El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona sumó una nueva controversia a partir de la aparición de estudios médicos que, según denunció el abogado Miguel Ángel Pierri, no corresponderían al exfutbolista sino a su padre, también llamado Diego Maradona.
La situación abrió interrogantes sobre el alcance que ese presunto error pudo haber tenido en las conclusiones médicas incorporadas a la investigación y utilizadas posteriormente durante el proceso judicial.
“Es un grotesco”, sostuvo Pierri. El abogado representa a Mariano Perroni, coordinador de enfermería imputado en la causa, y aseguró que la situación quedó expuesta durante la declaración de un médico nefrólogo en el debate oral.
El cuestionamiento a los estudios médicos
Según explicó el letrado, a partir de ese testimonio una de las defensas advirtió que determinados antecedentes analizados por los especialistas pertenecerían a estudios realizados en 2015 en la Clínica Olivos al padre de Maradona y no al campeón del mundo.
Pierri puso el foco en la relevancia que tuvo la Junta Médica para la construcción de la acusación. “Es la piedra fundamental”, afirmó al remarcar que el estado de salud del exfutbolista y las causas que derivaron en su muerte fueron elementos centrales para determinar las posibles responsabilidades de los profesionales que lo atendieron.
El abogado recordó además la cantidad de especialistas que participaron del análisis. “Había 21 médicos, entre psicólogos, psiquiatras, cardiólogos y otros profesionales que examinaron el caso. Esto no puede ocurrir”, cuestionó.
Para Pierri, uno de los principales interrogantes que deberá resolver el tribunal es si el inconveniente puede corregirse dentro del proceso o si afecta de manera sustancial la prueba sobre la cual se desarrolló la acusación.
“Vamos a hacer un planteo para determinar cómo se subsana. El criterio es saber si esto es saneable o no”, adelantó. Luego agregó: “Con esta historia clínica y con estos estudios no llegamos seguro a la verdad”.
El abogado aclaró que su planteo no busca necesariamente conseguir la nulidad del debate. “Yo no vengo a anular el caso. Acá necesitamos llegar a una verdad”, aseguró.
La defensa de Mariano Perroni
Pierri también se refirió específicamente a la situación procesal de Perroni y rechazó que su defendido haya integrado un plan destinado a provocar la muerte de Maradona. Según explicó, el acusado se desempeñaba como coordinador del servicio de enfermería, pero no permanecía en la vivienda donde se encontraba el exfutbolista.
“Creer que Perroni forma parte de un designio criminal tendiente a matar a Diego es otra discusión. Podrán plantear una responsabilidad por omisión y esa será mi defensa”, señaló.
El abogado incorporó además otro aspecto que, según su interpretación, atraviesa el expediente: las consecuencias económicas que podría tener una eventual condena. “Detrás de esto hay un juicio millonario y sabemos muy bien que ante el dolo los seguros no pagan”, afirmó.
En ese contexto, Pierri manifestó sospechas sobre los distintos inconvenientes que atravesó el proceso y planteó la posible existencia de intereses destinados a obstaculizar su desarrollo. Se trata de una interpretación formulada por el defensor y no de un hecho acreditado judicialmente.
“¿Fue equivocada la historia clínica o fue intencional para que se arribara a una conclusión equivocada? A alguien le interesa que esto pase, no tengo ninguna duda”, expresó.
El impacto que podría tener el planteo
Pierri indicó que, de acuerdo con su estimación, quedaría cerca de un mes de audiencias antes de alcanzar la etapa de alegatos, prevista para fines de septiembre.
También advirtió sobre los tiempos procesales ante la proximidad del sexto aniversario de la muerte de Maradona, ocurrida el 25 de noviembre de 2020. Según su interpretación, una eventual interrupción o nulidad del juicio podría abrir una nueva discusión alrededor de la prescripción de algunas figuras culposas.
“Todo va a girar alrededor de si lo de la historia clínica es subsanable o no”, resumió Pierri sobre la controversia que volvió a colocar bajo análisis las pruebas médicas incorporadas al expediente.
Por último, el abogado dejó otro interrogante: «¿A alguien le preocupa saber dónde está enterrado Diego Maradona, dónde descansan sus restos y por qué no se lo puede ir a visitar?
El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona sumó una nueva controversia luego de que la defensa de Mariano Perroni denunciara que estudios médicos incorporados al análisis pertenecerían al padre del exfutbolista. El abogado Miguel Ángel Pierri anticipó un planteo para determinar si el presunto error puede subsanarse o afecta una prueba central de la acusación.
El juicio por la muerte de Diego Maradona consiguió abrir un capítulo que parecía reservado para una ficción judicial escrita después de demasiadas horas sin dormir: una defensa advirtió que parte de los estudios médicos analizados para evaluar la salud del astro podrían corresponder, en realidad, a su padre, que también se llamaba Diego Maradona. Porque aparentemente compartir nombre dentro de una familia puede terminar convirtiéndose, años después, en un problema capaz de sentarse en primera fila dentro de un tribunal.
Miguel Ángel Pierri, abogado de Mariano Perroni, resumió la situación con una economía verbal admirable: “Es un grotesco”. Según explicó, la irregularidad apareció durante la declaración de un nefrólogo, cuando una de las defensas detectó que determinados antecedentes corresponderían a estudios realizados en 2015 en la Clínica Olivos al padre del campeón del mundo. El expediente, que necesitaba precisión médica para reconstruir las condiciones de una muerte investigada hasta el último detalle, ahora debe resolver primero una pregunta bastante más elemental: de qué Diego eran los estudios.
El problema adquiere otra dimensión porque la Junta Médica es una pieza fundamental de la acusación. Pierri recordó la cantidad de especialistas involucrados con una frase difícil de ignorar: “Había 21 médicos, entre psicólogos, psiquiatras, cardiólogos y otros profesionales que examinaron el caso. Esto no puede ocurrir”. Veintiún profesionales, múltiples especialidades y un expediente gigantesco terminaron enfrentándose al enemigo silencioso de toda burocracia: que el documento correcto corresponda efectivamente a la persona correcta.
Ahora el tribunal deberá determinar si la situación puede corregirse sin afectar el proceso. Pierri asegura que no busca hacer desaparecer el juicio mediante una maniobra procesal, sino establecer cuánto contaminó el supuesto error las conclusiones utilizadas hasta ahora. En una causa atravesada por polémicas, nulidades y discusiones técnicas, el nuevo interrogante parece casi diseñado para desafiar cualquier expectativa de normalidad: antes de discutir qué dicen los estudios, habrá que establecer con certeza a quién pertenecían.