De promesa personal a tradición nacional: el vínculo entre la Difunta Correa y la Scaloneta

Redacción Cuyo News
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En pocos años, la Difunta Correa pasó de ser uno de los principales símbolos de la devoción popular argentina a convertirse también en un emblema de la historia reciente de la Selección argentina. Lo que comenzó como una promesa personal del presidente de la AFA, Claudio Tapia, terminó transformándose en un ritual que acompaña cada uno de los grandes logros del seleccionado.

Las promesas que iniciaron una tradición

La relación entre la Selección y el santuario tomó dimensión nacional tras la obtención de la Copa América 2021. Fiel a la promesa realizada durante el torneo, Tapia viajó a San Juan para agradecer la consagración y llevó el trofeo hasta Vallecito, donde miles de sanjuaninos pudieron observar de cerca la copa. Desde entonces, la visita dejó de ser un acto privado para convertirse en un símbolo de la nueva etapa del fútbol argentino.

El vínculo se fortaleció aún más después de la conquista del Mundial de Qatar 2022. Apenas unos días después del título, Tapia regresó a San Juan acompañado por el campeón mundial Exequiel Palacios y llevó la Copa del Mundo al santuario para cumplir una nueva promesa realizada durante la competencia.

«Aquí, como en todas partes, hay muchas cábalas y la mía es pedirle a la Difunta Correa que nos ayude», expresó entonces el presidente de la AFA, una frase que terminó de consolidar el estrecho vínculo entre el máximo logro del fútbol argentino y el santuario sanjuanino.

Una costumbre que se repite con cada conquista

La historia continuó tras la obtención de la Finalissima y el posterior bicampeonato de la Copa América. En cada una de esas consagraciones, Tapia regresó a Vallecito para agradecer. Durante su visita más reciente dejó como ofrenda el traje que utilizó en la celebración continental, una pieza que actualmente integra el espacio dedicado a la Scaloneta dentro del museo del paraje.

Con el paso del tiempo, la devoción también comenzó a extenderse a los propios futbolistas. Durante el Mundial 2026, uno de los primeros en acercarse al santuario fue Thiago Almada, quien visitó la Difunta Correa para agradecer su presente con la Selección argentina. La imagen recorrió el país y reforzó la mística que rodea al lugar.

Pocos días después, Claudio Tapia volvió a cumplir otra promesa y regresó a Vallecito tras la participación argentina en la Copa del Mundo, reafirmando una costumbre que ya forma parte de la identidad del seleccionado nacional.

La fe popular también se vistió de celeste y blanco

La conexión entre el santuario y la Scaloneta también comenzó a reflejarse entre los miles de promesantes que llegan cada año a Vallecito. Durante la última Copa del Mundo, el paraje se colmó de camisetas de la Selección, banderas argentinas, mensajes dirigidos a Lionel Messi y Lionel Scaloni, réplicas de trofeos y pedidos por una nueva consagración, en una postal donde la pasión futbolera y la devoción popular conviven como nunca antes.

Lo que nació como la promesa personal de un dirigente terminó convirtiéndose en una tradición que acompaña cada desafío de la Selección argentina. Hoy, la Difunta Correa no solo continúa siendo uno de los principales centros de fe del país, sino que también ocupa un lugar destacado en la historia reciente de la Scaloneta, donde cada título parece encontrar una parada obligada en Vallecito.

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