“Súper Niño”: por qué este año podría ser intenso y qué factor definirá su impacto en Argentina

Redacción Cuyo News
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El fenómeno de El Niño ya comenzó y podría extenderse hasta el otoño de 2027. Mientras distintos organismos internacionales anticipan una primavera con posibilidades de registrar un evento fuerte o muy fuerte, los especialistas advierten que su impacto sobre Argentina dependerá de una serie de factores regionales y globales.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó el 9 de julio un 81% de probabilidades de que entre octubre y diciembre El Niño alcance una categoría fuerte a muy fuerte. Sin embargo, ese pronóstico no permite determinar por sí solo qué intensidad tendrán sus efectos en cada región del país.

Carolina Vera, profesora emérita de la Universidad de Buenos Aires e investigadora principal del Conicet en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA), explicó que el fenómeno comenzó entre abril y mayo y se espera que continúe hasta el otoño de 2027.

“Un Niño dura un año. Este empezó en abril-mayo y se espera que siga hasta nuestro otoño de 2027”, señaló la especialista.

Qué significa que sea un “Súper Niño”

Vera aclaró que la denominación “Súper Niño” no es científica, sino que surgió en el ámbito periodístico después de que algunos modelos europeos anticiparan un fenómeno de intensidad considerable.

“Para arrancar, lo de ‘súper’ no es un nombre científico. Eso lo inventó la prensa, me parece que europea. Fue cuando en marzo, uno de los modelos europeos pronosticó que el Niño de este año iba a ser intenso, y entonces lo llamaron así”, explicó.

Más allá del nombre, el fenómeno presenta indicadores que justifican la atención de los especialistas. Para realizar los pronósticos se utilizan modelos que combinan la evolución de la atmósfera y del océano, mientras distintos centros meteorológicos elaboran sus propias proyecciones.

La especialista explicó que El Niño puede pronosticarse con seis meses de anticipación y, en determinadas condiciones, incluso con un año de antelación. La intensidad se establece a partir de un índice: se considera Niño cuando supera 0,5; moderado cuando supera 1; fuerte por encima de 1,5 y muy fuerte cuando supera 2.

El Pacífico y el origen del fenómeno

El Niño constituye la fase cálida del fenómeno denominado El Niño-Oscilación del Sur (ENSO). Su origen está asociado a cambios en la temperatura de la superficie del océano Pacífico ecuatorial, particularmente en sus sectores central y oriental.

El calentamiento anómalo de las aguas oceánicas genera modificaciones en la atmósfera tropical y se relaciona con una disminución de la intensidad de los vientos Alisios, que normalmente soplan de este a oeste en la región ecuatorial del Pacífico.

Cuando esos vientos pierden fuerza, las aguas cálidas que habitualmente se acumulan cerca de Oceanía pueden desplazarse y distribuirse de manera diferente hacia las costas de América. Esa alteración oceánica también modifica las condiciones atmosféricas y, con ellas, los patrones de humedad y precipitaciones.

El fenómeno puede presentarse en tres estados: Niño, Niña o neutral. Cada uno modifica de manera diferente las condiciones climáticas en distintas regiones del planeta.

Qué puede pasar en Argentina

El impacto del Niño no es uniforme en todo el territorio argentino. “El Niño no afecta igual a toda la Argentina”, advirtió Vera, quien explicó que no se puede concluir que el fenómeno vaya a provocar lluvias de igual intensidad en todo el país.

La principal zona de influencia es el centro-este argentino, especialmente la Cuenca del Plata, ubicada entre los ríos Paraná y Uruguay. Durante el invierno y la primavera, además, el fenómeno puede tener incidencia sobre Cuyo y los Andes norpatagónicos.

En el centro del país, en cambio, la señal es más débil. Esto no significa que necesariamente vaya a llover menos, sino que la relación entre el fenómeno y las precipitaciones presenta allí una intensidad menor.

La diferencia está vinculada, entre otros factores, con el modo en que la humedad ingresa al territorio. En el nordeste y centro-este argentino, buena parte de esa humedad llega desde el Amazonas, mientras que en el oeste la cordillera de los Andes cumple un papel determinante al retener las masas húmedas.

Por ese motivo, Vera explicó que existe “una franja en el centro del país en la que la señal del Niño es más débil”.

El océano Índico y los vientos de la Antártida

Para anticipar cómo evolucionará el fenómeno durante la primavera de 2026 y el verano de 2027, los especialistas también observan otros patrones climáticos. Entre ellos se encuentran el estado del océano Índico y la circulación atmosférica sobre la Antártida.

En el Índico se analiza el denominado Dipolo del Océano Índico (IOD), una oscilación de las temperaturas superficiales del mar entre distintos sectores del océano. El fenómeno puede presentarse en una fase positiva o negativa y su interacción con El Niño puede modificar la intensidad de sus efectos.

Vera señaló que cuando El Niño coincide con una fase positiva del IOD, ambos fenómenos pueden interactuar y reforzar las condiciones asociadas al evento cálido del ENSO.

Hasta fines de julio, el IOD permanecía cerca de una fase neutral. Los modelos analizados por el Bureau of Meteorology de Australia proyectaban la posibilidad de que evolucionara hacia una fase positiva durante el invierno del hemisferio sur y que pudiera mantenerse durante la primavera, aunque con incertidumbre respecto del momento y la intensidad.

El segundo factor relevante es el denominado Modo Anular del Sur (SAM), que describe los desplazamientos hacia el norte y el sur del cinturón de vientos del oeste que rodea la Antártida.

Vera explicó que durante la primavera, con el regreso de la radiación solar al Polo Sur, la estratósfera comienza a calentarse y los vientos del oeste tienden a desplazarse hacia el norte.

“En el SAM positivo, los vientos del oeste tienden a concentrarse más en los polos, lo que puede debilitar las señales del Niño en nuestro país durante la primavera-verano”, señaló.

En cambio, cuando el SAM se encuentra en fase negativa, la corriente en chorro de los vientos del oeste puede intensificarse sobre Argentina durante la primavera y el verano. Esto podría reforzar la señal del Niño y aumentar las condiciones de humedad y precipitación.

La especialista advirtió que todavía es temprano para determinar cuál será la evolución definitiva de este patrón, debido a que puede experimentar cambios importantes en pocas semanas.

El cambio climático, otro factor en observación

La relación entre El Niño y el cambio climático también forma parte del análisis científico. Vera planteó cautela a la hora de establecer una relación directa entre ambos fenómenos, aunque señaló algunos cambios observables en la circulación atmosférica.

“Una de las señales más claras del efecto invernadero es que estos vientos del oeste están más al sur”, explicó la investigadora.

En cuanto a las condiciones de los océanos Pacífico e Índico, remarcó que los procesos actuales ocurren sobre “un océano global que cada vez está más caliente”.

Así, la intensidad que pueda alcanzar El Niño durante los próximos meses no será suficiente por sí sola para determinar el escenario argentino. La evolución del Pacífico, el océano Índico y, especialmente, el comportamiento de los vientos alrededor de la Antártida serán algunas de las variables clave para saber cuánto se sentirá el fenómeno en cada región del país.

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