Empresarios que participaron de recientes encuentros en la Bolsa de Comercio de Rosario y el Council of Americas comenzaron a expresar preocupación por lo que interpretan como una disminución del entusiasmo que el presidente Javier Milei había generado inicialmente dentro del sector privado.

“los aplausos sean tibios en lugares como la Bolsa de Comercio de Rosario o el Council of Americas revela que el presidente Javier Milei ya no despierta el entusiasmo que supo provocar entre los empresarios y esto es preocupante”, reflexionaban dirigentes que asistieron a estos encuentros realizados el jueves y el viernes pasado.

En ese contexto, algunos se preguntaban “si esta es la respuesta de los que más apoyaban, cómo pueden estar viendo al Gobierno en sectores como las pymes o en el conurbano profundo”.

En el Council of Americas participaron algunos de los principales empresarios del país, mientras que en la entidad rosarina una parte importante del público estuvo integrada por referentes vinculados al sector agropecuario. En ambos casos se trata de actividades que, en términos generales, fueron favorecidas por distintas medidas del Gobierno.

Reclamos por políticas de transición

Mientras el agro, la minería y la energía registran crecimientos de dos dígitos, las principales dificultades se concentran en la industria, el comercio y la construcción, sectores que en conjunto representan más de un tercio del Producto Bruto Interno y cerca del 45% del empleo formal.

“Nadie dice que haya que volver a los cupos de exportación o a tener que pedir permiso para acceder a un dólar oficial, pero también son necesarias políticas de transición”, explicaba un dirigente del sector fabril.

Dentro del empresariado también existen cuestionamientos respecto de la recepción que tienen esas observaciones dentro del Poder Ejecutivo.

Un dirigente empresario sostuvo que esas recomendaciones son desestimadas “como si nuestras recomendaciones estuvieran contaminadas o siempre fueran tendenciosas”, pese a asegurar que coincide con una parte importante del programa económico.

También afirmó que dentro del Gobierno “existe la creencia de que todos somos cómplices del pasado y a muchos los ven como activistas para volver a contar con prebendas”.

En ese marco, algunos sectores cuestionan lo que consideran una contradicción entre la defensa del libre mercado y la existencia de incentivos específicos como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

“Realiza una defensa a ultranza del libre mercado y de la no intervención estatal, pero al mismo tiempo lanza el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) que otorga distintos beneficios, como impositivos y cambiarios, a determinados sectores, en lo que resulta una evidente contradicción”, sostuvo un economista.

El campo vuelve a reclamar por las retenciones

Uno de los principales reclamos del sector agropecuario está vinculado con la continuidad de los derechos de exportación, especialmente porque la actividad no cuenta con un régimen de incentivos específico comparable al RIGI.

Aunque la producción agropecuaria mantiene un desempeño favorable, dirigentes del sector advierten que “los números están finitos” al referirse a los márgenes económicos de la actividad.

Representantes del interior volvieron a plantear la necesidad de eliminar las retenciones sobre las exportaciones agropecuarias.

El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, afirmó durante el aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario que la provincia aporta el 46% de esos tributos.

En el mismo acto, el presidente de la entidad, Pablo Bortolato, sostuvo que la producción de granos podría alcanzar los 250 millones de toneladas dentro de una década si se eliminan los derechos de exportación y se mejora la infraestructura.

La estimación implicaría un incremento de casi 100 millones de toneladas respecto de la campaña 2025/2026, que alcanzó un récord de 163 millones de toneladas.

De cara a la próxima cosecha, las expectativas son favorables, aunque existe preocupación por la posibilidad de excesos de lluvias asociados al fenómeno de El Niño.

En el corto plazo, dentro del sector también señalan que todavía existe volumen de granos pendiente de comercialización y que los productores administran las ventas a la espera de mejores condiciones, entre ellas una eventual mejora del tipo de cambio durante el resto del año.

La discusión por el consumo y la informalidad

Entre los principales empresarios también existe reconocimiento hacia algunos aspectos del programa económico, particularmente el equilibrio de las cuentas públicas.

Destacan el “coraje” de cerrar el déficit fiscal, aunque aclaran que “esto no quiere decir que todo está bien”.

Otro de los puntos cuestionados es el tono utilizado por Milei para responder a sus críticos. Algunos empresarios consideran que el Gobierno debería concentrarse más en los datos y menos en interpretar los cuestionamientos como intentos de desestabilización.

Uno de los debates gira alrededor del consumo. Mientras el Presidente sostiene que se encuentra en niveles “récord”, otros indicadores reflejan caídas en determinados segmentos de ventas.

Una de las explicaciones planteadas es que parte del consumo masivo se desplazó desde los supermercados hacia comercios tradicionales.

“Hay muchas empresas que prefieren venderle a los super chinos porque pagan al contado, no a plazo como las grandes cadenas, y claro los negocios chicos tienen ventajas porque venden cada vez más en negro a precios competitivos porque no pagan los impuestos”, sostuvo un especialista.

Otra posible explicación se relaciona con la evolución de los ingresos de los trabajadores informales. Según datos del INDEC correspondientes a junio, los ingresos de este grupo aumentaron 59,5% interanual, frente a una suba del 30% entre los trabajadores registrados, mientras que la inflación fue del 33%.

De acuerdo con este análisis, esa evolución podría haber impulsado una mejora real del poder adquisitivo de los trabajadores informales y explicar parcialmente determinadas cifras de consumo.

Sin embargo, tanto este fenómeno como el desplazamiento hacia canales comerciales menos formalizados podrían estar asociados a un crecimiento de la economía no registrada.

Analistas advierten que un aumento de la informalidad representa un riesgo para un programa económico cuyo principal ancla es el superávit fiscal. Una caída de la recaudación tributaria y de los aportes patronales podría generar dificultades para sostener en el tiempo el equilibrio de las cuentas públicas.