Melconian volvió a cuestionar el rumbo de distintas variables económicas y sostuvo que la inflación estructural en la Argentina se ubica entre el 1,8% y el 2,3% mensual, más allá de fluctuaciones puntuales vinculadas con precios regulados.
Según su análisis, el Gobierno no debería hablar de un colapso definitivo de la inflación mientras el ritmo anual continúe ubicado entre el 20% y el 30%.
Inflación, salarios y precios relativos
El economista señaló que la Argentina mantiene un problema histórico relacionado con los precios relativos y sostuvo que esa distorsión todavía no fue completamente corregida.
«El problema estructural de la inflación es otro en la Argentina; la inflación no es ni uno ni tres mensual, coquetea con el tres cuando se escapan algunos regulados», explicó.
También analizó el equilibrio que enfrenta el Gobierno entre inflación y actividad económica. “El gobierno indirectamente está deshojando la margarita: si se banca esta tasa de inflación para acomodar un poco el nivel de actividad”, analizó el economista.
En ese contexto, consideró que los salarios formales, informales y las jubilaciones tendrán dificultades para superar a la inflación durante un período prolongado.
Melconian diferenció además el escenario actual de otros procesos históricos, como la Convertibilidad o el Plan Austral. Según su visión, el programa económico vigente no constituye un plan de estabilización de shock.
El economista recordó que los programas de shock buscaban reducir de forma inmediata las tasas de inflación, lo que permitía una recuperación más rápida del poder adquisitivo.
El superávit comercial y la demanda de dólares
Otro de los ejes de su análisis fue la situación cambiaria y la acumulación de reservas del Banco Central. Melconian advirtió que el superávit comercial de USD 25.000 millones está siendo absorbido por una demanda privada de divisas de magnitud similar.
«Tenemos 25.000 millones de dólares de superávit comercial y la gente compra dólares por 25.000 millones de dólares», graficó Melconian.
Según detalló, parte de esas divisas se destinan a turismo, pagos con tarjeta de crédito y ahorro en el exterior o fuera del sistema financiero.
Dentro de ese diagnóstico, el economista cuestionó el actual valor del dólar y consideró que resulta insuficiente para los objetivos económicos de largo plazo.
“Este precio de dólar Punta Cana es barato porque este precio de dólar le compro a los chinos”, sentenció sobre el atraso cambiario percibido.
Crédito en dólares y dudas sobre la reactivación
Melconian también se refirió a la reciente decisión de habilitar a los bancos a otorgar préstamos en dólares a empresas que no son exportadoras y se mostró escéptico sobre su capacidad para modificar de manera significativa el nivel de actividad.
Consideró que la medida representa apenas «una gota en el medio del mar» frente a los problemas que atraviesa la economía.
De acuerdo con su análisis, el sistema financiero enfrenta dificultades porque las empresas consideradas financieramente saludables no necesariamente buscan crédito en un escenario de bajo consumo, mientras que aquellas con mayores problemas son las que más necesitan financiamiento.
«El banquero se da cuenta que el sano no le pide y el insano le pide; y al insano lo único que puede hacer es reestructurarlo», afirmó.
Finalmente, Melconian pidió una explicación sobre cómo se resolverán los desequilibrios estructurales de la economía más allá de los ingresos extraordinarios que pueda generar Vaca Muerta.
«¿Cómo piensan resolver esta ecuación? No me diga más de la oportunidad argentina y de Vaca Muerta, dígame cómo va a resolver esto», sostuvo.
Melconian cuestionó la evolución de la inflación, el nivel del dólar y la capacidad del crédito para reactivar la economía argentina. Según su análisis, la inflación estructural se mantiene entre 1,8% y 2,3% mensual, mientras el superávit comercial es absorbido por la demanda de divisas. También advirtió sobre el deterioro del poder adquisitivo.
Para Melconian, la economía argentina continúa protagonizando esa disciplina nacional en la que todos miran el mismo tablero y encuentran motivos distintos para preocuparse. La inflación bajó respecto de etapas anteriores, pero el economista considera que todavía circula demasiado rápido como para organizarle una despedida con globos y discurso presidencial. Según su estimación, el componente estructural permanece entre 1,8% y 2,3% mensual y puede acercarse al 3% cuando algunos precios regulados deciden recordar que también participan del índice.
El problema, sostiene, es que mientras las estadísticas buscan una velocidad crucero, salarios y jubilaciones corren detrás con una mochila considerable. En su lectura, el Gobierno enfrenta una decisión incómoda: tolerar cierto nivel de inflación para intentar acomodar la actividad económica, una especie de equilibrio en el que tocar demasiado una variable puede hacer que otra empiece a emitir sonidos preocupantes.
Después aparece el dólar, eterno protagonista invitado incluso cuando nadie lo menciona. Melconian señala que un superávit comercial de USD 25.000 millones termina encontrándose frente a una demanda privada de divisas por una cifra similar. Turismo, tarjetas, ahorro y colchones participan entonces de una coreografía en la que las divisas entran por una puerta y buena parte encuentra rápidamente una salida.
El crédito en dólares tampoco recibió entusiasmo desbordante. Para el economista, permitir préstamos a empresas no exportadoras puede ayudar, pero no alcanza para destrabar una economía donde las compañías saludables no necesariamente quieren endeudarse porque falta demanda. En términos financieros: se abrió otra canilla, pero Melconian sostiene que el problema sigue siendo determinar quién quiere tomar agua y quién puede pagarla después.