La reglamentación de un nuevo programa brasileño para impulsar los combustibles sustentables de aviación encendió alertas en la industria argentina de biocombustibles, que reclama una estrategia similar para aprovechar el potencial agroindustrial del país y evitar perder terreno en un mercado regional en expansión.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio «Lula» da Silva, firmó un decreto que reglamenta el Programa Nacional de Combustible Sustentable de Aviación (ProBioQAV), previsto en la Ley del Combustible del Futuro.
La decisión establece el marco regulatorio para la producción, certificación, comercialización y utilización de combustible sostenible de aviación, conocido internacionalmente como SAF.
Desde la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC) expresaron preocupación por la diferencia entre el avance regulatorio brasileño y la situación local.
«Brasil avanza en los biocombustibles de aviación civil y de uso marítimo mientras nuestro país se queda en el banco de suplentes», sostiene un comunicado de la entidad.
Brasil fijó metas obligatorias desde 2027
La reglamentación del ProBioQAV establece metas graduales y obligatorias de reducción de emisiones para la aviación doméstica brasileña a partir de 2027.
De acuerdo con el esquema anunciado, los objetivos aumentarán progresivamente hasta alcanzar una reducción del 10% en 2037.
El programa también contempla un sistema nacional de certificación obligatoria para el SAF producido dentro de Brasil o importado, con requisitos específicos de trazabilidad y sustentabilidad.
Además, se crea el Certificado de Sustentabilidad del SAF (CS-SAF), que permitirá comercializar de manera separada el atributo ambiental asociado al combustible.
Según estimaciones del sector difundidas por CIARA-CEC, Brasil podría alcanzar una capacidad potencial de producción de 2.100 millones de litros anuales de SAF hacia 2030, lo que lo posicionaría como uno de los principales actores regionales en combustibles sostenibles.
«La experiencia brasileña demuestra que la transición energética puede transformarse en una política de desarrollo productivo de las cadenas agroindustriales», señala el comunicado.
El reclamo de la industria argentina
La reacción empresaria se concentró en la ausencia de una política local que permita desarrollar en mayor escala combustibles derivados de materias primas agrícolas.
Gustavo Idigoras, titular de CIARA-CEC, cuestionó el marco normativo argentino y reclamó avances legislativos para el sector.
“Mientras Brasil construye futuro nosotros vivimos en el pasado, con una ley vigente de estilo soviética y un proyecto de ley en el Senado que no tiene interés legislativo en ser sancionado. El futuro de Argentina pasa por generar bioenergías basadas en materia prima agrícola con alta calidad y sustentabilidad, y fomentando la libre competencia. Es el momento de sancionar una Ley en Argentina que genere futuro”, sostuvo.
Desde la entidad consideran que los biocombustibles pueden convertirse en una herramienta para agregar valor a productos agrícolas, especialmente aceites vegetales, además de impulsar nuevas inversiones industriales.
También señalan entre sus potenciales efectos la creación de empleo calificado, el fortalecimiento de economías regionales y la posibilidad de ampliar la competencia dentro del mercado energético.
Un mercado que empieza a ganar escala regional
La decisión brasileña refuerza una estrategia orientada a extender el uso de biocombustibles hacia sectores como la aviación civil y el transporte marítimo.
Para la industria argentina, el avance de Brasil representa al mismo tiempo una señal de oportunidad y una advertencia competitiva, debido a que ambos países cuentan con cadenas agroindustriales de gran escala y disponibilidad de materias primas.
El sector sostiene que Argentina posee condiciones productivas para desarrollar nuevas fuentes de bioenergía, pero advierte que esa posibilidad dependerá de la existencia de un marco regulatorio que incentive inversiones, otorgue previsibilidad y acompañe el crecimiento de la demanda internacional.
Mientras Brasil ya estableció objetivos de reducción de emisiones, mecanismos de certificación y una hoja de ruta hacia 2037, la industria local reclama que Argentina avance con una legislación capaz de convertir su capacidad agroindustrial en una plataforma para producir combustibles sustentables de nueva generación.
Brasil reglamentó el Programa Nacional de Combustible Sustentable de Aviación (ProBioQAV), que fija metas graduales de reducción de emisiones desde 2027 y crea un sistema de certificación para combustibles sustentables. La medida generó preocupación en la industria argentina, que reclama una estrategia similar para aprovechar el potencial agroindustrial y no perder terreno en un mercado regional en expansión.
Brasil apunta a producir 2.100 millones de litros anuales de combustible sustentable de aviación para 2030 y en Argentina la industria ya empezó a mirar el tablero con preocupación. Mientras el vecino arma regulación, certificaciones y metas obligatorias, el sector local advierte que acá seguimos discutiendo si conviene entrar a la cancha mientras el partido ya va por el segundo tiempo.
El decreto firmado por Lula da Silva reglamentó el ProBioQAV y estableció una hoja de ruta que comienza en 2027 y apunta a reducir progresivamente las emisiones de la aviación doméstica hasta alcanzar un 10% en 2037. No es solamente una declaración verde con foto institucional: hay reglas para producir, certificar, comercializar y usar SAF, además de un certificado que permite negociar por separado su atributo ambiental.
Desde CIARA-CEC reaccionaron con una frase sin demasiado barniz diplomático: «Brasil avanza en los biocombustibles de aviación civil y de uso marítimo mientras nuestro país se queda en el banco de suplentes». La metáfora futbolera viene bastante servida: uno ya está entrenando titulares para 2030 y el otro todavía revisa el reglamento en el vestuario.
El reclamo empresario apunta a que Argentina tiene materias primas agrícolas, capacidad industrial y potencial para desarrollar bioenergías, pero carece de una estrategia equivalente. En un país que exporta aceite vegetal y cereales, dejar pasar una industria que justamente convierte eso en energía sería parecido a tener parrilla, carbón y carne, pero pedir delivery.
Gustavo Idigoras fue todavía más lejos y cuestionó el marco local: “Mientras Brasil construye futuro nosotros vivimos en el pasado, con una ley vigente de estilo soviética y un proyecto de ley en el Senado que no tiene interés legislativo en ser sancionado. El futuro de Argentina pasa por generar bioenergías basadas en materia prima agrícola con alta calidad y sustentabilidad, y fomentando la libre competencia. Es el momento de sancionar una Ley en Argentina que genere futuro”.
Brasil ya puso fecha, metas y certificados. Argentina, por ahora, puso preocupación.