El descubrimiento de Jakob Roggeveen en 1722: ¿por qué la Isla de Pascua se llama así?

Redacción Cuyo News
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La historiografía oficial establece que el 5 de abril de 1722, el marino neerlandés Jakob Roggeveen, quien comandaba una expedición de tres navíos, divisó un territorio insular que no se encontraba registrado en sus cartas náuticas. Debido a que el hallazgo coincidió con el Domingo de Pascua de Resurrección, según el calendario litúrgico de la época, el explorador optó por bautizarla como Paasch-Eyland. Esta denominación fue traducida posteriormente al castellano como Isla de Pascua, nombre bajo el cual es reconocida administrativamente por la República de Chile.

No obstante, la prevalencia de la nomenclatura occidental convive con denominaciones de los pueblos originarios que reflejan una cosmovisión milenaria. Previo a la llegada de los europeos, la isla era denominada por sus habitantes como Te Pito o te Henua, cuya traducción oscila entre «el ombligo del mundo» o «el fin de la tierra». Otro de los apelativos ancestrales registrados es Mata ki te rangi, que significa «ojos que miran al cielo», en referencia directa a los moai que custodian el horizonte desde sus altares ceremoniales.

La construcción de la identidad Rapa Nui

Existe una marcada paradoja en torno al término «Rapa Nui», el cual es defendido en la actualidad como el principal estandarte identitario. Esta denominación no es de origen local estricto, sino que fue introducida en el siglo XIX por navegantes provenientes de Tahití. Estos visitantes observaron una similitud física entre el territorio y Rapa Iti, una isla situada en la Polinesia Francesa, y para establecer una distinción lógica, comenzaron a llamar a la isla de los moai como «Rapa Nui» o «Rapa Grande». Con el transcurso de las décadas, la comunidad local terminó por adoptar este nombre extranjero para autodefinir su cultura y su lengua.

La historia de la isla también registra intentos fallidos de soberanía europea. En 1770, la corona española pretendió rebautizar el territorio como Isla de San Carlos, en un gesto de pleitesía hacia el rey Carlos III. Sin embargo, la posesión efectiva nunca fue consolidada por España y el nombre fue descartado rápidamente por la comunidad internacional. En el presente, la isla mantiene su estatus de territorio especial bajo la soberanía chilena, luego de que en un plebiscito realizado este 2026, la población rechazara una propuesta orientada hacia un gobierno autónomo.

Desafíos modernos y sincretismo cultural

En la actualidad, los casi 8.000 habitantes del territorio enfrentan retos estructurales, destacándose la escasez hídrica como uno de los problemas más urgentes para la sostenibilidad de la comunidad. A pesar de estas dificultades, la conexión con la identidad impuesta en el siglo XVIII se mantiene vigente de formas inesperadas. La fe católica es predominante en la población y se manifiesta en la única iglesia local, donde la estética del arte sacro se fusiona con la iconografía de los moai.

Esta superposición de identidades define el presente de un territorio que, mientras es reconocido globalmente por una efeméride neerlandesa, lucha internamente por la preservación de sus raíces polinesias frente a las presiones de la modernidad y el cambio climático.

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