San Juan y Mendoza aparecen entre las 50 ciudades con mayor riesgo sísmico del mundo, de acuerdo con un índice elaborado por QPASA que analiza la amenaza tectónica junto con la exposición de población e infraestructura y la vulnerabilidad de las construcciones.
El relevamiento establece que el riesgo frente a un terremoto no depende exclusivamente de la presencia de fallas geológicas o de la intensidad potencial de un movimiento. También intervienen factores vinculados con la densidad poblacional, la infraestructura expuesta y, especialmente, la capacidad de las edificaciones para resistir un evento de magnitud.
En ese escenario, 24 de las 50 ciudades incluidas en el ranking se encuentran en América Latina. Dentro de Argentina, Mendoza y San Juan son las dos jurisdicciones que aparecen en la clasificación.
Mendoza ocupa el puesto 42, con una puntuación de 10 sobre 15, dentro de la zona sísmica 4. Entre los antecedentes considerados aparece el histórico terremoto de 1861, uno de los episodios más significativos de su historia sísmica.
Por su parte, San Juan se encuentra en el puesto 49, con 9 puntos sobre 15. Su ubicación responde a las características sísmicas de la provincia y a sus antecedentes históricos, entre ellos el devastador terremoto de 1944.
El contraste regional: Lima lidera el riesgo y Chile muestra la importancia de la prevención
El índice coloca a Lima y el Callao, en Perú, en el primer puesto mundial, con la máxima calificación posible: 15 puntos sobre 15. Según el análisis, la capital peruana combina 280 años de silencio sísmico y acumulación de energía frente a sus costas con un 70% de edificación informal levantada sobre suelos frágiles.
Uno de los casos destacados es Tokio, que aparece en el puesto 17. Aunque la capital japonesa enfrenta uno de los mayores peligros tectónicos del planeta, su posición final mejora por la aplicación de estrictos estándares de ingeniería sismorresistente, el uso extendido de aisladores sísmicos y la preparación permanente de la población.
Una situación comparable presenta Santiago de Chile, ubicada en el puesto 28. La capital chilena enfrenta una elevada amenaza vinculada con la subducción, pero compensa parte de ese peligro mediante códigos de construcción estrictos y fiscalizados.
Cómo se elaboró el índice de riesgo sísmico
La metodología asigna a cada ciudad una puntuación de 1 a 5 en tres variables: Peligro Tectónico, Exposición y Vulnerabilidad. La suma determina una escala total que oscila entre 3 y 15 puntos.
El estudio remarca una diferencia central para interpretar correctamente sus resultados: se trata de un cálculo de riesgo y no de una predicción sísmica. El índice evalúa las posibles consecuencias que podría enfrentar una ciudad ante un terremoto a partir de sus condiciones tectónicas, demográficas, urbanas y constructivas, pero no establece cuándo ocurrirá un movimiento.
Para confeccionar la clasificación se cruzaron datos provenientes de instituciones geofísicas de distintos países y organismos especializados. Entre ellos se encuentran el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) de Argentina, el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) y el Global Earthquake Model (GEM).
También fueron considerados datos del Instituto Geofísico del Perú (IGP) y el INDECI, el Servicio Geológico Colombiano, el Servicio Sismológico Nacional de México, el Comité Oficial de Investigación Sísmica de Japón, PHIVOLCS de Filipinas e INTEC de República Dominicana.
La presencia de San Juan y Mendoza en el listado refleja así una combinación de amenaza tectónica, exposición y vulnerabilidad. Al mismo tiempo, los casos de Tokio y Santiago de Chile muestran el peso que adquieren la ingeniería sismorresistente, las normas de construcción y la preparación de la población al momento de reducir las consecuencias potenciales de un terremoto.
Un índice elaborado por QPASA ubicó a San Juan y Mendoza entre las 50 ciudades con mayor riesgo sísmico del mundo. Mendoza quedó en el puesto 42, con 10 puntos sobre 15, y San Juan en el 49, con 9. El estudio combina peligro tectónico, exposición y vulnerabilidad de las construcciones, y aclara que mide riesgo, no predice terremotos.
San Juan quedó 49° entre las ciudades con mayor riesgo sísmico del planeta y Mendoza, 42°. No es exactamente el ranking internacional en el que una provincia espera encontrar su nombre, pero la cordillera decidió volver a recordar que debajo del paisaje también hay asuntos pendientes.
El índice no pregunta cuántos cerros aparecen en la postal: combina peligro tectónico, cantidad de población e infraestructura expuesta y vulnerabilidad de las construcciones. Es una especie de tabla de posiciones donde sumar puntos no sirve para clasificar a una copa, sino para confirmar que conviene haber hecho bien las columnas.
Mendoza obtuvo 10 puntos sobre 15 y San Juan, 9. Ambas cargan además con antecedentes que convierten cualquier exceso de confianza en una estrategia comparable con comprar un Fiat 147 y asumir que el cinturón de seguridad es un accesorio decorativo: el terremoto mendocino de 1861 y el devastador sismo sanjuanino de 1944 siguen formando parte de la memoria histórica.
La comparación internacional muestra, sin embargo, que vivir sobre una amenaza tectónica elevada no obliga automáticamente a ocupar el podio. Tokio aparece recién en el puesto 17 pese a su enorme peligro sísmico, mientras Santiago de Chile ocupa el 28 gracias, entre otros factores, a códigos de construcción estrictos y fiscalizados. La geología reparte las cartas; después cada ciudad decide si construye una estrategia o un castillo de naipes.
Lima y el Callao encabezan el ranking con 15 puntos sobre 15, combinando décadas de acumulación de energía sísmica frente a sus costas, alta exposición y una elevada proporción de construcciones informales sobre terrenos frágiles. América Latina, además, concentra 24 de las 50 ciudades incluidas.
QPASA aclara algo fundamental: el ranking calcula riesgo y no anuncia cuándo ocurrirá un terremoto. Porque una cosa es medir vulnerabilidades con datos y otra bastante distinta es pedirle fecha y hora a una placa tectónica.