El precio de la nafta en la Argentina podría registrar una baja por primera vez desde el inicio del conflicto en Medio Oriente. Con el esquema de amortiguación de precios impulsado por YPF próximo a vencer a fines de junio, referentes del sector energético sostienen que existe margen para una reducción en los surtidores, ya que el valor que actualmente pagan los consumidores se encuentra por encima de la cotización vigente del petróleo en los mercados internacionales.
El mecanismo de amortiguación fue implementado por YPF, que concentra más del 55% del mercado de combustibles, y luego fue replicado por el resto de las petroleras. Su objetivo fue evitar que las fuertes variaciones del barril Brent derivadas del conflicto entre Estados Unidos e Irán se trasladaran de manera directa al precio de los combustibles y generaran un impacto adicional sobre la inflación.
Cómo funcionó el esquema de amortiguación
El sistema comenzó a regir el 1 de abril y fue prorrogado el pasado 14 de mayo por otros 45 días, plazo que concluye a fines de este mes. Gracias a esa herramienta, el valor de la nafta súper logró mantenerse alrededor de los $2000 por litro entre abril y junio.
Sin embargo, las compañías habían advertido desde el inicio que, si bien el mecanismo permitiría amortiguar las subas internacionales, una eventual caída del petróleo no se reflejaría automáticamente en los surtidores. Antes, la cadena de refinación debía recuperar parte de los márgenes resignados durante el período de mayor tensión internacional.
Tras el anuncio de un principio de acuerdo entre Washington y Teherán, el barril Brent inició una corrección significativa. Primero cayó más de un 5% hasta ubicarse cerca de los USD 82, su nivel más bajo en tres meses. Actualmente ronda los USD 73, impulsado por las expectativas de una reapertura del estrecho de Ormuz y por el cese del fuego entre los actores involucrados en el conflicto.
Qué dicen los especialistas
Según fuentes de la industria, el precio interno de los combustibles todavía refleja una cotización del crudo superior a la actual. Por eso, una vez que las refinadoras recuperen los márgenes acumulados en las denominadas «cuentas compensadoras», la baja internacional del petróleo podría trasladarse a los consumidores sin afectar la rentabilidad de la cadena.
Un informe de la consultora Empiria, elaborado con datos del Indec, analizó la relación entre el precio mayorista de los combustibles y el valor del crudo entre marzo de 2023 y abril de 2026. Sobre una base de 100 puntos, el índice alcanzó 131 en enero de 2026 y luego descendió hasta 100 en abril, reflejando una reducción progresiva del margen. En mayo, la caída se detuvo debido a que combustibles y petróleo aumentaron a un ritmo similar en pesos.
“Hacia adelante, si el crudo internacional corrige a la baja tras un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, la mejora del margen podría venir más por una caída del costo del crudo que por nuevos aumentos de combustibles”, comentó Santiago Capdevila, analista económico especializado en energía de Empiria.
Los plazos que maneja el mercado
Daniel Dreizzen, director de Aleph Energy, consideró que aun con una baja sostenida del petróleo los precios en los surtidores no disminuirían en el corto plazo. Según estimó, el plazo mínimo para que eso ocurra sería de aproximadamente dos meses.
El especialista explicó que la velocidad del ajuste dependerá del nivel en que se estabilice el Brent. Si el barril se mantiene cerca de los USD 70, el período de compensación podría acortarse. En cambio, si se consolida entre los USD 80 y USD 90, el proceso se extendería.
Por el momento, el sector mantiene una posición de cautela. La estabilidad reciente del crudo es vista como una oportunidad para evaluar los próximos pasos sin presiones adicionales. “Si hay mucha volatilidad en el precio, todo se complica”, resumió una fuente de la industria.
Cualquier modificación en los surtidores, ya sea una baja o una nueva corrección alcista, dependerá en gran medida de que el entendimiento alcanzado entre Estados Unidos e Irán logre sostenerse en el tiempo y mantenga bajo control las tensiones que influyen sobre el mercado energético global.
El esquema de amortiguación de precios que YPF implementó en abril para contener el impacto de la volatilidad internacional del petróleo vence a fines de junio. Con el barril Brent en descenso tras señales de distensión entre Estados Unidos e Irán, referentes del sector energético consideran que existe margen para una eventual baja en el precio de los combustibles, aunque advierten que no sería inmediata.
La nafta podría bajar después de meses de hacer exactamente lo contrario. Una posibilidad que, en la Argentina, genera más expectativa que una oferta de celulares sin letra chica.
Durante tres meses, el surtidor funcionó como esos comerciantes que prefieren perder algo hoy para no espantar a los clientes mañana. El petróleo subía, el conflicto escalaba y las petroleras absorbían parte del golpe. Una especie de paraguas financiero desplegado en medio de una tormenta geopolítica que tenía más protagonistas que una saga de superhéroes.
El mecanismo tenía una condición escrita en letra visible: si el petróleo seguía subiendo, el consumidor no iba a sentir todo el impacto. Pero si después bajaba, tampoco iba a recibir el descuento de inmediato. Primero había que recuperar lo resignado. Como el almacenero que te fía durante meses y después recuerda cada paquete de fideos con precisión de auditor internacional.
Ahora el Brent cayó desde niveles cercanos a los USD 82 hasta rondar los USD 73. El mercado internacional aflojó la tensión y apareció una palabra casi exótica en la conversación energética: margen. No margen para aumentar. Margen para bajar.
La cuestión es que entre el barril que cotiza en Londres y la manguera que despacha combustible hay una cadena completa de refinación, impuestos, logística y cuentas pendientes. Porque las famosas cuentas compensadoras suenan a planilla de Excel, pero funcionan más como una alcancía que primero hay que volver a llenar.
Los analistas coinciden en que el escenario cambió. Ya no se discute cuánto podría subir la nafta si el conflicto empeora, sino cuánto tiempo tardaría en reflejarse una baja si la calma se mantiene. Y en el sector nadie parece dispuesto a correr. La paciencia, cuando se trata de combustibles, suele viajar en primera clase.
Por eso las expectativas crecen más rápido que las certezas. El acuerdo entre Washington y Teherán todavía debe demostrar que puede sobrevivir al calendario, mientras las petroleras observan la cotización del Brent con la misma atención que un automovilista mira el tablero cuando se enciende la luz de reserva.
La paradoja es impecable: durante meses el sistema evitó que el aumento internacional llegara completo al bolsillo. Ahora busca evitar que la baja llegue demasiado rápido a la caja de las refinadoras. El equilibrio perfecto entre economía, geopolítica y paciencia obligatoria. El país donde el precio baja cuando termina de ponerse al día con el precio que ya había bajado.