El director ejecutivo del PAMI, Esteban Leguizamo, y el subdirector del organismo, Carlos Zamparolo, presentaron su renuncia a los cargos. Sin embargo, el Ministerio de Salud aún no las aceptó, por lo que ambos continúan formalmente en funciones mientras se define la situación administrativa.
Una crisis que se profundiza
Leguizamo y Zamparolo integran el círculo de confianza del ministro de Salud, Mario Lugones, y fueron piezas centrales en la conducción del Instituto desde la conformación del actual esquema de gestión. La presentación de las renuncias ocurre en un contexto de fuertes tensiones internas que afectan desde hace meses el funcionamiento cotidiano del organismo.
Entre los principales problemas que atraviesa el PAMI se encuentran un programa de retiros voluntarios con menor adhesión a la prevista, la reducción de estructuras gerenciales que generó incertidumbre entre los cargos jerárquicos y una creciente parálisis operativa que, según distintas fuentes internas, impacta sobre la gestión diaria.
Reclamos y reconfiguración del poder
A este escenario se suman los reclamos de prestadores por deudas y demoras en la actualización de los valores de las prestaciones, una situación que incrementó las tensiones con el Ministerio de Economía y provocó diferencias dentro del área de Salud. De acuerdo con testimonios de fuentes internas, «Está todo paralizado», reflejando el clima que predomina dentro del organismo.
En paralelo, María Florencia Zicavo, designada como síndica general en abril de 2026 y con antecedentes en el Ministerio de Justicia, fue adquiriendo un papel cada vez más relevante en la conducción operativa del PAMI. Su influencia creció junto a la incorporación de otros funcionarios provenientes de esa cartera y coincidió con el desplazamiento de distintos gerentes y una nueva distribución del poder interno.
Mientras el Ministerio de Salud define si acepta o rechaza las renuncias de las máximas autoridades, el PAMI continúa atravesando un proceso de cambios internos marcado por la incertidumbre, las dificultades operativas y la necesidad de recomponer el funcionamiento de uno de los organismos más sensibles del sistema de salud argentino.
El director ejecutivo del PAMI, Esteban Leguizamo, y el subdirector Carlos Zamparolo presentaron su renuncia, aunque el Ministerio de Salud todavía no las aceptó. La decisión se produce en medio de una crisis interna marcada por dificultades operativas, reclamos de prestadores, cambios en la estructura de conducción y una creciente reconfiguración del poder dentro del organismo.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Dos de las principales autoridades del PAMI presentaron la renuncia el mismo día. Pero el problema no fue la salida: fue que el organismo ya venía funcionando como si alguien hubiera dejado el trámite en «pendiente» hace meses.
Cuando una obra social que administra la cobertura de millones de jubilados empieza a acumular retiros voluntarios que no convencen, gerencias que desaparecen, prestadores que reclaman pagos y oficinas donde la respuesta más repetida es «está todo paralizado», la escena se parece menos a una reorganización y más a ese supermercado donde cambiaron tres veces la caja rápida y la fila sigue igual de larga.
Mientras las renuncias esperan una respuesta formal, el mapa interno también cambió de manos. Los cargos se reacomodan, nuevos funcionarios ganan espacio y otros pierden influencia en una estructura que parece haber convertido el organigrama en un rompecabezas donde las piezas cambian de lugar antes de que termine de imprimirse el instructivo.
En paralelo, los prestadores continúan reclamando por deudas y demoras en la actualización de los valores de las prestaciones. El conflicto ya excede los pasillos del PAMI y alcanza a otras áreas del Gobierno, donde las diferencias por los recursos y la administración del sistema sanitario vienen sumando capítulos desde hace meses.
Las renuncias todavía no fueron aceptadas. En un organismo atravesado por una crisis de gestión, hasta irse quedó sujeto a revisión. El expediente más difícil parece ser el de encontrar quién tiene la lapicera.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El director ejecutivo del PAMI, Esteban Leguizamo, y el subdirector del organismo, Carlos Zamparolo, presentaron su renuncia a los cargos. Sin embargo, el Ministerio de Salud aún no las aceptó, por lo que ambos continúan formalmente en funciones mientras se define la situación administrativa.
Una crisis que se profundiza
Leguizamo y Zamparolo integran el círculo de confianza del ministro de Salud, Mario Lugones, y fueron piezas centrales en la conducción del Instituto desde la conformación del actual esquema de gestión. La presentación de las renuncias ocurre en un contexto de fuertes tensiones internas que afectan desde hace meses el funcionamiento cotidiano del organismo.
Entre los principales problemas que atraviesa el PAMI se encuentran un programa de retiros voluntarios con menor adhesión a la prevista, la reducción de estructuras gerenciales que generó incertidumbre entre los cargos jerárquicos y una creciente parálisis operativa que, según distintas fuentes internas, impacta sobre la gestión diaria.
Reclamos y reconfiguración del poder
A este escenario se suman los reclamos de prestadores por deudas y demoras en la actualización de los valores de las prestaciones, una situación que incrementó las tensiones con el Ministerio de Economía y provocó diferencias dentro del área de Salud. De acuerdo con testimonios de fuentes internas, «Está todo paralizado», reflejando el clima que predomina dentro del organismo.
En paralelo, María Florencia Zicavo, designada como síndica general en abril de 2026 y con antecedentes en el Ministerio de Justicia, fue adquiriendo un papel cada vez más relevante en la conducción operativa del PAMI. Su influencia creció junto a la incorporación de otros funcionarios provenientes de esa cartera y coincidió con el desplazamiento de distintos gerentes y una nueva distribución del poder interno.
Mientras el Ministerio de Salud define si acepta o rechaza las renuncias de las máximas autoridades, el PAMI continúa atravesando un proceso de cambios internos marcado por la incertidumbre, las dificultades operativas y la necesidad de recomponer el funcionamiento de uno de los organismos más sensibles del sistema de salud argentino.
El director ejecutivo del PAMI, Esteban Leguizamo, y el subdirector Carlos Zamparolo presentaron su renuncia, aunque el Ministerio de Salud todavía no las aceptó. La decisión se produce en medio de una crisis interna marcada por dificultades operativas, reclamos de prestadores, cambios en la estructura de conducción y una creciente reconfiguración del poder dentro del organismo.
Dos de las principales autoridades del PAMI presentaron la renuncia el mismo día. Pero el problema no fue la salida: fue que el organismo ya venía funcionando como si alguien hubiera dejado el trámite en «pendiente» hace meses.
Cuando una obra social que administra la cobertura de millones de jubilados empieza a acumular retiros voluntarios que no convencen, gerencias que desaparecen, prestadores que reclaman pagos y oficinas donde la respuesta más repetida es «está todo paralizado», la escena se parece menos a una reorganización y más a ese supermercado donde cambiaron tres veces la caja rápida y la fila sigue igual de larga.
Mientras las renuncias esperan una respuesta formal, el mapa interno también cambió de manos. Los cargos se reacomodan, nuevos funcionarios ganan espacio y otros pierden influencia en una estructura que parece haber convertido el organigrama en un rompecabezas donde las piezas cambian de lugar antes de que termine de imprimirse el instructivo.
En paralelo, los prestadores continúan reclamando por deudas y demoras en la actualización de los valores de las prestaciones. El conflicto ya excede los pasillos del PAMI y alcanza a otras áreas del Gobierno, donde las diferencias por los recursos y la administración del sistema sanitario vienen sumando capítulos desde hace meses.
Las renuncias todavía no fueron aceptadas. En un organismo atravesado por una crisis de gestión, hasta irse quedó sujeto a revisión. El expediente más difícil parece ser el de encontrar quién tiene la lapicera.