Un informe técnico preliminar incorporado al expediente judicial que investiga el caso de la criptomoneda $LIBRA pone en duda aspectos clave de la explicación ofrecida por el presidente Javier Milei sobre el mensaje publicado en redes sociales con el que promocionó el activo digital antes de su abrupto derrumbe.
El análisis fue elaborado por un organismo especializado en cibercrimen de la Policía Federal y sostiene que, al momento de su lanzamiento, la criptomoneda no se encontraba disponible en plataformas centralizadas de compra. Además, concluye que un único actor tenía el “control primario absoluto” sobre los mil millones de unidades emitidas el 14 de febrero de 2025 a las 18.38.
Una billetera con control total de los tokens
Según el informe, la totalidad de los activos creados quedó inicialmente bajo control de una cuenta identificada en la investigación como la billetera fundacional del proyecto, vinculada al equipo encabezado por Hayden Davis.
El documento señala que “[…] al momento de la publicación del token el mismo no se encuentra enlistado en exchanges centralizados, por lo cual los usuarios para el acceso inicial, dependen de la información lanzada del proyecto, o bien del envío desde la dirección inicial que posee los tokens disponibles para su distribución”.
La única plataforma argentina que posteriormente habilitó la compra de $LIBRA fue Ripio, aunque recién a las 21.40 de ese mismo día, varias horas después de la publicación presidencial.
Las declaraciones de Milei bajo análisis
Cuando la criptomoneda quedó envuelta en cuestionamientos por la retirada masiva de fondos y el desplome de su valor, Milei sostuvo en una entrevista que había promocionado una moneda que “era pública”. Sin embargo, nunca detalló cómo obtuvo el contrato alfanumérico de 44 caracteres que permitía adquirir un activo que había sido creado apenas 23 minutos antes y que no figuraba en plataformas de intercambio centralizadas.
En aquella aparición pública, el mandatario también definió a los afectados como “operadores de la volatilidad” y afirmó que para acceder al activo era necesario ser una persona “hiper especializada” y estar “recontra interiorizado” en el funcionamiento del mercado cripto.
El informe policial respalda además lo que había señalado previamente el especialista en criptomonedas Fernando Molina durante su exposición ante la Cámara de Diputados: que el código utilizado para adquirir $LIBRA no estaba disponible públicamente en internet a las 19.01, horario en que fue difundido por Milei.
Peritajes y nuevas evidencias en la causa
La documentación incorporada al expediente se suma a otros elementos de prueba que buscan determinar el grado de conocimiento que tenían distintos actores sobre el lanzamiento del proyecto.
Uno de los peritajes realizados sobre el teléfono de Mauricio Novelli, señalado en la investigación como el lobista local que habría acercado la propuesta al Presidente, reveló que Milei mantuvo comunicaciones telefónicas con él en los minutos previos y posteriores a la publicación del tuit.
Ese día, Novelli se encontraba en Texas, Estados Unidos, junto a Hayden Davis. Posteriormente, el empresario declaró: “No me hagan el enemigo público número 1. No es que yo lo hackeé o algo. Estaba en la sala con gente que representaba al Presidente. Él dijo lo que iba a hacer. Él estaba al teléfono”.
Del mismo peritaje también surgió una imagen con un texto de lectura parcial en el que, según consta en la investigación, se describía un presunto acuerdo por 5 millones de dólares destinado a condicionar la actuación del presidente Milei en redes sociales durante los días previos al lanzamiento de $LIBRA.
<p>Un informe técnico incorporado a la causa judicial por la criptomoneda $LIBRA contradice aspectos centrales de la explicación brindada por el presidente Javier Milei sobre su promoción del activo digital. El documento sostiene que la moneda no estaba disponible en plataformas centralizadas al momento del tuit presidencial y que una única billetera controlaba la totalidad de los tokens emitidos.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En el universo de las criptomonedas hay reglas que cambian cada cinco minutos, inversores que leen gráficos como si fueran jeroglíficos egipcios y proyectos que prometen revolucionar las finanzas globales antes de desaparecer con la velocidad de una oferta de supermercado en día de jubilados. Sin embargo, incluso en ese ecosistema donde lo improbable suele ser rutina, el caso $LIBRA consiguió destacarse por una particularidad notable: cuanto más información aparece, más preguntas genera.
La historia parece escrita por un guionista obsesionado con los detalles técnicos. Una moneda creada a las 18.38. Un tuit presidencial publicado apenas minutos después. Un código alfanumérico de 44 caracteres que no figuraba en plataformas centralizadas. Y una explicación oficial que intentó presentar el episodio como si se tratara de un activo disponible para cualquier especialista dispuesto a lanzarse a las aguas turbulentas de la innovación financiera.
Ahora, el informe preliminar de un organismo especializado en cibercrimen agrega un nuevo capítulo a la novela. Según el análisis, el acceso inicial a $LIBRA dependía de la información difundida por el propio proyecto o de la billetera que concentraba los tokens. Traducido al idioma de quienes todavía pagan con efectivo: no parecía exactamente el producto que uno encuentra en una góndola abierta al público esperando compradores espontáneos.
La situación adquiere un matiz todavía más llamativo porque la discusión ya no gira únicamente alrededor de la volatilidad de una criptomoneda. El expediente comienza a reconstruir una secuencia de contactos, llamados telefónicos y movimientos previos al lanzamiento. Como suele ocurrir en los thrillers políticos, cada dato nuevo obliga a releer la escena anterior y preguntarse si aquello que parecía una coincidencia era realmente una coincidencia.
Mientras la Justicia acumula documentación y peritajes, la causa se mueve entre códigos informáticos, billeteras virtuales y declaraciones cruzadas. Un escenario donde los protagonistas hablan de blockchain, contratos digitales y exchanges, pero donde la pregunta central sigue siendo sorprendentemente tradicional: quién sabía qué, cuándo lo sabía y qué hizo con esa información. El lenguaje puede ser futurista; las sospechas, en cambio, son tan antiguas como la política misma.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Un informe técnico preliminar incorporado al expediente judicial que investiga el caso de la criptomoneda $LIBRA pone en duda aspectos clave de la explicación ofrecida por el presidente Javier Milei sobre el mensaje publicado en redes sociales con el que promocionó el activo digital antes de su abrupto derrumbe.
El análisis fue elaborado por un organismo especializado en cibercrimen de la Policía Federal y sostiene que, al momento de su lanzamiento, la criptomoneda no se encontraba disponible en plataformas centralizadas de compra. Además, concluye que un único actor tenía el “control primario absoluto” sobre los mil millones de unidades emitidas el 14 de febrero de 2025 a las 18.38.
Una billetera con control total de los tokens
Según el informe, la totalidad de los activos creados quedó inicialmente bajo control de una cuenta identificada en la investigación como la billetera fundacional del proyecto, vinculada al equipo encabezado por Hayden Davis.
El documento señala que “[…] al momento de la publicación del token el mismo no se encuentra enlistado en exchanges centralizados, por lo cual los usuarios para el acceso inicial, dependen de la información lanzada del proyecto, o bien del envío desde la dirección inicial que posee los tokens disponibles para su distribución”.
La única plataforma argentina que posteriormente habilitó la compra de $LIBRA fue Ripio, aunque recién a las 21.40 de ese mismo día, varias horas después de la publicación presidencial.
Las declaraciones de Milei bajo análisis
Cuando la criptomoneda quedó envuelta en cuestionamientos por la retirada masiva de fondos y el desplome de su valor, Milei sostuvo en una entrevista que había promocionado una moneda que “era pública”. Sin embargo, nunca detalló cómo obtuvo el contrato alfanumérico de 44 caracteres que permitía adquirir un activo que había sido creado apenas 23 minutos antes y que no figuraba en plataformas de intercambio centralizadas.
En aquella aparición pública, el mandatario también definió a los afectados como “operadores de la volatilidad” y afirmó que para acceder al activo era necesario ser una persona “hiper especializada” y estar “recontra interiorizado” en el funcionamiento del mercado cripto.
El informe policial respalda además lo que había señalado previamente el especialista en criptomonedas Fernando Molina durante su exposición ante la Cámara de Diputados: que el código utilizado para adquirir $LIBRA no estaba disponible públicamente en internet a las 19.01, horario en que fue difundido por Milei.
Peritajes y nuevas evidencias en la causa
La documentación incorporada al expediente se suma a otros elementos de prueba que buscan determinar el grado de conocimiento que tenían distintos actores sobre el lanzamiento del proyecto.
Uno de los peritajes realizados sobre el teléfono de Mauricio Novelli, señalado en la investigación como el lobista local que habría acercado la propuesta al Presidente, reveló que Milei mantuvo comunicaciones telefónicas con él en los minutos previos y posteriores a la publicación del tuit.
Ese día, Novelli se encontraba en Texas, Estados Unidos, junto a Hayden Davis. Posteriormente, el empresario declaró: “No me hagan el enemigo público número 1. No es que yo lo hackeé o algo. Estaba en la sala con gente que representaba al Presidente. Él dijo lo que iba a hacer. Él estaba al teléfono”.
Del mismo peritaje también surgió una imagen con un texto de lectura parcial en el que, según consta en la investigación, se describía un presunto acuerdo por 5 millones de dólares destinado a condicionar la actuación del presidente Milei en redes sociales durante los días previos al lanzamiento de $LIBRA.
En el universo de las criptomonedas hay reglas que cambian cada cinco minutos, inversores que leen gráficos como si fueran jeroglíficos egipcios y proyectos que prometen revolucionar las finanzas globales antes de desaparecer con la velocidad de una oferta de supermercado en día de jubilados. Sin embargo, incluso en ese ecosistema donde lo improbable suele ser rutina, el caso $LIBRA consiguió destacarse por una particularidad notable: cuanto más información aparece, más preguntas genera.
La historia parece escrita por un guionista obsesionado con los detalles técnicos. Una moneda creada a las 18.38. Un tuit presidencial publicado apenas minutos después. Un código alfanumérico de 44 caracteres que no figuraba en plataformas centralizadas. Y una explicación oficial que intentó presentar el episodio como si se tratara de un activo disponible para cualquier especialista dispuesto a lanzarse a las aguas turbulentas de la innovación financiera.
Ahora, el informe preliminar de un organismo especializado en cibercrimen agrega un nuevo capítulo a la novela. Según el análisis, el acceso inicial a $LIBRA dependía de la información difundida por el propio proyecto o de la billetera que concentraba los tokens. Traducido al idioma de quienes todavía pagan con efectivo: no parecía exactamente el producto que uno encuentra en una góndola abierta al público esperando compradores espontáneos.
La situación adquiere un matiz todavía más llamativo porque la discusión ya no gira únicamente alrededor de la volatilidad de una criptomoneda. El expediente comienza a reconstruir una secuencia de contactos, llamados telefónicos y movimientos previos al lanzamiento. Como suele ocurrir en los thrillers políticos, cada dato nuevo obliga a releer la escena anterior y preguntarse si aquello que parecía una coincidencia era realmente una coincidencia.
Mientras la Justicia acumula documentación y peritajes, la causa se mueve entre códigos informáticos, billeteras virtuales y declaraciones cruzadas. Un escenario donde los protagonistas hablan de blockchain, contratos digitales y exchanges, pero donde la pregunta central sigue siendo sorprendentemente tradicional: quién sabía qué, cuándo lo sabía y qué hizo con esa información. El lenguaje puede ser futurista; las sospechas, en cambio, son tan antiguas como la política misma.