La Selección argentina reaccionó en el tramo decisivo del encuentro e iguala 2-2 frente a Egipto por los octavos de final del Mundial 2026, en un partido que parecía escaparse y que volvió a quedar abierto gracias a la aparición de Lionel Messi y Cristian Romero.
El conjunto dirigido por Lionel Scaloni había quedado dos goles abajo y necesitaba una remontada para mantener vivas sus aspiraciones de avanzar a los cuartos de final.
Romero inició la reacción argentina
A los 79 minutos, Argentina encontró el descuento a través de Cristian «Cuti» Romero, que conectó de cabeza un centro enviado por Lionel Messi y estableció el 2-1.
El gol revitalizó al equipo nacional, que adelantó sus líneas y fue en busca de la igualdad durante los minutos finales.
Messi marcó un golazo para el empate
La insistencia argentina tuvo premio a los 83 minutos, cuando Lionel Messi recibió dentro del área y definió con un remate preciso para convertir el 2-2, desatando el festejo de los futbolistas y de los hinchas presentes en el estadio de Atlanta.
El capitán volvió a ser determinante en el momento más delicado del partido, primero con la asistencia para el descuento y luego con el gol que devolvió a la Selección al encuentro.
Un cierre con emociones en ambos arcos
Antes del empate, Lautaro Martínez había tenido una oportunidad clara para igualar el marcador tras una gran jugada individual de Messi, aunque su cabezazo se fue desviado.
Del otro lado, Egipto también estuvo cerca de ampliar la diferencia cuando Mahmoud Trezeguet remató apenas desviado y la pelota terminó impactando en la parte exterior de la red.
Con el empate parcial, Argentina mantiene intactas sus posibilidades de clasificación y afronta un cierre de partido cargado de tensión, con el objetivo de sellar la remontada y avanzar a los cuartos de final del Mundial 2026.
La Selección argentina reaccionó en el tramo final del partido ante Egipto y logró igualar 2-2 por los octavos de final del Mundial 2026. Cristian Romero descontó de cabeza tras un centro de Lionel Messi y, pocos minutos después, el capitán marcó un golazo para devolverle la esperanza al equipo de Lionel Scaloni en un encuentro que parecía perdido.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Del borde del abismo al empate en cuestión de minutos. Cuando el reloj empezaba a jugar para Egipto y la eliminación parecía instalarse en el banco argentino, apareció el futbolista que hace años convirtió lo improbable en una rutina.
Durante más de una hora, Argentina persiguió un partido que se le escapaba por todos lados. La presión inicial se había diluido, las contras de Egipto hacían daño y cada ataque argentino parecía terminar en una pared invisible. El Mundial empezaba a escribir uno de esos finales que nadie quería leer.
Entonces llegó el primer golpe de rebeldía. Un centro de Lionel Messi encontró la cabeza de Cristian Romero y el descuento volvió a encender un partido que hasta ese momento caminaba hacia una despedida anticipada. El estadio cambió de temperatura en un instante. También cambió el ánimo de una Selección que, de repente, volvió a creer.
Minutos después, Messi volvió a hacerse cargo. No con un discurso, ni con un gesto ampuloso. Lo hizo con la pelota, que es el idioma que mejor habla. Dentro del área encontró el espacio justo y sacó un remate imposible para el arquero egipcio. El empate fue un gol. Pero también fue una declaración de principios: mientras quede tiempo, Argentina sigue respirando.
Antes del 2-2, Lautaro Martínez había tenido una oportunidad inmejorable tras otra acción brillante del capitán, aunque su cabezazo se fue desviado. Del otro lado, Egipto también había estado cerca del tercero con un remate de Trezeguet que salió apenas afuera. El partido pasó, en cuestión de minutos, de estar sentenciado a convertirse otra vez en una batalla abierta.
Messi volvió a demostrar por qué su influencia no siempre se mide únicamente en estadísticas. Cuando el equipo más lo necesitaba, apareció para asistir, empujar y marcar. Hay noches en las que un capitán organiza. Y hay otras en las que directamente se niega a aceptar el final que propone el marcador.
El Mundial todavía no terminó para Argentina. Y mientras el diez siga encontrando espacios donde los demás solo ven defensores, la palabra «imposible» seguirá teniendo muy poca autoridad.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La Selección argentina reaccionó en el tramo decisivo del encuentro e iguala 2-2 frente a Egipto por los octavos de final del Mundial 2026, en un partido que parecía escaparse y que volvió a quedar abierto gracias a la aparición de Lionel Messi y Cristian Romero.
El conjunto dirigido por Lionel Scaloni había quedado dos goles abajo y necesitaba una remontada para mantener vivas sus aspiraciones de avanzar a los cuartos de final.
Romero inició la reacción argentina
A los 79 minutos, Argentina encontró el descuento a través de Cristian «Cuti» Romero, que conectó de cabeza un centro enviado por Lionel Messi y estableció el 2-1.
El gol revitalizó al equipo nacional, que adelantó sus líneas y fue en busca de la igualdad durante los minutos finales.
Messi marcó un golazo para el empate
La insistencia argentina tuvo premio a los 83 minutos, cuando Lionel Messi recibió dentro del área y definió con un remate preciso para convertir el 2-2, desatando el festejo de los futbolistas y de los hinchas presentes en el estadio de Atlanta.
El capitán volvió a ser determinante en el momento más delicado del partido, primero con la asistencia para el descuento y luego con el gol que devolvió a la Selección al encuentro.
Un cierre con emociones en ambos arcos
Antes del empate, Lautaro Martínez había tenido una oportunidad clara para igualar el marcador tras una gran jugada individual de Messi, aunque su cabezazo se fue desviado.
Del otro lado, Egipto también estuvo cerca de ampliar la diferencia cuando Mahmoud Trezeguet remató apenas desviado y la pelota terminó impactando en la parte exterior de la red.
Con el empate parcial, Argentina mantiene intactas sus posibilidades de clasificación y afronta un cierre de partido cargado de tensión, con el objetivo de sellar la remontada y avanzar a los cuartos de final del Mundial 2026.
La Selección argentina reaccionó en el tramo final del partido ante Egipto y logró igualar 2-2 por los octavos de final del Mundial 2026. Cristian Romero descontó de cabeza tras un centro de Lionel Messi y, pocos minutos después, el capitán marcó un golazo para devolverle la esperanza al equipo de Lionel Scaloni en un encuentro que parecía perdido.
Del borde del abismo al empate en cuestión de minutos. Cuando el reloj empezaba a jugar para Egipto y la eliminación parecía instalarse en el banco argentino, apareció el futbolista que hace años convirtió lo improbable en una rutina.
Durante más de una hora, Argentina persiguió un partido que se le escapaba por todos lados. La presión inicial se había diluido, las contras de Egipto hacían daño y cada ataque argentino parecía terminar en una pared invisible. El Mundial empezaba a escribir uno de esos finales que nadie quería leer.
Entonces llegó el primer golpe de rebeldía. Un centro de Lionel Messi encontró la cabeza de Cristian Romero y el descuento volvió a encender un partido que hasta ese momento caminaba hacia una despedida anticipada. El estadio cambió de temperatura en un instante. También cambió el ánimo de una Selección que, de repente, volvió a creer.
Minutos después, Messi volvió a hacerse cargo. No con un discurso, ni con un gesto ampuloso. Lo hizo con la pelota, que es el idioma que mejor habla. Dentro del área encontró el espacio justo y sacó un remate imposible para el arquero egipcio. El empate fue un gol. Pero también fue una declaración de principios: mientras quede tiempo, Argentina sigue respirando.
Antes del 2-2, Lautaro Martínez había tenido una oportunidad inmejorable tras otra acción brillante del capitán, aunque su cabezazo se fue desviado. Del otro lado, Egipto también había estado cerca del tercero con un remate de Trezeguet que salió apenas afuera. El partido pasó, en cuestión de minutos, de estar sentenciado a convertirse otra vez en una batalla abierta.
Messi volvió a demostrar por qué su influencia no siempre se mide únicamente en estadísticas. Cuando el equipo más lo necesitaba, apareció para asistir, empujar y marcar. Hay noches en las que un capitán organiza. Y hay otras en las que directamente se niega a aceptar el final que propone el marcador.
El Mundial todavía no terminó para Argentina. Y mientras el diez siga encontrando espacios donde los demás solo ven defensores, la palabra «imposible» seguirá teniendo muy poca autoridad.