Un control vehicular de rutina terminó con una situación inesperada para un hombre de 61 años que circulaba hacia San Juan. Al atravesar el control limítrofe de San Carlos, en Sarmiento, los efectivos le solicitaron la documentación y detectaron que la licencia de conducir que presentó sería presuntamente apócrifa.
El procedimiento se desarrolló en el Puesto Policial San Carlos, dependiente de la Dirección D-7, ubicado en el límite entre las provincias de San Juan y Mendoza.
Según informó la Policía, los efectivos detuvieron la marcha de una EcoSport conducida por el hombre de 61 años, quien tenía como destino la provincia de San Juan.
La licencia llamó la atención de los efectivos
Como parte del procedimiento, los uniformados solicitaron al conductor la documentación correspondiente. Al revisar la licencia de conducir presentada, advirtieron características que despertaron sospechas sobre su autenticidad.
La capacitación del personal permitió detectar que el plástico no contaba con las medidas de seguridad correspondientes a una licencia original. A partir de esa revisión, los efectivos determinaron que podría tratarse de documentación adulterada.
Qué elementos permiten detectar una licencia apócrifa
Para establecer si una Licencia Nacional de Conducir (LNC) en Argentina es original o apócrifa («trucha»), existen diferentes medidas de seguridad físicas incorporadas por la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), además de los mecanismos de validación digital.
Entre esos elementos se encuentra la tinta fluorescente UV: al exponer el carnet a luz ultravioleta deben aparecer detalles de seguridad en ambas caras que no resultan visibles a simple vista.
También se utiliza tinta de color variable (OVI), que incorpora detalles brillantes capaces de modificar su tonalidad cuando el plástico se inclina bajo la luz natural.
Otra medida son los hologramas reglamentarios de la ANSV, integrados en el material de la licencia. Los documentos falsificados pueden carecer de estos elementos o presentarlos como agregados sobre el plástico.
Cada licencia dispone además de un número de insumo único e irrepetible, asignado por el Sistema Nacional de Licencias de Conducir (SINALIC), junto con códigos individuales que permiten verificar la validez del documento.
El diseño oficial contempla además características específicas en la tipografía y distribución de la información, como textos traducidos al inglés, la fecha de vencimiento destacada y caracteres cuyo tamaño se adapta a la extensión del nombre del titular. Las irregularidades en las tipografías, impresiones borrosas, pixeladas o problemas en el centrado de los datos pueden constituir señales de una posible falsificación.
La comprobación mediante Mi Argentina
La autenticidad de una licencia también puede contrastarse con su versión digital. Una licencia física legítima y vigente debe encontrarse registrada en los sistemas oficiales y aparecer en el perfil correspondiente dentro de la aplicación Mi Argentina.
De esta manera, si una persona posee el documento físico pero la licencia no figura en la aplicación o en los registros estatales correspondientes, esa situación puede indicar que el plástico no es auténtico o que la habilitación se encuentra inhabilitada.
Un hombre de 61 años fue detectado con una licencia de conducir presuntamente apócrifa durante un control vehicular realizado en el Puesto Policial San Carlos, en Sarmiento, sobre el límite entre San Juan y Mendoza. El conductor circulaba en una EcoSport con destino a San Juan cuando los efectivos observaron irregularidades en las medidas de seguridad del documento.
Un control vehicular de rutina en el límite entre Mendoza y San Juan terminó recordando una de las grandes máximas de la vida administrativa argentina: uno puede discutir casi cualquier cosa, salvo con un plástico cuando el plástico empieza a ser observado por gente capacitada para descubrir que quizá no debería existir. Un hombre de 61 años avanzaba hacia San Juan en una EcoSport cuando los efectivos del Puesto Policial San Carlos le solicitaron la documentación. Hasta allí, la escena ofrecía la emoción habitual de cualquier trámite fronterizo: papeles, miradas serias y esa breve ceremonia en la que todos esperan que cada documento sea exactamente lo que afirma ser.
El inconveniente apareció con la licencia de conducir. El carnet llamó la atención de los policías y, tras examinarlo, detectaron que no reunía las medidas de seguridad correspondientes a un documento original. De pronto, aquel pequeño rectángulo de plástico pasó de habilitar legalmente la conducción a protagonizar una investigación sobre su propia identidad, una crisis existencial que ningún carnet espera atravesar mientras todavía permanece dentro de una billetera.
Las licencias nacionales auténticas, por si alguien suponía que solamente necesitan una foto razonablemente reconocible y una fecha de vencimiento, incorporan tintas fluorescentes, elementos que cambian de color, hologramas, códigos individuales y números únicos. Básicamente, el carnet moderno posee más mecanismos para demostrar quién es que muchas personas después de actualizar tres veces su contraseña.
Y cuando las comprobaciones físicas no alcanzan, queda el universo digital: la licencia legítima también debe poder verificarse mediante los sistemas oficiales y aparecer en Mi Argentina. Es decir, el plástico podrá intentar convencer al ojo humano, pero todavía tendrá que enfrentar al Estado conectado a internet, instancia en la que cualquier aspiración artística de una documentación adulterada suele encontrar un público considerablemente menos receptivo.