Más de 10 millones de personas no cuentan actualmente con obra social, prepaga ni mutual en Argentina, en un escenario marcado por la pérdida de empleos registrados y el fuerte incremento del costo de la medicina privada. Los datos muestran un deterioro de la cobertura sanitaria desde fines de 2023 y una creciente presión sobre hospitales y centros de salud públicos.
De acuerdo con información de la Superintendencia de Servicios de Salud relevada por el Instituto Argentina Grande (IAG), las obras sociales nacionales perdieron 1.028.412 beneficiarios del sistema solidario desde noviembre de 2023.
El fenómeno coincide con la reducción del empleo formal. Cuando un trabajador pierde un puesto registrado, el impacto sobre la cobertura sanitaria puede alcanzar también a los integrantes de su grupo familiar que dependían de esa obra social.
Qué obras sociales perdieron más beneficiarios
Entre las principales entidades analizadas, prácticamente todas registraron retrocesos en la cantidad de afiliados. La única excepción fue OSDEPYM, vinculada a los monotributistas, que experimentó un crecimiento considerable durante el período.
OSECAC, correspondiente a los trabajadores de Comercio, registró una caída del 20,2% en la cantidad de beneficiarios desde noviembre de 2023. En el caso de OSPRERA, vinculada a los trabajadores rurales, la reducción alcanzó el 15,9%.
OSPCN, que concentra a empleados estatales, perdió el 19,1% de sus afiliados, mientras que OSPeCon, relacionada con los trabajadores de la construcción, sufrió una disminución del 25,4%.
Por su parte, OSPe, correspondiente a trabajadores del sector petrolero, registró una caída del 5,1% en su cantidad de beneficiarios.
La evolución de esas coberturas guarda relación con la caída del empleo registrado en buena parte de los sectores involucrados. Desde noviembre de 2023 hasta abril de 2026, la construcción perdió 60.646 puestos de trabajo, una reducción del 13,8%.
Comercio registró una baja del 0,8%, equivalente a 9.413 empleos menos, mientras que el sector petrolero perdió 8.282 puestos, una caída del 8,8%. Entre los trabajadores estatales, la reducción fue del 2,1%, con 73.052 puestos menos.
El sector rural fue la excepción dentro de los rubros mencionados, ya que la caída de beneficiarios de su obra social no estuvo acompañada por una reducción equivalente del empleo registrado.
El fuerte crecimiento de la obra social de los monotributistas
En sentido contrario al resto de las entidades, OSDEPYM incrementó su cantidad de afiliados un 154% durante el mismo período. La evolución se produjo en paralelo con un crecimiento del 7,4% en la cantidad de personas inscriptas como monotributistas.
En total, durante el período analizado se perdieron más de 235.000 empleos privados registrados, a los que se agregaron aproximadamente 73.000 puestos del sector público.
La reducción del empleo formal no fue el único factor que incidió sobre el acceso a una cobertura sanitaria privada. También se produjo un marcado incremento en el costo de las empresas de medicina prepaga.
Desde la desregulación del sector, las cuotas de las prepagas acumularon un aumento del 460%, mientras que la inflación acumulada durante el mismo período fue del 320%.
La combinación entre menos empleos registrados y cuotas de medicina privada que crecieron por encima del nivel general de precios redujo la cantidad de personas con algún mecanismo de cobertura por fuera del sistema estatal.
Más de 1,2 millones se sumaron al sistema público
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares muestran que en el cuarto trimestre de 2023 había 9.428.131 personas sin prepaga, obra social ni mutual.
Para el primer trimestre de 2026, esa cantidad había aumentado a 10.674.416 personas. La diferencia representa 1.246.285 personas adicionales sin cobertura privada.
En términos porcentuales, el grupo que no dispone de obra social, prepaga o mutual pasó de representar el 32% al 35,6% de la población contemplada en el relevamiento.
Este crecimiento implica una mayor demanda sobre hospitales y centros de atención estatales. Solamente durante el último trimestre analizado, se estima que 231.141 personas pasaron a depender del sistema público de salud.
La situación es particularmente significativa entre los jóvenes de 15 a 29 años. En ese segmento, el 49,9% de las personas no dispone de obra social, prepaga ni mutual y depende exclusivamente de la atención pública.
Frente al cuarto trimestre de 2023, se incorporaron 438.790 jóvenes adicionales a esa situación. El incremento alcanzó el 15,3%, el mayor crecimiento relativo entre los grupos etarios incluidos en el análisis.
Los datos reflejan así un desplazamiento creciente de personas desde mecanismos de cobertura vinculados al empleo formal o la medicina privada hacia el sistema público, en un contexto atravesado por la reducción del trabajo registrado y el encarecimiento de las prestaciones privadas de salud.
La pérdida de empleo registrado y el aumento de las cuotas de medicina prepaga profundizaron la caída de la cobertura sanitaria privada en Argentina. Desde noviembre de 2023, las obras sociales nacionales perdieron más de un millón de beneficiarios y, para el primer trimestre de 2026, más de 1,2 millones de personas adicionales dependían exclusivamente del sistema público de salud.
La cobertura médica argentina empezó a parecerse a esas frazadas demasiado cortas: cuando se intenta cubrir un extremo, inevitablemente queda otro al aire. La pérdida de empleos registrados dejó a más de un millón de personas afuera de las obras sociales nacionales desde noviembre de 2023, mientras el sistema público recibió nuevos pacientes a un ritmo que difícilmente figure entre sus pedidos para el presupuesto. Porque cuando desaparece un empleo formal, no solo desaparece un recibo de sueldo: también puede evaporarse la cobertura médica de toda una familia con la eficiencia administrativa de un trámite que nadie pidió.
El cuadro tiene además una particularidad estadística digna de manual. Mientras casi todas las grandes obras sociales redujeron afiliados, OSDEPYM, vinculada a los monotributistas, creció 154%. La fotografía laboral queda bastante clara: menos trabajadores registrados y más personas buscando refugio en modalidades independientes. Una transformación que probablemente entusiasme a cualquier presentación de PowerPoint que lleve la palabra “flexibilidad”, aunque resulte menos simpática cuando llega la hora de conseguir turno con un especialista.
Las prepagas tampoco aportaron demasiada tranquilidad al paisaje. Sus cuotas acumularon una suba del 460% frente a una inflación del 320% durante el período analizado. Es decir, mientras el bolsillo intentaba correr detrás de los precios, la medicina privada decidió competir en una categoría propia, aparentemente con clasificación directa a la Fórmula 1 de los aumentos.
El resultado terminó trasladándose a hospitales y centros sanitarios públicos, que recibieron a cientos de miles de nuevos usuarios sin que las camillas, profesionales ni presupuestos hayan desarrollado todavía la capacidad de multiplicarse por voluntad propia. Entre los jóvenes de 15 a 29 años, casi la mitad depende exclusivamente de la salud pública. Una generación a la que ya se le pidió resolver vivienda, empleo y jubilación ahora suma una misión secundaria: conservar cobertura médica en un mercado laboral que parece haber agregado el modo experto.