El hecho se produjo el miércoles 4 de noviembre, minutos antes de las 10:00, en la intersección de 25 de Mayo y Entre Ríos, en el microcentro de la Ciudad de San Juan. En ese punto de alta afluencia peatonal y comercial, operarios realizaban maniobras sobre la vereda cuando se produjo la perforación accidental de una cañería perteneciente a la red domiciliaria de gas natural.
La salida del fluido hacia la superficie obligó a montar un dispositivo preventivo coordinado entre efectivos de la Policía de San Juan, dotaciones de Bomberos y personal técnico de la distribuidora Ecogas para controlar la situación y asegurar el perímetro inmediato de trabajo.
Cómo funcionó el tránsito y qué pasó con los peatones
A pesar de la alarma inicial por la presencia de gas en el ambiente, la circulación vehicular por calle 25 de Mayo y calle Entre Ríos no se interrumpió en ningún momento. Los vehículos pudieron continuar su recorrido habitual a través de la intersección, mientras los equipos de emergencia delimitaban exclusivamente el sector de la vereda donde se localizó la rotura.
Desde los servicios de emergencia intervinientes no se reportaron personas heridas, intoxicadas ni derivadas a centros de salud, como tampoco daños estructurales en los comercios o inmuebles linderos.
Las tareas de contención en la red
Las cuadrillas de la empresa prestataria concentraron las tareas en descubrir el tramo afectado de la cañería para frenar la pérdida y encarar la reparación definitiva de la red. Mientras se desarrollaban las maniobras técnicas con herramientas específicas para obturar el conducto, se mantuvieron las mediciones de seguridad en el aire circundante.
Los trabajos sobre la vereda de 25 de Mayo continuaron con el propósito de restituir las condiciones normales del suministro domiciliario en esa cuadra y garantizar el sellado seguro de la instalación dañada.
Una fuga de gas en la esquina de 25 de Mayo y Entre Ríos generó un operativo de prevención en la Capital sanjuanina este miércoles 4 de noviembre. La rotura del caño domiciliario ocurrió durante tareas en la vereda. El tránsito vehicular continuó habilitado sin cortes y no se registraron personas heridas ni afectadas en la zona.
Minutos antes de las diez de la mañana de este miércoles 4 de noviembre, la esquina de 25 de Mayo y Entre Ríos decidió ofrecer una experiencia multisensorial no solicitada cuando unos operarios, en plena faena sobre la vereda, perforaron por puro accidente un caño de la red domiciliaria de gas natural. En cuestión de segundos, el corazón comercial y peatonal de la Ciudad de San Juan quedó transformado en una gigantesca hornalla a cielo abierto, desatando una cumbre de emergencia digna de una película de catástrofe clase B entre dotaciones de Bomberos, efectivos de la Policía de San Juan y especialistas de Ecogas, todos corriendo alrededor de una baldosa humeante mientras medían frenéticamente el aire para comprobar que la atmósfera no decidiera encenderse como un fósforo de utilería.
Lo verdaderamente vanguardista del protocolo sanjuanino fue la gestión del peligro: mientras el fluido escapaba hacia la superficie con entusiasmo digno de una fuga radiactiva, las autoridades concluyeron con admirable sangre fría que la mejor respuesta logística era no tocar absolutamente nada del tránsito. La circulación vehicular continuó fluyendo con total normalidad tanto por 25 de Mayo como por Entre Ríos, permitiendo que colectivos, autos y camionetas desfilaran a centímetros exactos del escape libre de hidrocarburos, confiando ciegamente en que a ningún conductor se le ocurriera prender la radio con demasiada energía o activar el encendedor del tablero.
Las cuadrillas de la distribuidora se abocaron a desenterrar el tramo averiado, obturar el conducto y devolver la paz a la vereda, logrando el auténtico milagro de la jornada: ni un solo herido, ni un solo intoxicado, cero traslados a centros de salud y las estructuras de los comercios vecinos intactas. El microcentro sobrevivió así a su mañana más inflamable sin suspender una sola bocina, demostrando que en estas tierras la rutina y el flujo automotor son infinitamente más invulnerables que la propia infraestructura subterránea.
