El equilibrio de las cuentas públicas continúa funcionando como uno de los principales pilares del programa económico, incluso frente a importantes vencimientos de deuda.
Sin embargo, los informes de JP Morgan, Santander y Goldman Sachs también marcaron señales de preocupación de cara al segundo semestre. Entre ellas aparecen la debilidad de la recaudación, la pérdida de impulso de la actividad económica y una nueva caída en la confianza de los consumidores.
Uno de los interrogantes planteados por los análisis es si la economía podrá recuperar suficiente dinamismo como para fortalecer los ingresos fiscales y reducir la dependencia del recorte del gasto como principal herramienta para sostener el equilibrio de las cuentas públicas.
El superávit fiscal volvió en julio
En julio, el Sector Público Nacional registró un superávit primario de $2,96 billones. Después del pago de intereses, las cuentas también finalizaron en terreno positivo, con un superávit financiero de $245.000 millones.
JP Morgan, a partir de sus propias estimaciones, ubicó el superávit primario acumulado en 1% del Producto Bruto Interno (PBI) y el resultado financiero en 0,2%.
En los últimos doce meses, el banco estadounidense calculó un superávit primario equivalente al 1,6% del PBI. La medición anualizada correspondiente a los últimos tres meses alcanzó el 1,7%, mientras que el resultado financiero acumulado de doce meses quedó equilibrado.
Para JP Morgan, la reducción adicional del gasto permitió compensar ampliamente la debilidad de los ingresos y reforzó el ancla fiscal del programa económico.
La reducción del gasto volvió a sostener las cuentas
Santander describió el resultado de julio como una mejora de la «tijera fiscal», en referencia a la diferencia entre la evolución de los ingresos y del gasto público.
Los ingresos totales disminuyeron 3% interanual en términos reales. Si bien continuaron en terreno negativo, la contracción fue menor que la registrada durante mayo y junio.
El gasto primario, en cambio, retrocedió 7% real interanual, la mayor reducción desde febrero. Esa diferencia permitió alcanzar tanto el superávit primario como el financiero.
El gasto correspondiente a otros programas sociales cayó 36%, mientras que la Asignación Universal por Hijo fue la excepción, con un incremento real del 4%.
El gasto de capital avanzó 6%, aunque desde niveles reducidos. Dentro de ese rubro, la inversión en infraestructura de transporte creció 9% y la vinculada con energía aumentó 68%.
JP Morgan aportó además una comparación de mayor alcance. Según sus cálculos, el gasto primario se mantiene 29% por debajo del promedio registrado entre 2017 y 2019.
Dentro de esa comparación, el gasto social se ubica 17% por debajo; el consumo público, 33%; los subsidios económicos, 58%; y la inversión de capital, 73%.
En la medición mensual desestacionalizada, el gasto primario cayó 4,4% en julio, luego de haber disminuido 1,4% en junio. La inversión de capital volvió a marcar una excepción y creció 24% mensual después de dos registros fuertemente negativos.
Las señales de alerta que siguen los bancos
La primera advertencia aparece en la composición del resultado fiscal. El superávit se sostiene principalmente porque el gasto disminuye más que los ingresos, y no por una recuperación generalizada de la recaudación.
Santander indicó que la recaudación tributaria cayó 3% real durante julio. Algunos impuestos mostraron un comportamiento más favorable, aunque estuvieron beneficiados por el traslado de vencimientos fiscales hacia ese mes.
El impuesto a las Ganancias de las sociedades aumentó 25% real y Bienes Personales registró una suba del 22%. Para Santander, parte de esa mejora estuvo vinculada con factores estacionales y administrativos que podrían no repetirse durante los próximos meses.
La otra señal de preocupación está relacionada con la pérdida de dinamismo de la actividad económica y la caída de la confianza de los consumidores. Ambos factores podrían afectar la capacidad de recuperación de los ingresos fiscales y condicionar la sostenibilidad del esquema durante el segundo semestre.
Los análisis internacionales colocan así el foco sobre un desafío central para el programa económico: mantener el equilibrio fiscal mientras la recaudación todavía muestra debilidad y la actividad económica enfrenta señales de menor impulso.
Argentina recuperó en julio el superávit financiero, con un resultado positivo de $245.000 millones y un superávit primario de $2,96 billones. JP Morgan, Santander y Goldman Sachs destacaron la mejora fiscal, aunque advirtieron que el resultado depende en gran medida de la reducción del gasto, mientras persisten dudas sobre la recaudación, la actividad económica y la confianza del consumidor.
Wall Street volvió a revisar los números argentinos y encontró algo que durante años tuvo categoría de criatura mitológica: superávit fiscal. En julio, las cuentas públicas terminaron con $245.000 millones de resultado financiero positivo y $2,96 billones de superávit primario, una combinación que consiguió elogios de bancos internacionales acostumbrados a observar la economía local con la misma concentración con la que un técnico desactiva un artefacto sospechoso.
JP Morgan y Santander destacaron que el ajuste del gasto permitió compensar la debilidad de los ingresos. Traducido al lenguaje doméstico, el equilibrio se consiguió porque salió bastante menos dinero, no porque de repente la billetera pública haya comenzado a reproducir billetes durante la noche. La famosa «tijera fiscal» volvió a funcionar: los ingresos retrocedieron 3% interanual en términos reales, pero el gasto primario cayó 7%. La hoja destinada a recortar gastos, por ahora, sigue teniendo más filo que la destinada a aumentar la recaudación.
Los números del ajuste también ofrecen una radiografía considerable: según JP Morgan, el gasto primario está 29% por debajo del promedio de 2017 a 2019, con subsidios económicos 58% abajo e inversión de capital 73% por debajo. La economía consiguió así que la palabra «austeridad» pareciera insuficientemente dramática para describir una planilla en la que algunos rubros parecen haber sido enviados a una dieta diseñada por un contador con vocación monástica.
Pero los bancos no repartieron solamente felicitaciones. La recaudación todavía muestra debilidad y parte de las mejoras tributarias de julio estuvo asociada al desplazamiento de vencimientos. A eso se suma la pérdida de impulso de la actividad económica y una nueva caída de la confianza del consumidor. El desafío del Gobierno será demostrar que el superávit puede sostenerse sin depender eternamente de que el gasto corra más rápido hacia abajo que los ingresos. Porque incluso Wall Street sabe que una tijera puede ordenar una planilla, pero difícilmente funcione como motor de crecimiento.