El Gobierno nacional avanza con un profundo ajuste en el Correo Argentino que ya se traduce en el cierre de 300 sucursales, miles de retiros voluntarios y un creciente malestar gremial por los bajos salarios. Trabajadores del sector denuncian que el objetivo final es el vaciamiento de la empresa, con un plan que prevé la clausura de 900 oficinas para facilitar su privatización.
La medida ya dejó un tendal de despidos y afecta a numerosas localidades del interior del país, que pierden un servicio considerado esencial. Las provincias de San Luis, Catamarca, Mendoza y Santiago del Estero aparecen entre las más golpeadas por los cierres, que dejan a pueblos enteros desconectados de la red federal de entregas.
El gremio denuncia un plan de vaciamiento
Desde la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOECYT) interpretan esta política como un «achicamiento y vaciamiento» deliberado. «Ellos quieren achicar la empresa para venderla ‘en buenas condiciones’», denuncian en el gremio, al señalar que la reducción de la estructura sería el paso previo a la venta del paquete accionario y de los edificios donde funcionan las sucursales.
El cierre de oficinas no sólo implica la pérdida de puestos de trabajo. También afecta de manera directa a los ciudadanos que residen en localidades alejadas de los grandes centros urbanos, donde el Correo Argentino cumple un rol clave para trámites, envíos, cobros y documentación.
En Villa Manzano, provincia de Neuquén, el cierre definitivo de la sede generó el repudio del intendente local, Daniel Hernández, quien cuestionó la falta de comunicación institucional y destacó los esfuerzos municipales por mantener abierta la oficina.
«Yo ofrecí renovar el comodato, no se pagaba alquiler ni un solo peso en servicios. Todo lo absorbía el municipio. Pero ni siquiera eso alcanzó y la cerraron», lamentó Hernández en declaraciones a la prensa.
Los vecinos de la zona ahora deberán recorrer 60 kilómetros por ruta para llegar a la sucursal más próxima. El intendente expresó el malestar de la comunidad: «Nos duele profundamente porque sabemos lo que representa este cierre: pérdida de un servicio indispensable, incomodidad para los adultos mayores, dificultades para trabajadores, para emprendedores, para quienes necesitan cobrar o enviar documentación».
Cierres en el interior y reemplazo por Puntos Correo
La situación se repite en otras provincias. En Río Negro, las sucursales de Cervantes y Mainqué también fueron cerradas, lo que obliga a los vecinos a trasladarse a otras ciudades para realizar trámites básicos. En Neuquén, la oficina de Senillosa fue desactivada, afectando también a Villa El Chocón y Arroyito, cuyos habitantes ahora deben viajar hasta Plottier o la capital provincial.
En varias localidades, el servicio postal tradicional está siendo reemplazado por «Puntos Correo», que funcionan en locales comerciales privados. La empresa sostiene que busca mantener la presencia operativa con un modelo más flexible.
Sin embargo, desde el gremio cuestionan esta medida al advertir que resulta más costosa que mantener una oficina abierta y que no garantiza la totalidad de los servicios. Vecinos de Ingeniero Luiggi, en La Pampa, ya expresaron su preocupación por la reducción de los días de entrega bajo este nuevo esquema.
Salarios, despidos y retiros voluntarios
El conflicto salarial es otro de los puntos centrales. Los trabajadores del Correo Argentino perciben un salario promedio de 900.000 pesos, mientras que el mínimo se ubica en 700.000 pesos. FOECYT, encabezada por su secretario general Alberto Cejas, reclama un incremento salarial del 15% para recuperar el poder adquisitivo perdido.
La oferta realizada por la empresa estatal fue de apenas un 6,6%, una cifra que el gremio calificó como una «burla». «Estamos hablando de trabajadores que todos los días sostienen un servicio esencial en todo el país y que hoy cobran $700.000», afirmó Cejas.
La Federación ya presentó un pedido formal para la reapertura urgente de las paritarias, al advertir que los salarios se encuentran en el «límite de la indigencia».
El panorama se completa con un fuerte ajuste en el personal. Según los datos denunciados por el gremio, se contabilizan 6.000 retiros voluntarios y 300 despidos en el marco de este plan de achicamiento. Cejas había advertido que «reclamar un salario digno hoy está penado con el despido».
La planta de personal se redujo drásticamente, al pasar de 18.000 a 11.000 empleados. En diciembre, el Correo Argentino incorporó una flota de 240 robots e inteligencia artificial para la clasificación automática de paquetería.
Desde el gremio interpretan esa inversión tecnológica no como una mejora del servicio, sino como una puesta a punto para una futura privatización. «El que la compre va a tener una empresa con la última tecnología incorporada, no va a requerir inversión en modernizar», concluyen desde FOECYT.
El Gobierno nacional avanza con un fuerte ajuste en el Correo Argentino, con 300 sucursales cerradas, miles de retiros voluntarios y creciente tensión gremial. Trabajadores denuncian un plan de vaciamiento que prevé clausurar 900 oficinas para facilitar una privatización, mientras varias localidades del interior quedan sin atención presencial y con servicios postales reducidos.
El Correo Argentino atraviesa una reestructuración tan profunda que, si sigue a este ritmo, pronto enviar una carta desde un pueblo del interior podría requerir pasaporte, vianda y una fe administrativa comparable a la de quien intenta sacar turno en un organismo público un viernes a la tarde. El cierre de 300 sucursales ya dejó a varias localidades mirando el mapa con resignación, calculando cuántos kilómetros deberán recorrer para hacer un trámite que hasta ayer formaba parte de la vida cotidiana.
Desde el gremio lo definen como «achicamiento y vaciamiento», una fórmula que en la Argentina ya suena menos a diagnóstico y más a prólogo de privatización. La sospecha es directa: reducir la empresa, venderla más liviana y dejar en el camino oficinas, trabajadores y usuarios. Es el viejo truco de adelgazar el Estado hasta que parezca una sombra y luego anunciar que, curiosamente, la sombra no funciona. Un clásico nacional, con estampilla propia y firma ilegible.
La postal más dura aparece en los pueblos. En Villa Manzano, Neuquén, el intendente Daniel Hernández contó que el municipio ofrecía sostener el edificio sin cobrar alquiler ni servicios, pero ni siquiera así se evitó el cierre. Ahora los vecinos deberán recorrer 60 kilómetros para llegar a la sucursal más cercana. Para adultos mayores, trabajadores, emprendedores o quienes necesitan enviar documentación, el trámite dejó de ser trámite y pasó a ser excursión obligatoria con destino burocrático.
Mientras tanto, el reemplazo por «Puntos Correo» promete flexibilidad, aunque desde el gremio advierten que no garantiza todos los servicios y hasta podría resultar más costoso. La empresa habla de modernización; los trabajadores, de una puesta en vidriera. Y en el medio aparece la flota de 240 robots con inteligencia artificial, como si el futuro hubiese llegado no para mejorar el servicio, sino para ordenar prolijamente el inventario antes de ponerle moño. El drama postal argentino ya no pregunta si la carta llegó: pregunta si todavía queda oficina para recibirla.
