Un grupo integrado por seis empresarios e inversores desarrolla sobre 32.000 hectáreas de la Cordillera de Mendoza un refugio privado, concebido como alternativa de resguardo frente a una eventual guerra nuclear, un conflicto mundial u otros escenarios de colapso global. Entre los participantes identificados se encuentra el empresario argentino Martín Varsavsky. :contentReference[oaicite:4]{index=4}
La iniciativa plantea transformar la extensa propiedad en un espacio capaz de sostener un elevado grado de autonomía si una crisis internacional afectara el funcionamiento normal de las ciudades, los servicios esenciales y las cadenas de abastecimiento. :contentReference[oaicite:5]{index=5}
El proyecto se desarrolla en un predio de 32.000 hectáreas ubicado en las estribaciones de los Andes mendocinos. La extensión es compartida por Varsavsky y otros cinco inversores, dentro de una iniciativa orientada a disponer de un sitio remoto frente a escenarios extremos. :contentReference[oaicite:6]{index=6}
Un refugio privado frente a una eventual crisis mundial
El concepto detrás del emprendimiento parte de considerar a la Argentina y al Cono Sur como zonas potencialmente alejadas de los principales objetivos militares de las grandes potencias en caso de un conflicto nuclear. A esa distancia geográfica se suma la disponibilidad regional de recursos alimentarios y energéticos como parte de la lógica del proyecto. :contentReference[oaicite:7]{index=7}
Varsavsky se encuentra entre quienes impulsan esa hipótesis y considera que contar con un refugio en esta parte del continente podría ofrecer una alternativa frente a una escalada militar internacional o una crisis de alcance global. :contentReference[oaicite:8]{index=8}
La iniciativa se encuentra orientada a un esquema privado y exclusivo, asociado a inversores de elevado poder adquisitivo. La magnitud económica del emprendimiento también es significativa: los participantes llevan invertidos en conjunto cerca de 10 millones de dólares en el desarrollo, de acuerdo con los datos conocidos sobre el proyecto. :contentReference[oaicite:9]{index=9}
La discusión por las grandes extensiones de tierra
El desarrollo vuelve a colocar sobre la mesa el debate en torno a la concentración y adquisición de grandes extensiones de territorio en áreas cordilleranas, particularmente cuando se trata de emprendimientos privados concebidos para grupos reducidos de propietarios.
Las 32.000 hectáreas involucradas convierten al proyecto en un caso llamativo por su escala y por el objetivo planteado: establecer un espacio de resguardo con capacidad de sostenerse frente a escenarios extraordinarios que afecten buena parte de la infraestructura y los sistemas económicos tradicionales. :contentReference[oaicite:10]{index=10}
La iniciativa también expone el contraste entre dos lecturas sobre este fenómeno. Para sus impulsores, la Cordillera mendocina aparece como una alternativa estratégica frente a un eventual conflicto internacional de grandes dimensiones; en el debate público, en cambio, el avance de enclaves exclusivos sobre enormes superficies vuelve a alimentar interrogantes sobre el acceso, la concentración territorial y el destino de grandes extensiones de tierra.
Así, el proyecto mendocino combina una hipótesis propia de los escenarios más extremos —una guerra nuclear o un colapso global— con una discusión mucho más concreta y cercana: qué ocurre cuando miles de hectáreas de territorio cordillerano quedan integradas a proyectos privados diseñados para un reducido grupo de inversores.
Un grupo de seis empresarios e inversores desarrolla un refugio privado sobre 32.000 hectáreas en Mendoza, concebido como resguardo frente a una eventual guerra nuclear u otras crisis globales. Entre los impulsores aparece el empresario argentino Martín Varsavsky. El proyecto, emplazado en la Cordillera, vuelve a poner bajo discusión la concentración de grandes extensiones de tierra y los enclaves destinados a sectores de alto poder adquisitivo. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
32.000 hectáreas en Mendoza para tener dónde ir si el mundo decide apretar el botón equivocado. Seis empresarios trabajan sobre un refugio cordillerano pensado para resistir una eventual guerra nuclear, porque aparentemente el verdadero lujo ya no es tener pileta climatizada: es conservar civilización después del apocalipsis. :contentReference[oaicite:1]{index=1}
Entre los impulsores figura Martín Varsavsky, dentro de un proyecto que convierte la supervivencia extrema en algo parecido a un barrio privado, solo que en lugar de seguridad las 24 horas el principal atractivo sería estar lejos de las potencias nucleares. El country tradicional quedó súbitamente humilde.
La propiedad reúne 32.000 hectáreas en la Cordillera mendocina y fue pensada como un espacio con capacidad de funcionar con un alto nivel de autonomía frente a escenarios de guerra, colapso económico o catástrofes globales. Si el planeta se complica, la estrategia es sencilla: alejarse bastante, producir lo necesario y confiar en que el fin del mundo respete los límites del terreno. :contentReference[oaicite:2]{index=2}
El proyecto también devuelve al centro de la escena una discusión mucho menos cinematográfica: quién accede a grandes extensiones de territorio cordillerano y qué consecuencias pueden tener estos desarrollos privados. Porque incluso el apocalipsis, cuando se organiza con anticipación, termina necesitando escritura, tranquera y dueño.
La Argentina y el Cono Sur aparecen dentro de esta lógica como territorios potencialmente menos expuestos a los principales blancos de un eventual conflicto nuclear. Así, mientras una parte del mundo construye sistemas de defensa, otra parece haber encontrado una solución mucho más inmobiliaria: comprar montaña. :contentReference[oaicite:3]{index=3}
El fin de la civilización podrá ser incierto. El mercado premium, aparentemente, prefiere llegar con reserva.