Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió este lunes el oeste de Colombia, provocó personas heridas y causó derrumbes y daños en edificios, especialmente en la ciudad de Quibdó. El episodio volvió a poner el foco sobre la intensa actividad geológica registrada durante las últimas semanas en distintos puntos del Cinturón de Fuego del Pacífico.
El movimiento sísmico se produjo a las 07.34 hora local (12:34 GMT), con epicentro en la localidad de San José del Palmar, departamento del Chocó, y a una profundidad de 82 kilómetros, según informó el Servicio Geológico Colombiano.
Un automóvil quedó cubierto de escombros tras el terremoto que sacudió Cali, Colombia, el lunes 10 de agosto de 2026. (AP / Santiago Salddarriaga)
La emergencia generó escenas de pánico en Quibdó. Imágenes difundidas en redes sociales mostraron el derrumbe parcial o total de estructuras en diferentes barrios, mientras numerosos habitantes abandonaban rápidamente los edificios y buscaban ponerse a resguardo en las calles.
«Acabamos de pasar un grave evento sísmico en el departamento del Chocó. Aunque el epicentro fue San José del Palmar, en la capital Quibdó hay heridos y graves daños en las edificaciones», declaró la gobernadora Nubia Carolina Córdoba.
El terremoto también generó preocupación y daños en otras ciudades del oeste y centro de Colombia, entre ellas Cali, Manizales, Pereira y Medellín, ubicadas entre las principales zonas urbanas próximas al área afectada.
La extensa franja tectónica que rodea al Pacífico
La ubicación geográfica de Colombia la expone a los procesos asociados al Cinturón de Fuego del Pacífico, una enorme cadena tectónica con forma de herradura que se extiende a lo largo de aproximadamente 40.000 kilómetros alrededor del océano Pacífico.
Esta franja concentra cerca del 90% de la actividad sísmica mundial y reúne alrededor del 75% de los volcanes activos del planeta.
Un hombre salió de un edificio de apartamentos tras el terremoto que sacudió Cali, Colombia, el lunes 10 de agosto de 2026. (AP / Santiago Saldarriaga)
El Cinturón de Fuego se caracteriza por la presencia de numerosas zonas de subducción, donde distintas placas tectónicas convergen y una puede hundirse debajo de otra. Estos movimientos acumulan tensiones que, al liberarse, pueden generar terremotos.
La franja atraviesa numerosos países y territorios. En América del Sur incluye a Chile, Perú, Ecuador y Colombia; continúa por América del Norte y se prolonga hacia Asia y Oceanía, con países como Japón y Nueva Zelanda.
Una serie de terremotos bajo seguimiento internacional
El terremoto registrado en Colombia ocurre pocas semanas después de una secuencia de movimientos sísmicos de gran magnitud que afectaron, en menos de 24 horas, a Japón, México, China y Perú, una coincidencia que incrementó la atención internacional sobre la actividad sísmica en torno al Pacífico.
Los especialistas, sin embargo, advierten que la cercanía temporal entre distintos terremotos no implica necesariamente una relación directa entre ellos. Cada episodio responde a procesos geológicos particulares del límite de placas donde se produce.
Además, actualmente no existen métodos científicos capaces de predecir con precisión cuándo ocurrirá un terremoto, por lo que las medidas de prevención, los sistemas de monitoreo y los protocolos de emergencia continúan siendo las principales herramientas para reducir riesgos.
La situación adquiere especial gravedad en el Chocó, señalado como uno de los departamentos más pobres de Colombia y con recursos financieros limitados para afrontar una emergencia de gran escala.
Actividad sísmica reciente en otros países del Pacífico
Días atrás, Japón había sido escenario de otro episodio de gran impacto, cuando un terremoto de magnitud 7,1 sacudió la isla de Kyushu y motivó la emisión de una alerta de tsunami, posteriormente levantada por las autoridades.
Ese movimiento dejó víctimas fatales, decenas de personas heridas, daños en infraestructura y obligó a evacuar a cientos de miles de habitantes mientras continuaban registrándose réplicas.
Durante la misma jornada, organismos sismológicos de México, China y Perú también informaron movimientos telúricos. En la mayoría de esos casos no se reportaron daños de gran magnitud, aunque los sismos fueron percibidos por la población y activaron los protocolos habituales de monitoreo y prevención.
Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió este lunes el oeste de Colombia, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, y provocó heridos y daños en distintas ciudades. El episodio se suma a recientes sismos registrados en países del Pacífico, aunque los especialistas advierten que no existe evidencia de una conexión directa entre estos eventos.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
El Cinturón de Fuego del Pacífico volvió a hacer honor a ese nombre que, convengamos, nunca prometió tranquilidad inmobiliaria. Este lunes, Colombia sufrió un terremoto de magnitud 7,4 y el planeta recordó, una vez más, que debajo de nuestras ciudades funciona una maquinaria geológica gigantesca que no solicita permisos municipales, no respeta horarios y definitivamente no participa de reuniones de consorcio.
El epicentro se ubicó en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, pero el movimiento alcanzó distintas ciudades del oeste y centro colombiano. Mientras edificios resultaban dañados y la población buscaba ponerse a resguardo, las placas tectónicas siguieron adelante con su antigua costumbre de empujarse entre sí como si llevaran millones de años discutiendo quién ocupó primero el asiento junto a la ventana.
El episodio llega además después de fuertes sismos registrados en Japón, México, China y Perú. La coincidencia geográfica y temporal alcanza para inquietar a cualquiera que observe un mapa del Pacífico y descubra que el denominado Cinturón de Fuego parece menos una categoría científica que el nombre de una atracción de parque temático que ningún abogado recomendaría inaugurar. Sin embargo, los especialistas insisten en un dato fundamental: que varios terremotos ocurran en países ubicados sobre esa enorme franja tectónica no significa que exista una cadena coordinada de movimientos.
La explicación científica resulta menos cinematográfica, aunque tampoco demasiado tranquilizadora: cada terremoto responde a procesos propios de las placas involucradas y actualmente no existen métodos capaces de predecir cuándo ocurrirá el próximo gran sismo. Así, mientras internet intenta convertir cada movimiento terrestre en el capítulo inicial del apocalipsis, la geología mantiene una postura bastante menos espectacular: monitoreo, prevención y preparación. El planeta, por ahora, continúa sin emitir comunicados oficiales.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió este lunes el oeste de Colombia, provocó personas heridas y causó derrumbes y daños en edificios, especialmente en la ciudad de Quibdó. El episodio volvió a poner el foco sobre la intensa actividad geológica registrada durante las últimas semanas en distintos puntos del Cinturón de Fuego del Pacífico.
El movimiento sísmico se produjo a las 07.34 hora local (12:34 GMT), con epicentro en la localidad de San José del Palmar, departamento del Chocó, y a una profundidad de 82 kilómetros, según informó el Servicio Geológico Colombiano.
Un automóvil quedó cubierto de escombros tras el terremoto que sacudió Cali, Colombia, el lunes 10 de agosto de 2026. (AP / Santiago Salddarriaga)
La emergencia generó escenas de pánico en Quibdó. Imágenes difundidas en redes sociales mostraron el derrumbe parcial o total de estructuras en diferentes barrios, mientras numerosos habitantes abandonaban rápidamente los edificios y buscaban ponerse a resguardo en las calles.
«Acabamos de pasar un grave evento sísmico en el departamento del Chocó. Aunque el epicentro fue San José del Palmar, en la capital Quibdó hay heridos y graves daños en las edificaciones», declaró la gobernadora Nubia Carolina Córdoba.
El terremoto también generó preocupación y daños en otras ciudades del oeste y centro de Colombia, entre ellas Cali, Manizales, Pereira y Medellín, ubicadas entre las principales zonas urbanas próximas al área afectada.
La extensa franja tectónica que rodea al Pacífico
La ubicación geográfica de Colombia la expone a los procesos asociados al Cinturón de Fuego del Pacífico, una enorme cadena tectónica con forma de herradura que se extiende a lo largo de aproximadamente 40.000 kilómetros alrededor del océano Pacífico.
Esta franja concentra cerca del 90% de la actividad sísmica mundial y reúne alrededor del 75% de los volcanes activos del planeta.
Un hombre salió de un edificio de apartamentos tras el terremoto que sacudió Cali, Colombia, el lunes 10 de agosto de 2026. (AP / Santiago Saldarriaga)
El Cinturón de Fuego se caracteriza por la presencia de numerosas zonas de subducción, donde distintas placas tectónicas convergen y una puede hundirse debajo de otra. Estos movimientos acumulan tensiones que, al liberarse, pueden generar terremotos.
La franja atraviesa numerosos países y territorios. En América del Sur incluye a Chile, Perú, Ecuador y Colombia; continúa por América del Norte y se prolonga hacia Asia y Oceanía, con países como Japón y Nueva Zelanda.
Una serie de terremotos bajo seguimiento internacional
El terremoto registrado en Colombia ocurre pocas semanas después de una secuencia de movimientos sísmicos de gran magnitud que afectaron, en menos de 24 horas, a Japón, México, China y Perú, una coincidencia que incrementó la atención internacional sobre la actividad sísmica en torno al Pacífico.
Los especialistas, sin embargo, advierten que la cercanía temporal entre distintos terremotos no implica necesariamente una relación directa entre ellos. Cada episodio responde a procesos geológicos particulares del límite de placas donde se produce.
Además, actualmente no existen métodos científicos capaces de predecir con precisión cuándo ocurrirá un terremoto, por lo que las medidas de prevención, los sistemas de monitoreo y los protocolos de emergencia continúan siendo las principales herramientas para reducir riesgos.
La situación adquiere especial gravedad en el Chocó, señalado como uno de los departamentos más pobres de Colombia y con recursos financieros limitados para afrontar una emergencia de gran escala.
Actividad sísmica reciente en otros países del Pacífico
Días atrás, Japón había sido escenario de otro episodio de gran impacto, cuando un terremoto de magnitud 7,1 sacudió la isla de Kyushu y motivó la emisión de una alerta de tsunami, posteriormente levantada por las autoridades.
Ese movimiento dejó víctimas fatales, decenas de personas heridas, daños en infraestructura y obligó a evacuar a cientos de miles de habitantes mientras continuaban registrándose réplicas.
Durante la misma jornada, organismos sismológicos de México, China y Perú también informaron movimientos telúricos. En la mayoría de esos casos no se reportaron daños de gran magnitud, aunque los sismos fueron percibidos por la población y activaron los protocolos habituales de monitoreo y prevención.
Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió este lunes el oeste de Colombia, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, y provocó heridos y daños en distintas ciudades. El episodio se suma a recientes sismos registrados en países del Pacífico, aunque los especialistas advierten que no existe evidencia de una conexión directa entre estos eventos.
El Cinturón de Fuego del Pacífico volvió a hacer honor a ese nombre que, convengamos, nunca prometió tranquilidad inmobiliaria. Este lunes, Colombia sufrió un terremoto de magnitud 7,4 y el planeta recordó, una vez más, que debajo de nuestras ciudades funciona una maquinaria geológica gigantesca que no solicita permisos municipales, no respeta horarios y definitivamente no participa de reuniones de consorcio.
El epicentro se ubicó en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, pero el movimiento alcanzó distintas ciudades del oeste y centro colombiano. Mientras edificios resultaban dañados y la población buscaba ponerse a resguardo, las placas tectónicas siguieron adelante con su antigua costumbre de empujarse entre sí como si llevaran millones de años discutiendo quién ocupó primero el asiento junto a la ventana.
El episodio llega además después de fuertes sismos registrados en Japón, México, China y Perú. La coincidencia geográfica y temporal alcanza para inquietar a cualquiera que observe un mapa del Pacífico y descubra que el denominado Cinturón de Fuego parece menos una categoría científica que el nombre de una atracción de parque temático que ningún abogado recomendaría inaugurar. Sin embargo, los especialistas insisten en un dato fundamental: que varios terremotos ocurran en países ubicados sobre esa enorme franja tectónica no significa que exista una cadena coordinada de movimientos.
La explicación científica resulta menos cinematográfica, aunque tampoco demasiado tranquilizadora: cada terremoto responde a procesos propios de las placas involucradas y actualmente no existen métodos capaces de predecir cuándo ocurrirá el próximo gran sismo. Así, mientras internet intenta convertir cada movimiento terrestre en el capítulo inicial del apocalipsis, la geología mantiene una postura bastante menos espectacular: monitoreo, prevención y preparación. El planeta, por ahora, continúa sin emitir comunicados oficiales.