2%.
Los gobiernos de Canadá y el Mercosur acordaron acelerar las negociaciones para cerrar un Tratado de Libre Comercio, con la intención de alcanzar un acuerdo antes de fin de año. El compromiso fue anunciado durante una reunión entre la canciller canadiense, Anita Anand, y su par brasileño, Mauro Vieira, en San Pablo.
Durante años, el Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y Canadá pareció uno de esos proyectos que sobreviven gracias al optimismo de los funcionarios y al café de las reuniones diplomáticas. Cada cumbre terminaba con la misma promesa: «avanzamos mucho». Lo único que realmente avanzaba era el calendario. Ahora, sin embargo, alguien decidió desempolvar el expediente y anunciar que el acuerdo podría firmarse antes de que termine el año. En el mundo de la diplomacia, eso equivale a decir que esta vez sí piensan responder el grupo de WhatsApp.
El libre comercio tiene una capacidad extraordinaria para unir a personas que, cinco minutos antes de la foto oficial, discutían sobre aranceles, cuotas, subsidios y otros términos diseñados para que cualquier ciudadano cambie de canal inmediatamente. Pero basta escuchar la frase «oportunidades económicas» para que aparezcan sonrisas, apretones de manos y una cantidad de banderas cuidadosamente acomodadas que harían emocionar a cualquier fabricante de mástiles.
La escena fue impecable: discursos sobre cooperación, inversiones sostenibles, crecimiento compartido y un futuro de prosperidad para todos. Traducido del lenguaje diplomático al idioma cotidiano significa algo parecido a: «sería bueno dejar de tardar una eternidad en ponernos de acuerdo». Porque el comercio internacional tiene esa costumbre entrañable de negociar durante tanto tiempo que, cuando finalmente firma un tratado, algunos de los funcionarios que lo empezaron ya están escribiendo sus memorias.
Mientras tanto, el Mercosur vuelve a intentar demostrar que también puede acelerar procesos sin necesidad de convocar una cumbre para decidir cuándo será la próxima cumbre. Canadá, por su parte, ofrece inversiones, habla de infraestructura sostenible y apuesta por fortalecer su presencia en Sudamérica. Todos parecen coincidir en que este es el momento ideal para hacer negocios. Falta el detalle menor de cerrar los capítulos que todavía siguen llenos de corchetes, observaciones y frases como «este punto será revisado en la próxima ronda». En la diplomacia internacional, esas palabras suelen durar más que algunas constituciones.