El peronismo busca que el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, vuelva al Senado para brindar explicaciones sobre la ubicación del oro de las reservas y las operaciones realizadas con esos activos, luego de que surgieran diferencias entre sus declaraciones ante los legisladores y la información difundida posteriormente sobre el lugar donde están almacenados físicamente los lingotes.
La semana pasada, ante una pregunta directa de la senadora peronista Juliana Di Tullio sobre el destino de las reservas en oro, Bausili afirmó: «Se trasladó y se depositó en el BIS, en Suiza, que es donde sigue estando».
Sin embargo, posteriormente trascendió que fuentes del Banco Central reconocieron que los lingotes se encuentran físicamente almacenados en las bóvedas del Banco de Inglaterra, en Londres, mientras que su titularidad o depósito financiero estaría registrado en una cuenta vinculada al Banco de Pagos Internacionales (BIS), cuya sede se encuentra en Suiza.
De acuerdo con esa explicación, el BIS sería responsable de la custodia o administración contable de la operación, aunque el metal permanecería físicamente en territorio británico.
La diferencia abrió una nueva controversia porque Bausili había señalado ante el Congreso que el oro había sido depositado «en Suiza, donde sigue estando». La información posterior distingue entre la ubicación física de los lingotes y la institución financiera encargada de administrar o registrar esos activos.
El peronismo reclama que Bausili vuelva al Senado
La senadora Juliana Di Tullio cuestionó públicamente al presidente del Banco Central y el bloque peronista presentó un pedido formal para que vuelva a la Cámara alta y rinda informes «de forma verbal, detallada y documentada» sobre el destino del oro.
La oposición considera que Bausili incurrió en inconsistencias durante su exposición ante la Comisión de Presupuesto, donde defendió la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
La controversia adquirió además una dimensión política por la ubicación física de los lingotes en Londres, en momentos en que el Gobierno endureció su discurso sobre Malvinas y anunció posibles medidas contra empresas vinculadas con actividades que considere contrarias a los derechos soberanos argentinos.
Las operaciones financieras que están bajo la lupa
Además de la discusión sobre la ubicación del oro, distintas publicaciones periodísticas señalaron que parte de los lingotes habría sido utilizada en operaciones financieras que podrían haber generado pérdidas cercanas a los US$1.000 millones.
Según esas reconstrucciones, aproximadamente mil lingotes fueron enviados a Londres y utilizados en al menos dos operaciones: un repo y una posición vinculada con futuros.
Una de esas operaciones habría resultado perjudicada por el fuerte aumento del precio internacional del oro. La onza se ubicaba alrededor de los US$2.000 cuando comenzaron los movimientos en 2024 y posteriormente más que duplicó su cotización.
De acuerdo con la información difundida, el Banco Central habría comprometido parte del oro en operaciones que podían obligarlo a recomprar el metal o responder por determinadas posiciones financieras. Con el aumento de la cotización, esa estrategia habría generado pérdidas.
Estas operaciones todavía forman parte de cuestionamientos y revisiones pendientes, por lo que las eventuales pérdidas y su magnitud no cuentan aún con una determinación definitiva de los organismos de control.
Las auditorías y otro punto cuestionado
Durante su exposición ante el Senado, Bausili también sostuvo que las auditorías interna, externa y de la Auditoría General de la Nación correspondientes a 2023, 2024 y 2025 estaban terminadas «sin observaciones».
Sin embargo, la Auditoría General de la Nación aclaró posteriormente que la revisión específica vinculada con la trazabilidad del oro continúa abierta y que los estados contables correspondientes a 2025 tampoco están concluidos.
En el análisis de las cuentas de 2025, la AGN habría solicitado al Banco Central identificar por separado las pérdidas vinculadas con operaciones realizadas con oro, con el objetivo de determinar su naturaleza y su impacto.
Según las versiones difundidas, el BCRA no habría aceptado presentar la información de esa manera y la oposición busca incorporar ese punto a los pedidos de informes y a las actuaciones judiciales relacionadas con el caso.
Di Tullio sostiene además que el oro habría sido utilizado como garantía en operaciones financieras y que esa posibilidad no estaba autorizada bajo la legislación vigente. La acusación todavía no fue acreditada por la AGN y constituye uno de los aspectos que la oposición pretende esclarecer.
La discusión se vincula directamente con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. El artículo 13 del proyecto aprobado en Diputados reemplaza el actual artículo 33 y establece expresamente que los activos externos, incluido el oro, podrán ser utilizados «como garantía en operaciones propias de banca central».
La modificación generó interpretaciones acerca de si la nueva redacción busca otorgar un marco legal más explícito a este tipo de operaciones en el futuro.
La discusión sobre la confidencialidad
Bausili sostuvo también que las operaciones requerían confidencialidad porque revelar determinados datos podría permitir que el mercado se anticipara y tomara posiciones perjudiciales para el Banco Central.
La oposición cuestiona que ese argumento pueda aplicarse de la misma manera a la ubicación física, la cantidad y la situación jurídica de los lingotes.
Una operación financiera puede requerir reserva sobre precios, plazos, contrapartes o condiciones contractuales, pero la discusión abierta en el Senado apunta ahora a determinar qué información estaba protegida, qué operaciones fueron realizadas y cuál fue el destino concreto del oro.
La confidencialidad también quedó bajo discusión porque el primero en confirmar públicamente que los lingotes habían salido del país fue el ministro de Economía, Luis Caputo.
Caputo explicó en su momento que mantener el oro inmovilizado en las bóvedas del BCRA era comparable con tener «un inmueble adentro» y sostuvo que colocarlo en el exterior permitía obtener un rendimiento financiero.
La intervención del ministro añadió otra discusión institucional, ya que la administración de las reservas corresponde al Banco Central, mientras el Gobierno impulsa una reforma de su Carta Orgánica que busca reforzar la autonomía de la entidad respecto del Poder Ejecutivo.
La controversia por el oro pasó así de una discusión centrada exclusivamente en su ubicación a un debate mucho más amplio. La oposición reclama conocer dónde están físicamente los lingotes, qué cantidad fue enviada al exterior, qué operaciones se realizaron, qué garantías fueron constituidas, quiénes fueron las contrapartes y cuál fue el resultado económico para el Banco Central.
El bloque peronista en el Senado pidió volver a citar al presidente del Banco Central, Santiago Bausili, para que explique la ubicación y las operaciones realizadas con el oro de las reservas. La oposición cuestiona diferencias entre su exposición ante la Cámara alta y datos posteriores sobre lingotes almacenados físicamente en Londres, además de reclamar precisiones sobre auditorías y eventuales pérdidas financieras.
El oro del Banco Central consiguió una hazaña que pocos activos financieros pueden exhibir: estar, según quién responda, en Suiza y en Londres al mismo tiempo. Santiago Bausili dijo ante el Senado que había sido depositado en el BIS, “en Suiza, que es donde sigue estando”, pero luego surgió que los lingotes estarían físicamente en las bóvedas del Banco de Inglaterra mientras su administración financiera estaría vinculada al BIS. Una arquitectura suficientemente sofisticada como para que Schrödinger abandone el gato y abra una cuenta comitente.
El peronismo quiere que Bausili vuelva al Senado y esta vez lleve, además de explicaciones técnicas, algo parecido a un GPS para metales preciosos. El problema ya no pasa únicamente por determinar en qué país duermen los lingotes, sino por saber qué operaciones se hicieron con ellos, qué garantías habrían respaldado y por qué distintas versiones periodísticas señalan una pérdida cercana a los US$1.000 millones. Todo esto mientras la Auditoría General de la Nación mantiene abierta una revisión específica sobre la trazabilidad del oro, detalle poco compatible con la tranquilidad administrativa que suele sugerir la frase “sin observaciones”.
La historia incorpora además un elemento de comedia institucional involuntaria: mientras el Gobierno impulsa una reforma para reforzar la autarquía del Banco Central, fue Luis Caputo quien confirmó públicamente que el oro había salido del país y explicó las razones financieras de la decisión. La independencia monetaria argentina, al parecer, podría describirse como esa etapa de la adolescencia en la que uno asegura manejarse solo mientras alguien desde otra habitación explica qué hizo con sus cosas.
La ubicación en Londres agrega otra capa al asunto en momentos de renovada tensión discursiva con el Reino Unido por Malvinas. Así, el oro argentino terminó protagonizando simultáneamente una discusión financiera, institucional, parlamentaria y geopolítica. Faltaría solamente que uno de los lingotes solicite declarar ante la Comisión de Presupuesto para convertirse oficialmente en el actor más transparente de toda la trama.