El Frigorífico General Pico retomó su producción luego de más de seis meses de parálisis, tras alcanzar un acuerdo con el Frigorífico Gorina, que asumió la operación de la planta ubicada en Trenel, provincia de La Pampa. La reactivación permitió reincorporar a unos 450 trabajadores que permanecían suspendidos mientras la empresa atravesaba una profunda crisis financiera y un proceso de concurso preventivo.
La nueva etapa comenzó después de que fracasara la venta de la compañía a un holding europeo. El acuerdo establece que Frigorífico Gorina, uno de los principales exportadores de carne vacuna de capital argentino, operará la planta mediante un contrato de alquiler por tres meses, con posibilidad de renovación mientras avanza el proceso judicial.
Gorina tomó el control operativo de la planta
Frigorífico Gorina pertenece a los hermanos Carlos y Roberto Riusech, representantes de la tercera generación familiar de la empresa. La firma ocupa un lugar destacado dentro del sector frigorífico nacional, ubicándose detrás de Swift Argentina en volumen de faena y exportaciones, aunque lidera entre las compañías de capitales exclusivamente argentinos.
El secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria de la Carne de La Pampa, Dardo Loza, confirmó el inicio de las operaciones y explicó que el contrato inicial tendrá una duración de tres meses. «Tiene un alquiler por tres meses que lo van a ir renovando», señaló el dirigente, quien además precisó que la empresa «comenzó a trabajar la semana pasada».
Loza indicó que ese plazo responde a cuestiones legales vinculadas al concurso preventivo y aclaró que la cantidad de trabajadores reincorporados asciende a 450 empleados, desmintiendo versiones que hablaban de una cifra menor. «No son 200 personas que están trabajando», afirmó.
Regularizaron salarios y volvió la producción
Antes del regreso del personal, la empresa canceló la deuda salarial correspondiente a parte de abril y la totalidad de mayo. Recién después de regularizar esos pagos se habilitó la vuelta a la actividad productiva.
Actualmente, la planta de Trenel trabaja con una faena aproximada de 400 cabezas de ganado por día, destinadas tanto al mercado interno como a la exportación. La intención es incrementar ese volumen de manera gradual hasta estabilizar completamente la producción.
Por el momento, toda la actividad se concentra en Trenel, mientras que la planta ubicada en General Pico continúa inactiva. Sus instalaciones, equipamiento y habilitaciones internacionales siguen siendo considerados activos estratégicos para la eventual recuperación integral de la empresa.
Una crisis que llevó al concurso preventivo
La situación financiera del Frigorífico General Pico comenzó a deteriorarse durante el último año. A fines de 2025, la empresa suspendió a la totalidad de sus 450 trabajadores y redujo al mínimo sus operaciones como consecuencia de la caída de las exportaciones, el incremento de los costos internos y el impacto de la devaluación sobre su estructura financiera.
Posteriormente desvinculó a 194 empleados distribuidos entre sus plantas de General Pico, Trenel y Arata, mientras el resto del personal permanecía suspendido a la espera de una definición sobre el futuro de la compañía.
La empresa acumuló una deuda superior a $34.000 millones y registró 1.186 cheques rechazados por casi $16.000 millones, reflejando el deterioro de su capacidad para afrontar compromisos financieros.
Frente a ese escenario, en marzo de 2026 Ernesto «Tito» Lowenstein y su hijo Alan Lowenstein solicitaron la apertura del concurso preventivo. En el comunicado difundido en ese momento sostuvieron que la medida buscaba «blindar de la mejor manera posible la continuidad de la empresa, preservar las fuentes de trabajo y encauzar de forma ordenada su situación financiera».
Los directivos también responsabilizaron a un grupo financiero —accionista y acreedor de la compañía— por el fracaso de distintas alternativas de rescate, entre ellas una propuesta de leasing por aproximadamente USD 40 millones y otras ofertas de compra. Según expresaron, ese acreedor priorizó el recupero de su crédito sin presentar opciones superadoras para evitar la crisis.
Con el proceso concursal en marcha y la planta paralizada durante más de seis meses, la búsqueda de un operador que garantizara la continuidad de la producción derivó finalmente en el acuerdo alcanzado con Frigorífico Gorina, que permitió reiniciar la actividad y recuperar gran parte de los puestos de trabajo.
El Frigorífico General Pico retomó su producción tras más de seis meses de inactividad luego de que el Frigorífico Gorina asumiera la operación de la planta de Trenel mediante un contrato de alquiler. La reactivación permitió reincorporar a unos 450 trabajadores, mientras la empresa continúa atravesando un proceso de concurso preventivo tras una profunda crisis financiera.
Seis meses con las máquinas apagadas y 450 trabajadores esperando. El frigorífico volvió a producir antes de que las promesas se congelaran definitivamente. En la industria de la carne, a veces cuesta más reactivar una planta que prender un freezer después de un corte de luz.
La historia tiene todos los ingredientes de un clásico empresarial argentino: una venta internacional que nunca llegó, un concurso preventivo, deudas millonarias, cheques rechazados y una empresa que terminó encontrando oxígeno gracias a otro jugador del mismo sector. Cambian los nombres, pero el libreto suele repetirse con una puntualidad que ya parece de calendario.
Mientras tanto, el dato más importante no estuvo en los balances ni en los expedientes judiciales, sino en el regreso de cientos de trabajadores a sus puestos. Porque las estadísticas financieras ocupan titulares; los salarios vuelven a ocupar la heladera.
El acuerdo con Gorina aparece como una solución transitoria, aunque suficiente para volver a poner en marcha una planta que llevaba demasiado tiempo detenida. El contrato es por tres meses, renovable, mientras la Justicia y el directorio intentan ordenar una empresa que acumuló una deuda de más de $34.000 millones y miles de millones adicionales en cheques rechazados.
La crisis dejó al descubierto la fragilidad de un negocio donde una caída de las exportaciones, el aumento de los costos y una devaluación pueden convertir una industria histórica en una fábrica de incertidumbre. La diferencia es que esta vez las cintas transportadoras volvieron a moverse antes de que la historia terminara con otro cartel de «se vende».
Porque en la Argentina hay empresas que cambian de dueño más rápido de lo que cambian los precios.