Lionel Scaloni dejó abierta la posibilidad de continuar al frente de la Selección argentina, aunque adelantó que, al menos, seguirá hasta diciembre. El entrenador considera que necesita tiempo para ordenar sus emociones y determinar si está dispuesto a iniciar un nuevo ciclo después del desgaste acumulado.
Claudio “Chiqui” Tapia busca retenerlo. Para el presidente de la AFA, Scaloni representa una garantía deportiva y política en un escenario en el que la Selección aparece como el principal sostén de su gestión.
Si el entrenador hubiera tomado una decisión definitiva, podría haberla comunicado el mismo domingo. Así ocurrió con José Pekerman después de la eliminación de la Argentina en Alemania 2006, cuando concurrió a la conferencia de prensa y anunció su salida, una determinación que Julio Grondona nunca le perdonó.
La necesidad de detenerse y reflexionar
Scaloni siente que puede haber llegado el momento de irse, aunque teme que esa percepción sea producto del impulso y del agotamiento. Por eso pretende reflexionar antes de confirmar una decisión que marcará el futuro de la Selección.
El técnico quiere saber si conserva la energía necesaria para comenzar otra vez. A diferencia de lo ocurrido después de Qatar, una eventual continuidad implicaría reconstruir buena parte del proyecto y renovar una estructura que durante años se sostuvo sobre un núcleo estable.
“Siento la necesidad de pensar porque no sé si voy a poder hacer algo tan grande como esto”, anticipó.
“La idea es relajar y parar un poco. Este es un lugar espectacular, soñado. Ojalá haya gente que tenga la oportunidad de estar. Cualquier argentino desearía estar. Ha sido un placer estar acá. Un orgullo. Ni en mis mejores sueños lo había pensado”.
En términos vinculados con el ciclismo, una de sus grandes pasiones, Scaloni parece inclinarse hoy por observar el Tour de France antes que volver a afrontar una subida semejante al Col de la Loze, una de las cimas más exigentes de la tradicional competencia, que conecta Méribel con la estación de esquí de Courchevel.
Fuera de la conferencia de prensa oficial y todavía en los pasillos del estadio de Nueva Jersey, el entrenador fue más contundente: “Es hasta diciembre y después seguramente corte”.
Dentro de la AFA entienden que cualquier presión podría acelerar su salida. Tapia, consciente de ese riesgo, evitó exigir una definición inmediata y desplegó un mensaje público de respaldo.
“Gringo, sos inmenso. Estamos orgullosos de tu trabajo, de tu entrega y de tu amor por esta selección”.
Scaloni se ganó el derecho a elegir. Su conducción no tiene rivales internos y uno de sus principales méritos fue cerrar las divisiones que durante años rodearon al seleccionado. Tapia lo necesita y el respaldo popular continúa siendo amplio.
Antes del Mundial de Qatar, después de una victoria por 3-0 frente a Jamaica en Nueva Jersey, Tapia había anunciado: “Me enorgullece contarles que hemos arreglado la continuidad de Scaloni como DT de la selección hasta el Mundial 2026. Seguimos apostando al proyecto integral de selecciones”.
Luego agregó: “¡Hay Scaloneta para rato!”.
En aquel momento, la continuidad todavía no estaba completamente resuelta. El propio entrenador había señalado: “Tengo ganas de seguir. ¿Quién no quiere hacerlo en la selección? Está todo encaminado, hay cosas por aceitar, pero las ganas y la predisposición están. Y más con un grupo que se brinda de esta manera”.
El plantel y el desafío de una renovación profunda
Una de las principales incógnitas de Scaloni está relacionada con el futuro del grupo. Los jugadores se expresaron de manera extensa en sus redes sociales, aunque por el momento evitaron pronunciarse sobre la continuidad del entrenador y optaron por agradecer el respaldo de los hinchas.
Después de la final de Qatar, cuando Tapia recibió un cheque de 10 millones de dólares de parte de la Conmebol, Emiliano “Dibu” Martínez reclamó en tono de broma: “¡Usalos para renovarle el contrato a Scaloni!”.
Inmediatamente se escuchó: «¡firma el contrato la p… que te p…!”.
La escena sintetizó la relación de confianza construida entre el cuerpo técnico y el plantel. Ese vínculo continúa a salvo, más allá de las diferencias propias de la gestión y de las teorías conspirativas que circularon durante el Mundial.
Sin embargo, si Scaloni decide continuar, deberá afrontar una etapa sin varios de los referentes que sostuvieron su ciclo. Con la mirada puesta en el Mundial del centenario, algunos de sus futbolistas más importantes ya no estarán disponibles.
Nicolás Otamendi se retiró de la Selección. En 2030, Emiliano Martínez y Nicolás Tagliafico tendrían 37 años, mientras que Rodrigo De Paul y Leandro Paredes llegarían con 36. El paso del tiempo condicionará inevitablemente la conformación del próximo plantel.
También faltará Lionel Messi, aunque podría participar durante el comienzo de un nuevo proceso. Su ausencia tendría un impacto central tanto en el liderazgo como en la cohesión interna.
La sociedad entre Scaloni y Messi explica buena parte del éxito de la Selección. Contar con un capitán de semejante trayectoria permitió ordenar el vestuario, contener los egos y consolidar una autoridad compartida entre el cuerpo técnico y los jugadores.
Los nombres para el próximo ciclo
Enzo Fernández, con 29 años, y Julián Álvarez, con 30, llegarían en condiciones al Mundial 2030. Entre los 31 y los 33 años estarían Cristian “Cuti” Romero, Lisandro Martínez, Nahuel Molina, Alexis Mac Allister, Lautaro Martínez y Gonzalo Montiel.
La continuidad de algunos de ellos debería complementarse con el crecimiento de una nueva generación. Durante este Mundial, Scaloni no les dio un lugar decisivo a los futbolistas más jóvenes y, como no explicó públicamente los motivos, puede inferirse que no los consideró todavía preparados para asumir un papel protagónico.
Seguir significaría refundar la Selección. Scaloni lo sabe y entiende que esa misión demandará un nuevo esfuerzo deportivo, personal y emocional. Su decisión dependerá de si está dispuesto a reconstruir un equipo que ya no contará con buena parte de los jugadores que marcaron su etapa más exitosa.
El entrenador de la Selección argentina, Lionel Scaloni, anticipó que continuará al menos hasta diciembre, aunque dejó abierta la posibilidad de cerrar su ciclo después de esa fecha. El técnico considera que seguir implicaría iniciar una profunda renovación del plantel de cara al Mundial 2030, mientras Claudio “Chiqui” Tapia busca retenerlo.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Lionel Scaloni dejó una puerta entreabierta, una ventana sin trabar y, por las dudas, una hendija institucional por la que ahora intenta pasar toda la dirigencia de la AFA. Dijo que seguirá hasta diciembre, una frase que en cualquier organización normal permitiría planificar el semestre, pero que en el fútbol argentino activó un operativo de seducción con la intensidad de una cumbre diplomática y el dramatismo de una serie donde todos sospechan que el protagonista ya compró el pasaje de regreso.
Claudio “Chiqui” Tapia lo necesita por razones deportivas, políticas y casi arquitectónicas: Scaloni es el blindaje que mantiene en pie la parte presentable del edificio. Mientras alrededor proliferan discusiones, sospechas y barro dirigencial, la Selección continúa siendo la habitación con las paredes recién pintadas. Perder al entrenador sería como retirar el único matafuego durante un incendio y reemplazarlo por una publicación motivacional.
El problema es que seguir no significa simplemente renovar un contrato y repetir la fórmula. Para Scaloni, continuar supone reconstruir. En 2030 ya no estarán varios de los generales que atravesaron Qatar y sostuvieron el ciclo. El calendario, enemigo público de todo proyecto futbolístico, avanza sin aceptar negociaciones, comunicados ni pedidos de revisión al VAR. Messi difícilmente forme parte de todo el proceso, Otamendi ya cerró su etapa y otros referentes llegarían con edades que obligarán a medir cada esfuerzo con precisión quirúrgica.
La decisión, entonces, no pasa sólo por las ganas. También implica preguntarse si existe energía para volver a levantar una estructura desde los cimientos, incorporar una nueva generación y administrar la nostalgia de un plantel que convirtió la convivencia en una ventaja competitiva. Scaloni mira el horizonte y sabe que ya escaló la montaña más exigente. Ahora debe decidir si vuelve a subirse a la bicicleta o si prefiere contemplar el Tour desde el sillón mientras otros descubren que la pendiente era bastante más empinada de lo que parecía por televisión.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Lionel Scaloni dejó abierta la posibilidad de continuar al frente de la Selección argentina, aunque adelantó que, al menos, seguirá hasta diciembre. El entrenador considera que necesita tiempo para ordenar sus emociones y determinar si está dispuesto a iniciar un nuevo ciclo después del desgaste acumulado.
Claudio “Chiqui” Tapia busca retenerlo. Para el presidente de la AFA, Scaloni representa una garantía deportiva y política en un escenario en el que la Selección aparece como el principal sostén de su gestión.
Si el entrenador hubiera tomado una decisión definitiva, podría haberla comunicado el mismo domingo. Así ocurrió con José Pekerman después de la eliminación de la Argentina en Alemania 2006, cuando concurrió a la conferencia de prensa y anunció su salida, una determinación que Julio Grondona nunca le perdonó.
La necesidad de detenerse y reflexionar
Scaloni siente que puede haber llegado el momento de irse, aunque teme que esa percepción sea producto del impulso y del agotamiento. Por eso pretende reflexionar antes de confirmar una decisión que marcará el futuro de la Selección.
El técnico quiere saber si conserva la energía necesaria para comenzar otra vez. A diferencia de lo ocurrido después de Qatar, una eventual continuidad implicaría reconstruir buena parte del proyecto y renovar una estructura que durante años se sostuvo sobre un núcleo estable.
“Siento la necesidad de pensar porque no sé si voy a poder hacer algo tan grande como esto”, anticipó.
“La idea es relajar y parar un poco. Este es un lugar espectacular, soñado. Ojalá haya gente que tenga la oportunidad de estar. Cualquier argentino desearía estar. Ha sido un placer estar acá. Un orgullo. Ni en mis mejores sueños lo había pensado”.
En términos vinculados con el ciclismo, una de sus grandes pasiones, Scaloni parece inclinarse hoy por observar el Tour de France antes que volver a afrontar una subida semejante al Col de la Loze, una de las cimas más exigentes de la tradicional competencia, que conecta Méribel con la estación de esquí de Courchevel.
Fuera de la conferencia de prensa oficial y todavía en los pasillos del estadio de Nueva Jersey, el entrenador fue más contundente: “Es hasta diciembre y después seguramente corte”.
Dentro de la AFA entienden que cualquier presión podría acelerar su salida. Tapia, consciente de ese riesgo, evitó exigir una definición inmediata y desplegó un mensaje público de respaldo.
“Gringo, sos inmenso. Estamos orgullosos de tu trabajo, de tu entrega y de tu amor por esta selección”.
Scaloni se ganó el derecho a elegir. Su conducción no tiene rivales internos y uno de sus principales méritos fue cerrar las divisiones que durante años rodearon al seleccionado. Tapia lo necesita y el respaldo popular continúa siendo amplio.
Antes del Mundial de Qatar, después de una victoria por 3-0 frente a Jamaica en Nueva Jersey, Tapia había anunciado: “Me enorgullece contarles que hemos arreglado la continuidad de Scaloni como DT de la selección hasta el Mundial 2026. Seguimos apostando al proyecto integral de selecciones”.
Luego agregó: “¡Hay Scaloneta para rato!”.
En aquel momento, la continuidad todavía no estaba completamente resuelta. El propio entrenador había señalado: “Tengo ganas de seguir. ¿Quién no quiere hacerlo en la selección? Está todo encaminado, hay cosas por aceitar, pero las ganas y la predisposición están. Y más con un grupo que se brinda de esta manera”.
El plantel y el desafío de una renovación profunda
Una de las principales incógnitas de Scaloni está relacionada con el futuro del grupo. Los jugadores se expresaron de manera extensa en sus redes sociales, aunque por el momento evitaron pronunciarse sobre la continuidad del entrenador y optaron por agradecer el respaldo de los hinchas.
Después de la final de Qatar, cuando Tapia recibió un cheque de 10 millones de dólares de parte de la Conmebol, Emiliano “Dibu” Martínez reclamó en tono de broma: “¡Usalos para renovarle el contrato a Scaloni!”.
Inmediatamente se escuchó: «¡firma el contrato la p… que te p…!”.
La escena sintetizó la relación de confianza construida entre el cuerpo técnico y el plantel. Ese vínculo continúa a salvo, más allá de las diferencias propias de la gestión y de las teorías conspirativas que circularon durante el Mundial.
Sin embargo, si Scaloni decide continuar, deberá afrontar una etapa sin varios de los referentes que sostuvieron su ciclo. Con la mirada puesta en el Mundial del centenario, algunos de sus futbolistas más importantes ya no estarán disponibles.
Nicolás Otamendi se retiró de la Selección. En 2030, Emiliano Martínez y Nicolás Tagliafico tendrían 37 años, mientras que Rodrigo De Paul y Leandro Paredes llegarían con 36. El paso del tiempo condicionará inevitablemente la conformación del próximo plantel.
También faltará Lionel Messi, aunque podría participar durante el comienzo de un nuevo proceso. Su ausencia tendría un impacto central tanto en el liderazgo como en la cohesión interna.
La sociedad entre Scaloni y Messi explica buena parte del éxito de la Selección. Contar con un capitán de semejante trayectoria permitió ordenar el vestuario, contener los egos y consolidar una autoridad compartida entre el cuerpo técnico y los jugadores.
Los nombres para el próximo ciclo
Enzo Fernández, con 29 años, y Julián Álvarez, con 30, llegarían en condiciones al Mundial 2030. Entre los 31 y los 33 años estarían Cristian “Cuti” Romero, Lisandro Martínez, Nahuel Molina, Alexis Mac Allister, Lautaro Martínez y Gonzalo Montiel.
La continuidad de algunos de ellos debería complementarse con el crecimiento de una nueva generación. Durante este Mundial, Scaloni no les dio un lugar decisivo a los futbolistas más jóvenes y, como no explicó públicamente los motivos, puede inferirse que no los consideró todavía preparados para asumir un papel protagónico.
Seguir significaría refundar la Selección. Scaloni lo sabe y entiende que esa misión demandará un nuevo esfuerzo deportivo, personal y emocional. Su decisión dependerá de si está dispuesto a reconstruir un equipo que ya no contará con buena parte de los jugadores que marcaron su etapa más exitosa.
El entrenador de la Selección argentina, Lionel Scaloni, anticipó que continuará al menos hasta diciembre, aunque dejó abierta la posibilidad de cerrar su ciclo después de esa fecha. El técnico considera que seguir implicaría iniciar una profunda renovación del plantel de cara al Mundial 2030, mientras Claudio “Chiqui” Tapia busca retenerlo.
Lionel Scaloni dejó una puerta entreabierta, una ventana sin trabar y, por las dudas, una hendija institucional por la que ahora intenta pasar toda la dirigencia de la AFA. Dijo que seguirá hasta diciembre, una frase que en cualquier organización normal permitiría planificar el semestre, pero que en el fútbol argentino activó un operativo de seducción con la intensidad de una cumbre diplomática y el dramatismo de una serie donde todos sospechan que el protagonista ya compró el pasaje de regreso.
Claudio “Chiqui” Tapia lo necesita por razones deportivas, políticas y casi arquitectónicas: Scaloni es el blindaje que mantiene en pie la parte presentable del edificio. Mientras alrededor proliferan discusiones, sospechas y barro dirigencial, la Selección continúa siendo la habitación con las paredes recién pintadas. Perder al entrenador sería como retirar el único matafuego durante un incendio y reemplazarlo por una publicación motivacional.
El problema es que seguir no significa simplemente renovar un contrato y repetir la fórmula. Para Scaloni, continuar supone reconstruir. En 2030 ya no estarán varios de los generales que atravesaron Qatar y sostuvieron el ciclo. El calendario, enemigo público de todo proyecto futbolístico, avanza sin aceptar negociaciones, comunicados ni pedidos de revisión al VAR. Messi difícilmente forme parte de todo el proceso, Otamendi ya cerró su etapa y otros referentes llegarían con edades que obligarán a medir cada esfuerzo con precisión quirúrgica.
La decisión, entonces, no pasa sólo por las ganas. También implica preguntarse si existe energía para volver a levantar una estructura desde los cimientos, incorporar una nueva generación y administrar la nostalgia de un plantel que convirtió la convivencia en una ventaja competitiva. Scaloni mira el horizonte y sabe que ya escaló la montaña más exigente. Ahora debe decidir si vuelve a subirse a la bicicleta o si prefiere contemplar el Tour desde el sillón mientras otros descubren que la pendiente era bastante más empinada de lo que parecía por televisión.