La psicóloga María Scipioni advirtió sobre el crecimiento del acceso de menores de edad a plataformas de apuestas online y alertó sobre el papel que cumplen futbolistas, influencers y figuras públicas en la normalización de estas prácticas entre adolescentes y preadolescentes.
Durante una entrevista en el programa “Te lo tengo que decir”, de GRUPO HUARPE, la especialista señaló que la exposición constante a publicidades vinculadas al juego online genera un impacto significativo en las edades más tempranas.
«Es fundamental diferenciar la habilidad deportiva de las decisiones comerciales de los ídolos, porque en muchos casos los chicos terminan asociando el rendimiento en la cancha con la idea de apostar», sostuvo.
La influencia de los ídolos y las redes sociales
Scipioni explicó que la participación de futbolistas, influencers y celebridades en campañas promocionales fortalece la percepción de que apostar es una actividad habitual y socialmente aceptada.
«Aunque existan mensajes de advertencia, el impacto simbólico es mucho más fuerte cuando la promoción viene de alguien que admiran», afirmó.
Según indicó, este fenómeno resulta especialmente preocupante en adolescentes, quienes suelen tomar como referencia las conductas de figuras públicas que siguen en redes sociales, medios de comunicación y eventos deportivos.
Por qué los adolescentes son más vulnerables
La profesional remarcó que uno de los principales factores de riesgo está relacionado con el desarrollo neurológico propio de la adolescencia.
«La corteza prefrontal todavía no está completamente desarrollada, y eso impide una adecuada regulación de impulsos y evaluación de consecuencias», explicó.
En ese sentido, advirtió que los menores suelen desarrollar una percepción equivocada sobre su capacidad de controlar los resultados del juego.
«Los adolescentes son especialmente vulnerables porque pueden creer que tienen control sobre el juego, cuando en realidad están atravesados por una ilusión de control que es parte del problema», señaló.
Scipioni también alertó sobre el funcionamiento de las plataformas de apuestas online, diseñadas para mantener la participación constante de los usuarios.
«Están estructuradas para generar la sensación de que el usuario está cerca de ganar, y eso refuerza la conducta de seguir apostando», explicó.
La especialista sostuvo que este mecanismo alimenta la percepción de que el éxito depende de la estrategia o del aprendizaje, cuando en realidad la expectativa permanente constituye uno de los factores centrales de la conducta adictiva.
«La adicción se sostiene en la expectativa, no en el resultado», afirmó.
Los datos que preocupan
Según datos de UNICEF Argentina, uno de cada cuatro adolescentes apostó online alguna vez y la edad promedio de inicio ronda los 13 años.
El fenómeno afecta especialmente a varones y gran parte de los accesos se realiza mediante billeteras virtuales.
«Muchas veces se piensa que es un problema lejano, pero los datos muestran que está mucho más cerca de lo que se cree», advirtió Scipioni.
La psicóloga remarcó la necesidad de abordar la problemática tanto en el ámbito familiar como en las instituciones educativas, promoviendo espacios de diálogo, prevención y educación digital.
El debate en el Congreso
La expansión de las apuestas online entre menores también comenzó a generar preocupación en el ámbito legislativo.
Actualmente se analizan distintos proyectos que buscan limitar la publicidad de plataformas de apuestas, restringir la participación de influencers en campañas promocionales y crear un Registro Nacional de Autoexclusión.
«El abordaje no puede llegar cuando el problema ya está instalado», sostuvo la especialista.
Sin embargo, las iniciativas aún no lograron avanzar de manera unificada, mientras crece la preocupación por la presencia cada vez más temprana del juego online entre adolescentes y preadolescentes.
La psicóloga María Scipioni alertó sobre el creciente acceso de menores de edad a plataformas de apuestas online y advirtió sobre la influencia que ejercen futbolistas, influencers y celebridades en la normalización de estas prácticas. La especialista señaló que la edad de inicio ronda los 13 años y destacó la necesidad de abordar el problema desde las familias, las escuelas y las políticas públicas.
Un chico de 13 años todavía no puede votar, manejar ni comprar alcohol. Pero en muchos casos ya puede apostar desde un celular mientras mira un partido de fútbol.
La escena se volvió tan habitual que casi dejó de llamar la atención. En la camiseta aparece una casa de apuestas. En la transmisión aparece otra. En el entretiempo un influencer explica cómo jugar. Y cuando termina el partido, algún ídolo celebra un gol rodeado de carteles que prometen convertir la suerte en estrategia.
La publicidad insiste tanto que parece querer convencer al espectador de que apostar forma parte del deporte. Como si el fútbol hubiera pasado de jugarse con una pelota a jugarse con una billetera virtual.
La psicóloga María Scipioni puso el foco justamente en esa normalización. Porque detrás de las luces, los bonos de bienvenida y las promociones permanentes, hay adolescentes que todavía están desarrollando herramientas básicas para controlar impulsos y medir riesgos.
El problema es que las plataformas conocen perfectamente esa debilidad. No venden solamente apuestas. Venden expectativa. La sensación permanente de que la próxima jugada puede cambiar todo. Que el próximo resultado está a una decisión de distancia. Que el próximo clic puede ser el bueno.
Y cuando la promoción llega de la mano de un futbolista admirado o de un creador de contenido seguido por millones de jóvenes, el mensaje adquiere otra potencia. Ya no parece publicidad. Parece recomendación.
La paradoja es llamativa. Mientras en las escuelas se enseña que no todo lo que aparece en internet es real, en las pantallas más vistas del país se multiplican mensajes que presentan las apuestas como una actividad cotidiana, divertida y aparentemente inofensiva.
Los datos empiezan a encender alarmas. Según UNICEF Argentina, uno de cada cuatro adolescentes apostó online alguna vez y la edad de inicio ronda los 13 años. Lo que hace unos años parecía una preocupación aislada hoy se convirtió en un fenómeno difícil de ignorar.
Por eso el debate ya llegó al Congreso y también a muchas familias. Porque la pregunta dejó de ser si los menores están expuestos al juego online. La pregunta ahora es cuánto tiempo más se puede actuar como si no lo estuvieran.
La billetera virtual cambió de nombre. La tentación sigue siendo la misma.