Una investigación realizada en Estados Unidos identificó diferencias entre hombres y mujeres en las zonas que captan su atención cuando imaginan que caminan solos por un espacio público. Los resultados mostraron que, frente a una misma escena, los participantes tendieron a concentrarse en sectores diferentes del entorno.
El estudio reunió a 571 estudiantes de cuatro universidades del estado de Utah. Durante la investigación, a cada participante le presentaron 16 fotografías de senderos y espacios universitarios, con imágenes tomadas tanto durante el día como durante la noche.
Después de observar cada fotografía, los estudiantes debían señalar manualmente las partes de la escena que más llamaban su atención. A partir de esas respuestas, los investigadores elaboraron mapas de calor para determinar qué sectores eran destacados con mayor frecuencia.
Diferencias en la percepción del entorno
Los resultados mostraron que los hombres señalaron principalmente el camino, las luces y los objetos ubicados al frente. Entre las mujeres, en cambio, apareció una mayor atención hacia los costados de la escena, los arbustos, las áreas oscuras y otros sectores en los que podía existir una posible amenaza.
La diferencia entre ambos grupos se volvió más marcada durante las escenas nocturnas y también en aquellos espacios considerados de “alto atrapamiento”, es decir, lugares donde escapar ante una eventual situación de peligro resultaría más difícil.
De esta manera, las respuestas permitieron observar que las mujeres tendieron a distribuir su atención sobre una mayor cantidad de sectores potencialmente vinculados con un riesgo, mientras que los hombres concentraron con mayor frecuencia sus selecciones sobre elementos ubicados directamente en su recorrido o delante de ellos.
Cómo se realizó el estudio
Los investigadores aclararon una limitación relevante de la metodología: el estudio no registró el movimiento ocular ni realizó un seguimiento directo de la mirada de los participantes. Por lo tanto, los mapas de calor no representan necesariamente hacia dónde miró cada estudiante durante la observación.
En cambio, fueron confeccionados a partir de las zonas que cada participante seleccionó manualmente después de observar las fotografías. Esa distinción resulta importante para interpretar los resultados, ya que la investigación analizó aquello que las personas identificaron como llamativo y no un registro automático de sus movimientos oculares.
Una posible aplicación en espacios públicos
La investigación fue realizada por Robert Chaney, Alyssa Baer e Ida Tovar y publicada en la revista científica Violence and Gender.
Según sus autores, los resultados pueden contribuir a comprender mejor cómo las personas perciben la seguridad en espacios públicos. También consideran que este conocimiento podría resultar útil al momento de pensar y diseñar entornos que ofrezcan mejores condiciones de seguridad para quienes los transitan.
Un estudio realizado con 571 estudiantes de cuatro universidades de Utah, Estados Unidos, detectó diferencias entre hombres y mujeres al identificar las zonas que más llaman su atención cuando imaginan caminar solos por espacios públicos. Las mujeres señalaron con mayor frecuencia sectores laterales, oscuros y posibles escondites, especialmente durante la noche, mientras los hombres concentraron su atención principalmente en caminos, luces y objetos ubicados al frente.
571 estudiantes miraron senderos universitarios y terminaron mostrando dos formas bastante distintas de interpretar el mismo paisaje: mientras los hombres señalaron principalmente el camino, las luces y lo que tenían enfrente, las mujeres repartieron la atención entre arbustos, laterales y zonas oscuras. Misma vereda, distinto sistema operativo.
La diferencia aumentó durante la noche y en espacios de “alto atrapamiento”, esos lugares donde una eventual salida de emergencia parece diseñada por la misma persona que decidió poner una sola caja habilitada cuando hay veinte personas esperando. Ahí, las mujeres marcaron con mayor frecuencia sectores desde los cuales podía aparecer una posible amenaza.
Los investigadores llegaron a esos resultados mostrando 16 fotografías tomadas de día y de noche y pidiendo a cada participante que seleccionara manualmente aquello que más captaba su atención. Después construyeron mapas de calor: una especie de VAR de la percepción urbana, pero sin árbitro corriendo hacia una pantalla para discutir durante cinco minutos si un arbusto estaba adelantado.
Hay una precisión importante: el experimento no siguió los ojos de nadie. No hubo cámaras registrando pupilas ni tecnología capaz de descubrir hacia dónde miraba efectivamente cada estudiante; los mapas surgieron de lo que cada participante indicó conscientemente sobre las imágenes.
Los autores plantean que estas diferencias pueden aportar información para comprender cómo se percibe la seguridad y pensar espacios públicos más seguros. Porque aparentemente iluminar una vereda también requiere entender que no todo el mundo camina mirando solamente hacia adelante.
El sendero era el mismo. Lo que cambiaba era todo lo que podía estar alrededor.