El Gobierno nacional oficializó este viernes la designación de Emilio Rosatti como juez del Juzgado Federal de Juicio de Santa Fe. La medida fue publicada en el Boletín Oficial mediante el decreto 445/2026, firmado por el presidente Javier Milei y el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques.
Un nombramiento atravesado por el debate político
La designación había quedado envuelta en la discusión política de los últimos días, luego de que el Senado aprobara un paquete de 74 pliegos judiciales. Entre ellos se encontraba el de Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Horacio Rosatti.
De acuerdo con la información oficial, Emilio Rosatti inició su carrera judicial en 2007 como auxiliar en el Juzgado Federal N.º 1 de Santa Fe. Posteriormente se desempeñó como escribiente, prosecretario y secretario electoral dentro del mismo tribunal.
La aprobación de su pliego formó parte de una extensa sesión en la Cámara alta que incluyó negociaciones entre el oficialismo y distintos bloques opositores para destrabar una serie de designaciones judiciales que permanecían pendientes.
Otros nombramientos en la Justicia federal santafesina
En ese mismo proceso también fue aprobado el pliego de la jueza María Victoria Michelli, cuya candidatura había generado controversias luego de que el Gobierno intentara retirarla del tratamiento parlamentario.
Además de Rosatti, el Ejecutivo oficializó este viernes otras dos designaciones en la Justicia federal de Santa Fe. A través del decreto 447/2026, fue nombrado Santiago Joaquín Saux como juez del Juzgado Federal de Primera Instancia de Rafaela.
Por su parte, mediante el decreto 446/2026, se designó a Walter Alberto Rodríguez al frente del Juzgado Federal de Primera Instancia N.º 2 de Santa Fe.
Vacantes cubiertas
Las tres designaciones quedaron formalmente vigentes tras la publicación de los respectivos decretos en el Boletín Oficial y completan parte de las vacantes judiciales que aguardaban definición en la provincia de Santa Fe.
<p>El Gobierno nacional oficializó la designación de Emilio Rosatti como juez del Juzgado Federal de Juicio de Santa Fe, tras la aprobación de su pliego por parte del Senado junto a otros 73 nombramientos judiciales. La medida fue formalizada mediante decreto y se suma a otras dos designaciones en la Justicia federal santafesina.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Un Rosatti fue oficializado como juez federal en Santa Fe. El otro preside la Corte Suprema. La familia ya no necesita árbol genealógico: necesita organigrama.
Emilio Rosatti llegó al Juzgado Federal de Juicio después de que el Senado aprobara 74 pliegos judiciales de una sola vez, como quien compra facturas para toda la oficina y descubre que también venía incluida la llave del edificio. En la Argentina institucional, el combo siempre trae sorpresa.
El dato formal dice que empezó en 2007 como auxiliar en el Juzgado Federal N.º 1 de Santa Fe y que después fue escribiente, prosecretario y secretario electoral. El dato político dice otra cosa: cuando tu apellido coincide con el del presidente de la Corte, hasta el sello de mesa de entradas parece hacer una reverencia.
La sesión del Senado fue de esas donde oficialismo y oposición destraban nombramientos con la naturalidad de un trámite municipal que justo encontró sistema. Setenta y cuatro pliegos aprobados en paquete: más que una decisión institucional, pareció una mudanza judicial con flete incluido.
También apareció el caso de María Victoria Michelli, cuya candidatura había quedado en medio de una controversia porque el Gobierno intentó retirarla del tratamiento parlamentario. Una coreografía de avances, retrocesos y firmas que haría transpirar al encargado de un Registro Civil un viernes a las 12.55.
El Ejecutivo además oficializó a Santiago Joaquín Saux en Rafaela y a Walter Alberto Rodríguez en el Juzgado Federal N.º 2 de Santa Fe. Tres decretos, tres cargos y una provincia que empieza a llenar vacantes como quien completa el álbum antes del Mundial, con algunas figuritas que vienen repetidas de apellido.
La Justicia dice que cubre casilleros. La política dice que hubo acuerdos. El Boletín Oficial dice lo suyo, sin pestañear.
Y el país, mientras tanto, sigue aprendiendo que algunas puertas se abren con llave, otras con expediente y otras con timbre familiar.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El Gobierno nacional oficializó este viernes la designación de Emilio Rosatti como juez del Juzgado Federal de Juicio de Santa Fe. La medida fue publicada en el Boletín Oficial mediante el decreto 445/2026, firmado por el presidente Javier Milei y el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques.
Un nombramiento atravesado por el debate político
La designación había quedado envuelta en la discusión política de los últimos días, luego de que el Senado aprobara un paquete de 74 pliegos judiciales. Entre ellos se encontraba el de Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Horacio Rosatti.
De acuerdo con la información oficial, Emilio Rosatti inició su carrera judicial en 2007 como auxiliar en el Juzgado Federal N.º 1 de Santa Fe. Posteriormente se desempeñó como escribiente, prosecretario y secretario electoral dentro del mismo tribunal.
La aprobación de su pliego formó parte de una extensa sesión en la Cámara alta que incluyó negociaciones entre el oficialismo y distintos bloques opositores para destrabar una serie de designaciones judiciales que permanecían pendientes.
Otros nombramientos en la Justicia federal santafesina
En ese mismo proceso también fue aprobado el pliego de la jueza María Victoria Michelli, cuya candidatura había generado controversias luego de que el Gobierno intentara retirarla del tratamiento parlamentario.
Además de Rosatti, el Ejecutivo oficializó este viernes otras dos designaciones en la Justicia federal de Santa Fe. A través del decreto 447/2026, fue nombrado Santiago Joaquín Saux como juez del Juzgado Federal de Primera Instancia de Rafaela.
Por su parte, mediante el decreto 446/2026, se designó a Walter Alberto Rodríguez al frente del Juzgado Federal de Primera Instancia N.º 2 de Santa Fe.
Vacantes cubiertas
Las tres designaciones quedaron formalmente vigentes tras la publicación de los respectivos decretos en el Boletín Oficial y completan parte de las vacantes judiciales que aguardaban definición en la provincia de Santa Fe.
Un Rosatti fue oficializado como juez federal en Santa Fe. El otro preside la Corte Suprema. La familia ya no necesita árbol genealógico: necesita organigrama.
Emilio Rosatti llegó al Juzgado Federal de Juicio después de que el Senado aprobara 74 pliegos judiciales de una sola vez, como quien compra facturas para toda la oficina y descubre que también venía incluida la llave del edificio. En la Argentina institucional, el combo siempre trae sorpresa.
El dato formal dice que empezó en 2007 como auxiliar en el Juzgado Federal N.º 1 de Santa Fe y que después fue escribiente, prosecretario y secretario electoral. El dato político dice otra cosa: cuando tu apellido coincide con el del presidente de la Corte, hasta el sello de mesa de entradas parece hacer una reverencia.
La sesión del Senado fue de esas donde oficialismo y oposición destraban nombramientos con la naturalidad de un trámite municipal que justo encontró sistema. Setenta y cuatro pliegos aprobados en paquete: más que una decisión institucional, pareció una mudanza judicial con flete incluido.
También apareció el caso de María Victoria Michelli, cuya candidatura había quedado en medio de una controversia porque el Gobierno intentó retirarla del tratamiento parlamentario. Una coreografía de avances, retrocesos y firmas que haría transpirar al encargado de un Registro Civil un viernes a las 12.55.
El Ejecutivo además oficializó a Santiago Joaquín Saux en Rafaela y a Walter Alberto Rodríguez en el Juzgado Federal N.º 2 de Santa Fe. Tres decretos, tres cargos y una provincia que empieza a llenar vacantes como quien completa el álbum antes del Mundial, con algunas figuritas que vienen repetidas de apellido.
La Justicia dice que cubre casilleros. La política dice que hubo acuerdos. El Boletín Oficial dice lo suyo, sin pestañear.
Y el país, mientras tanto, sigue aprendiendo que algunas puertas se abren con llave, otras con expediente y otras con timbre familiar.