Los datos de actividad correspondientes a julio volvieron a encender señales de alerta sobre la recuperación de la economía argentina. La industria y la construcción registraron fuertes caídas mensuales e interanuales, mientras las proyecciones de crecimiento para 2026 fueron revisadas a la baja.

El deterioro de ambos sectores complica el escenario porque el crecimiento de actividades más dinámicas, como el agro, la energía y la minería, ya no resulta suficiente para compensar la debilidad de las ramas vinculadas con la industria, la construcción, el consumo interno y el empleo.

Industria: una caída más profunda de la esperada

El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) registró en julio una caída del 4,9% interanual. En la medición desestacionalizada, el retroceso fue del 5% respecto de junio, de acuerdo con los datos del Indec.

Con este resultado, la industria acumuló una contracción del 2,6% durante los primeros siete meses de 2026. La baja tuvo un alcance amplio: 12 de las 16 divisiones industriales relevadas mostraron retrocesos interanuales.

Entre las actividades más afectadas se encontraron otros equipos, aparatos e instrumentos; maquinaria y equipo; prendas de vestir, cuero y calzado; y productos textiles.

El resultado de julio también impactó sobre las expectativas para el conjunto de la economía. En la última estimación del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, los analistas proyectaron que el PBI crecerá 2,1% durante 2026.

La nueva estimación representa una reducción frente a las previsiones que se manejaban meses atrás. El Fondo Monetario Internacional había sostenido una expectativa de expansión cercana al 3,5%, mientras distintos economistas proyectaban un crecimiento superior al 3%.

La construcción también volvió a retroceder

El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) mostró una caída del 4,5% interanual en julio y un retroceso del 4,6% frente a junio en términos desestacionalizados.

La tendencia-ciclo también presentó una baja mensual, del 1,1%. A diferencia de la industria, el sector todavía conserva un resultado positivo en el acumulado anual: entre enero y julio registró un crecimiento interanual del 1,7%.

Sin embargo, la fuerte caída de julio vuelve a poner en duda la capacidad de la construcción para consolidar el proceso de recuperación que había comenzado a mostrar durante el año.

En conjunto, los indicadores muestran que la recuperación de la actividad perdió fuerza durante julio. El comportamiento de la industria y la construcción será especialmente relevante para determinar si la desaceleración fue temporal o si responde a una tendencia más persistente.

Empresas industriales, financiamiento y mora

El economista Diego Coatz, exdirector de la UIA y actualmente al frente de la consultora I+D (Industria+Desarrollo), sostuvo que el comportamiento de la actividad configura una dinámica de caída y recuperación irregular.

El especialista señaló que las empresas “enfrentan tasas reales positivas para financiarse, mientras sus precios siguen aumentando por debajo de sus costos (1,7% en precios industriales vs. 3,1% el IPC de servicios)”. También advirtió que durante el último año y medio la mora de las empresas industriales se multiplicó por cinco, al pasar de 0,7% a 3,8%.

Según su análisis, en mayo se perdieron 420 empresas industriales. “Si esta dinámica continúa, y con 4.000 industrias en mora, 2026 podría cerrar con unas 3.300 empresas industriales menos: 9 cierres por día. No es una destrucción creativa. Es destrucción y punto”, continuó Coatz.

El economista también planteó la necesidad de conectar a las pequeñas y medianas empresas con los sectores que actualmente presentan mejores perspectivas.

“Para convertir energía, minería y agro en empleo de calidad, proveedores locales, tecnología e innovación, hay que liberar a las pymes del torniquete actual e impulsarlas para que se inserten en las cadenas dinámicas y compitan en igualdad de condiciones”.

Coatz agregó que “Hoy, por ejemplo, el rubro Maquinaria y Equipos está 47,6% por debajo de su máximo, en julio de 2022. Sin eso, Argentina deja de ser un país de clase media: crece sin empleo de calidad, equivalente a paz macro en un cementerio micro”.

En la misma línea, el economista Federico Poli, titular de la consultora Sistémica, describió una recuperación con diferencias marcadas entre sectores.

“La recuperación económica sigue siendo divergente. Mientras siguen en alza los sectores intensivos en recursos naturales, aquellos vinculados con el mercado interno, el consumo y los intensivos en empleo, mantienen indicadores recesivos”.

Poli consideró que se trata de “un modelo que va a contramano de cómo ha funcionado históricamente bien la economía argentina: con un tipo de cambio real competitivo y tasas de interés que favorezcan la producción”.

El próximo dato de actividad, correspondiente a agosto, será clave para determinar si la caída de julio representa un traspié puntual o el comienzo de un enfriamiento más prolongado de la economía.