Una semana de demoras, bocinazos y paciencia… ¿para que el pavimento ya presente desperfectos?
La repavimentación de la avenida Libertador, en el tramo comprendido entre avenida Circunvalación y Aberastain, demandó varios días de trabajos que alteraron la rutina de miles de sanjuaninos. Reducciones de calzada, extensas filas de vehículos, demoras, bocinazos y malestar marcaron el avance de una obra esperada debido al deterioro que presentaba una de las arterias más transitadas de Santa Lucía.
Hasta el momento no se difundió públicamente el presupuesto específico correspondiente a este tramo, ya que integra un proyecto de mayor extensión sobre avenida Libertador. Tampoco se conocieron informes oficiales sobre el costo puntual de la intervención ni sobre el plazo total previsto para su ejecución.
Sin embargo, cuando todavía no terminaban de disiparse las molestias que generó la obra, un nuevo episodio volvió a ponerla bajo la lupa.
Una imagen enviada por un lector encendió las dudas
Una fotografía enviada por un lector de cuyo.news muestra un aparente deterioro sobre la carpeta asfáltica en avenida Libertador y Balaguer, en Santa Lucía, un sector que había sido repavimentado apenas días antes.
Fotografía enviada por un lector de cuyo.news.
En la imagen se distinguen al menos tres sectores con marcadas irregularidades sobre el pavimento recientemente colocado. Aunque la fotografía no permite determinar técnicamente si se trata de tres baches independientes, de hundimientos o de otro tipo de desperfecto, las anomalías son visibles y despertaron preocupación entre vecinos y conductores.
La escena contrasta con el esfuerzo que implicó la obra para quienes transitan diariamente por la zona. Después de varios días de tránsito congestionado, largas filas de vehículos, demoras y desvíos, la presencia de estas irregularidades genera preguntas inevitables entre los usuarios de una de las avenidas más importantes del departamento.
Las preguntas son varias y, por ahora, no tienen respuesta oficial. ¿Se trata de una falla puntual? ¿Cedió la base del pavimento? ¿Hubo inconvenientes durante la ejecución? ¿El material utilizado presentó algún defecto? ¿O el problema responde a otra causa, como una rotura de un servicio subterráneo?
Especialistas en ingeniería vial coinciden en que una carpeta asfáltica puede deteriorarse prematuramente por distintos factores: una base mal preparada, deficiencias en la compactación, problemas de drenaje, mezclas fuera de especificación o incluso el colapso de cañerías que terminan socavando el terreno desde abajo. Sin una inspección técnica resulta imposible determinar cuál de estas causas explica el caso puntual, por lo que será necesaria una evaluación oficial.
Una obra pública también debe ser segura para quienes caminan
Cada vez que una avenida es repavimentada, la discusión suele concentrarse en el estado del asfalto y el tránsito vehicular. Sin embargo, existe un aspecto que muchas veces queda relegado: la seguridad de los peatones.
Las repavimentaciones no deberían medirse únicamente por la comodidad de los automovilistas o por el aspecto renovado de la calzada. Su verdadero objetivo es garantizar una circulación segura para todas las personas, incluyendo peatones, ciclistas, motociclistas y quienes utilizan dispositivos de asistencia para desplazarse.
La situación cobra una dimensión aún mayor cuando se piensa en adultos mayores, personas con discapacidad motriz, personas ciegas o con baja visión y quienes utilizan sillas de ruedas, andadores o bastones. Para ellos, un bache o un desnivel no representa una simple incomodidad: puede significar una caída, un esguince, una fractura o incluso impedirles desplazarse con autonomía.
Una obra pública no debería evaluarse únicamente por cómo luce el día que termina. Debe demostrar, con el paso del tiempo, que fue ejecutada con la calidad suficiente para soportar el uso cotidiano y brindar seguridad a toda la comunidad. No se trata solo de que el pavimento tenga un buen aspecto, sino de que permanezca en condiciones para quienes lo utilizan todos los días.
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Si observaste baches, hundimientos, grietas o cualquier otro desperfecto en calles o avenidas recientemente repavimentadas, te invitamos a enviarnos una fotografía, la ubicación exacta y una breve descripción de la situación.
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Las obras públicas son financiadas con recursos de todos los sanjuaninos y el control ciudadano también forma parte de su calidad. Porque entre todos podemos ayudar a construir una provincia más segura, más accesible y con una mejor calidad de vida.
Tras varios días de demoras, congestión vehicular y desvíos por la repavimentación de avenida Libertador, entre Circunvalación y Aberastain, un lector de cuyo.news registró un aparente deterioro sobre un tramo recientemente intervenido. En la imagen se distinguen al menos tres irregularidades en la carpeta asfáltica, lo que reabrió el debate sobre la calidad, la durabilidad y el control de las obras públicas, además de su impacto en la seguridad de peatones y conductores.
Hay experiencias que unen a una comunidad. Un campeonato del mundo. Un eclipse solar. Una fila eterna detrás de un camión. Y, por supuesto, una repavimentación. Durante una semana, avenida Libertador dejó de ser una avenida para convertirse en un ejercicio colectivo de paciencia. Los automovilistas aprendieron a distinguir el sonido de una bocina según el grado de desesperación del conductor, mientras los peatones perfeccionaban la disciplina olímpica del «cruce imposible». Si la paciencia cotizara en bolsa, Santa Lucía habría financiado medio presupuesto vial.
Pero toda epopeya necesita un giro inesperado. Cuando el polvo empezó a asentarse y algunos ya imaginaban que el asfalto recién colocado iba a durar décadas, apareció una imagen enviada por un lector de cuyo.news. Tres marcas sobre un pavimento prácticamente nuevo alcanzaron para que renaciera una vieja costumbre argentina: la auditoría ciudadana desde la vereda. En cuestión de minutos aparecieron ingenieros de WhatsApp, especialistas en mezclas asfálticas, geólogos improvisados y ese vecino que siempre recuerda que «las calles de antes duraban toda la vida». Lo curioso es que, por una vez, la discusión no gira en torno a quién tiene razón, sino a una pregunta bastante más sencilla: ¿cómo puede un pavimento recién terminado mostrar signos de deterioro tan rápido?
Porque una obra pública no se mide por la cantidad de conos naranjas que tuvo ni por las fotos del antes y el después. Se mide cuando desaparecen las máquinas y queda la calle. Después de varios días de soportar demoras, desvíos, filas interminables y bocinazos que hicieron temblar hasta los espejos retrovisores, lo mínimo que espera cualquier ciudadano es que el resultado esté a la altura del esfuerzo que le pidió la obra. Nadie afirma que haya existido una mala ejecución; precisamente por eso hacen falta respuestas técnicas y no silencios administrativos. Cuando el asfalto empieza a hablar antes que los funcionarios, algo merece ser explicado.
Y hay otro detalle que suele perderse entre tanto tránsito. Las calles no son exclusivamente para los autos. Cada bache, cada desnivel y cada hundimiento representan un riesgo mucho mayor para un adulto mayor, una persona con discapacidad motriz, alguien que utiliza una silla de ruedas o una persona ciega. Una repavimentación no debería perseguir únicamente una buena imagen el día de la inauguración; debería garantizar que, meses después, cualquier vecino pueda caminar, conducir o cruzar una esquina sin miedo a tropezar o sufrir una caída. Esa es la verdadera prueba de calidad de una obra pública.
