Mendoza volvió a posicionarse como una de las provincias más avanzadas del país en materia de investigación criminal gracias a un sistema que integra análisis de ADN, balística forense, extracción de información digital y procesamiento de datos delictivos. La combinación de estas herramientas permitió fortalecer el esclarecimiento de causas judiciales y mejorar la identificación de sospechosos a partir de evidencia científica.
El banco de ADN más grande de Latinoamérica
La provincia cuenta con una base de 107.612 perfiles genéticos, considerada la más amplia de Latinoamérica. De acuerdo con los datos oficiales, el sistema alcanzó 1.728 coincidencias entre personas registradas y evidencias obtenidas en diferentes investigaciones penales.
Solo durante 2025 se registraron 409 coincidencias genéticas, lo que representa un promedio superior a una identificación por día. Hasta marzo de 2026 ya se habían incorporado otras 120 coincidencias, mientras que la tasa oficial de identificación alcanzó el 73%, es decir, casi tres de cada cuatro muestras analizadas lograron vincularse con un perfil almacenado.
La mayor parte de los resultados corresponde a investigaciones por robos agravados, aunque también se registraron 263 coincidencias vinculadas con abusos sexuales y 152 relacionadas con homicidios.
Balística y análisis digital para reforzar las investigaciones
El desarrollo tecnológico también incorporó el nuevo Laboratorio Provincial de Huellas Balísticas, equipado con el sistema IBIS, que permite comparar proyectiles, vainas y armas de fuego para determinar si una misma arma fue utilizada en distintos hechos delictivos.
En paralelo, Mendoza dispone de las plataformas UFED y GrayKey, utilizadas para desbloquear teléfonos celulares, recuperar archivos eliminados y extraer información relevante para investigaciones judiciales. Estas herramientas permiten ampliar el análisis de pruebas digitales y aportar nuevos elementos durante la instrucción de las causas.
El próximo paso: un sistema predictivo del delito
La provincia avanza además en la implementación de un Sistema Predictivo del Delito, una plataforma que analizará información histórica sobre hechos delictivos, horarios y zonas de mayor incidencia para orientar los patrullajes preventivos hacia los sectores con mayor riesgo.
El objetivo es optimizar la distribución de recursos policiales mediante el procesamiento de grandes volúmenes de información, incorporando inteligencia de datos al diseño de estrategias de prevención.
Tecnología y controles, un debate abierto
Si bien el crecimiento de estas herramientas representa un avance significativo para la investigación criminal, la incorporación del sistema predictivo también plantea interrogantes sobre su funcionamiento y los mecanismos de control.
Entre los principales desafíos aparece la necesidad de explicar públicamente cómo opera el algoritmo, cuál es su margen de error y qué medidas se implementarán para evitar que los datos históricos puedan reproducir patrones de vigilancia excesiva sobre determinados barrios o sectores de la población. La transparencia en el uso de estas tecnologías será uno de los aspectos centrales para acompañar su implementación.
Mendoza consolidó su liderazgo en investigación criminal al alcanzar 107.612 perfiles genéticos en su banco de ADN y registrar 1.728 coincidencias entre evidencias y personas identificadas. La provincia también incorporó nuevas tecnologías de balística y análisis forense digital, mientras avanza en un sistema predictivo del delito que abre el debate sobre los controles y la protección de derechos.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hubo una época en la que el delincuente confiaba en el viejo manual del crimen: usar guantes, apagar el celular y desaparecer antes de que llegara el patrullero. Hoy ese manual parece escrito en papiro. Mientras algunos todavía creen que borrar un chat equivale a desaparecer de la historia, del otro lado hay un laboratorio capaz de reconstruir conversaciones eliminadas, comparar proyectiles disparados hace años y revisar una base genética más grande que el álbum familiar de medio continente. Si el ADN hablara, probablemente pediría horas extras.
El banco de perfiles genéticos mendocino ya acumula más de 107.000 registros y consigue identificar sospechosos a un ritmo superior a uno por día. Es una velocidad que obliga a replantear viejas escenas policiales. El clásico «no hay pruebas» empieza a competir con un panorama donde una muestra biológica puede aparecer años después para recordarle a alguien que la memoria científica tiene menos olvidos que un disco rígido recién formateado. La evidencia, definitivamente, aprendió a ser paciente.
La tecnología tampoco se conformó con mirar el microscopio. Ahora también revisa celulares bloqueados, recupera archivos eliminados y compara vainas y proyectiles para descubrir si una misma arma decidió hacer una gira delictiva por distintos expedientes judiciales. En ese escenario, los teléfonos dejaron de ser simples dispositivos para convertirse en cronistas involuntarios. Borrar fotos ya no garantiza que desaparezcan; apenas consigue que los peritos tengan un desafío más entretenido para la mañana.
El próximo capítulo promete todavía más discusión. Mendoza prepara un sistema predictivo capaz de analizar horarios, lugares y antecedentes para orientar los patrullajes hacia zonas de mayor riesgo. La idea suena a ciencia aplicada a la seguridad, aunque también abre preguntas inevitables. Porque una herramienta capaz de anticipar patrones necesita la misma precisión para evitar errores que para encontrar culpables. La tecnología puede correr muy rápido, pero la transparencia tiene la obligación de no quedarse atrás. Al final, el verdadero desafío no será únicamente identificar más delitos, sino demostrar que el algoritmo también sabe respetar los límites que impone una democracia.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Mendoza volvió a posicionarse como una de las provincias más avanzadas del país en materia de investigación criminal gracias a un sistema que integra análisis de ADN, balística forense, extracción de información digital y procesamiento de datos delictivos. La combinación de estas herramientas permitió fortalecer el esclarecimiento de causas judiciales y mejorar la identificación de sospechosos a partir de evidencia científica.
El banco de ADN más grande de Latinoamérica
La provincia cuenta con una base de 107.612 perfiles genéticos, considerada la más amplia de Latinoamérica. De acuerdo con los datos oficiales, el sistema alcanzó 1.728 coincidencias entre personas registradas y evidencias obtenidas en diferentes investigaciones penales.
Solo durante 2025 se registraron 409 coincidencias genéticas, lo que representa un promedio superior a una identificación por día. Hasta marzo de 2026 ya se habían incorporado otras 120 coincidencias, mientras que la tasa oficial de identificación alcanzó el 73%, es decir, casi tres de cada cuatro muestras analizadas lograron vincularse con un perfil almacenado.
La mayor parte de los resultados corresponde a investigaciones por robos agravados, aunque también se registraron 263 coincidencias vinculadas con abusos sexuales y 152 relacionadas con homicidios.
Balística y análisis digital para reforzar las investigaciones
El desarrollo tecnológico también incorporó el nuevo Laboratorio Provincial de Huellas Balísticas, equipado con el sistema IBIS, que permite comparar proyectiles, vainas y armas de fuego para determinar si una misma arma fue utilizada en distintos hechos delictivos.
En paralelo, Mendoza dispone de las plataformas UFED y GrayKey, utilizadas para desbloquear teléfonos celulares, recuperar archivos eliminados y extraer información relevante para investigaciones judiciales. Estas herramientas permiten ampliar el análisis de pruebas digitales y aportar nuevos elementos durante la instrucción de las causas.
El próximo paso: un sistema predictivo del delito
La provincia avanza además en la implementación de un Sistema Predictivo del Delito, una plataforma que analizará información histórica sobre hechos delictivos, horarios y zonas de mayor incidencia para orientar los patrullajes preventivos hacia los sectores con mayor riesgo.
El objetivo es optimizar la distribución de recursos policiales mediante el procesamiento de grandes volúmenes de información, incorporando inteligencia de datos al diseño de estrategias de prevención.
Tecnología y controles, un debate abierto
Si bien el crecimiento de estas herramientas representa un avance significativo para la investigación criminal, la incorporación del sistema predictivo también plantea interrogantes sobre su funcionamiento y los mecanismos de control.
Entre los principales desafíos aparece la necesidad de explicar públicamente cómo opera el algoritmo, cuál es su margen de error y qué medidas se implementarán para evitar que los datos históricos puedan reproducir patrones de vigilancia excesiva sobre determinados barrios o sectores de la población. La transparencia en el uso de estas tecnologías será uno de los aspectos centrales para acompañar su implementación.
Mendoza consolidó su liderazgo en investigación criminal al alcanzar 107.612 perfiles genéticos en su banco de ADN y registrar 1.728 coincidencias entre evidencias y personas identificadas. La provincia también incorporó nuevas tecnologías de balística y análisis forense digital, mientras avanza en un sistema predictivo del delito que abre el debate sobre los controles y la protección de derechos.
Hubo una época en la que el delincuente confiaba en el viejo manual del crimen: usar guantes, apagar el celular y desaparecer antes de que llegara el patrullero. Hoy ese manual parece escrito en papiro. Mientras algunos todavía creen que borrar un chat equivale a desaparecer de la historia, del otro lado hay un laboratorio capaz de reconstruir conversaciones eliminadas, comparar proyectiles disparados hace años y revisar una base genética más grande que el álbum familiar de medio continente. Si el ADN hablara, probablemente pediría horas extras.
El banco de perfiles genéticos mendocino ya acumula más de 107.000 registros y consigue identificar sospechosos a un ritmo superior a uno por día. Es una velocidad que obliga a replantear viejas escenas policiales. El clásico «no hay pruebas» empieza a competir con un panorama donde una muestra biológica puede aparecer años después para recordarle a alguien que la memoria científica tiene menos olvidos que un disco rígido recién formateado. La evidencia, definitivamente, aprendió a ser paciente.
La tecnología tampoco se conformó con mirar el microscopio. Ahora también revisa celulares bloqueados, recupera archivos eliminados y compara vainas y proyectiles para descubrir si una misma arma decidió hacer una gira delictiva por distintos expedientes judiciales. En ese escenario, los teléfonos dejaron de ser simples dispositivos para convertirse en cronistas involuntarios. Borrar fotos ya no garantiza que desaparezcan; apenas consigue que los peritos tengan un desafío más entretenido para la mañana.
El próximo capítulo promete todavía más discusión. Mendoza prepara un sistema predictivo capaz de analizar horarios, lugares y antecedentes para orientar los patrullajes hacia zonas de mayor riesgo. La idea suena a ciencia aplicada a la seguridad, aunque también abre preguntas inevitables. Porque una herramienta capaz de anticipar patrones necesita la misma precisión para evitar errores que para encontrar culpables. La tecnología puede correr muy rápido, pero la transparencia tiene la obligación de no quedarse atrás. Al final, el verdadero desafío no será únicamente identificar más delitos, sino demostrar que el algoritmo también sabe respetar los límites que impone una democracia.