La viralidad en redes sociales no garantiza capacidad de persuasión electoral. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio desarrollado en el marco de la Diplomatura en Comunicación Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que analizó el comportamiento de los votantes después de las elecciones de 2025.
La investigación también detectó un dato con potencial impacto sobre la carrera presidencial de 2027: el 44% del electorado no muestra una identificación firme ni con La Libertad Avanza ni con el peronismo. Por su magnitud y diversidad, ese segmento aparece como uno de los principales espacios de disputa para las fuerzas nacionales.
El 44% del electorado que queda fuera de la polarización
De acuerdo con el estudio, cerca del 33% de los votantes se encuentra vinculado con La Libertad Avanza, mientras que aproximadamente un 25% aparece asociado con el peronismo.
Por fuera de esos dos grandes espacios se ubica un 44% denominado como “electorado a disputar”, integrado por personas que en 2025 eligieron fuerzas provinciales, espacios federales, partidos de izquierda, votaron en blanco o directamente no concurrieron a las urnas.
El relevamiento muestra además que ese sector presenta una baja transferencia hacia las principales fuerzas nacionales. Más del 90% permaneció en alternativas alejadas de la polarización o se abstuvo, mientras que aproximadamente un 5% se desplazó hacia el peronismo y alrededor de un 3% se mantuvo con La Libertad Avanza.
El dato plantea un escenario abierto hacia 2027, en el que la capacidad de captar a votantes sin una identificación política consolidada podría convertirse en uno de los factores determinantes para definir la elección presidencial.
Las visualizaciones no equivalen a intención de voto
Otro de los ejes centrales del trabajo se concentra en el funcionamiento de la comunicación política en redes sociales y en la diferencia entre alcance y capacidad real de persuasión.
Según el análisis, una publicación con millones de reproducciones no necesariamente modifica la preferencia electoral de quienes la ven. La difusión puede estar impulsada por adhesión, rechazo, controversia, repetición algorítmica o interacción negativa.
Por esa razón, las métricas de alcance permiten conocer el nivel de exposición de un contenido, pero no constituyen por sí mismas una medición suficiente de su eficacia electoral.
El estudio de los videos también reveló una diferencia en el momento en que las piezas mostraban su identificación política. Los contenidos de baja viralidad mejor evaluados demoraban, en promedio, ocho segundos en exhibir el logo, el número de lista o el nombre del partido.
En cambio, entre los materiales peor evaluados resultó más habitual que la identificación partidaria apareciera desde los primeros segundos.
El comportamiento registrado sugiere que la forma y el momento en que se presenta la identidad política pueden modificar la recepción del mensaje, independientemente de la cantidad de visualizaciones alcanzadas.
Una muestra de más de 4.400 personas
La investigación se realizó sobre una muestra de 4.406 personas mayores de 16 años y el relevamiento se desarrolló entre el 14 y el 17 de noviembre de 2025.
Según la metodología informada, el trabajo cuenta con un margen de error de ±1,5% y un nivel de confianza del 95%.
Los resultados colocan dos factores en el centro de la discusión electoral hacia 2027: la existencia de un amplio sector de votantes que permanece por fuera de las dos principales identidades políticas y la necesidad de diferenciar entre visibilidad digital y capacidad efectiva de modificar una decisión electoral.
Con la próxima elección presidencial como horizonte, los datos indican que la disputa podría concentrarse especialmente en quienes en 2025 eligieron alternativas por fuera de los grandes bloques, votaron en blanco o directamente se abstuvieron, más que en los segmentos que ya mantienen una identificación política consolidada.
Un estudio de la Diplomatura en Comunicación Política de la UBA, realizado sobre 4.406 personas después de las elecciones de 2025, determinó que la viralidad en redes sociales no equivale necesariamente a persuasión electoral. Además, identificó un 44% de votantes sin una pertenencia firme a La Libertad Avanza ni al peronismo, un segmento que podría ser decisivo en 2027.
Hay un 44% del electorado que todavía no tiene dueño político. No pertenece con firmeza a La Libertad Avanza, tampoco al peronismo y, según los datos de 2025, parece bastante poco impresionado por la clase de argumentos que comienzan con “este video llegó a tres millones de reproducciones”. Una noticia incómoda para cualquier equipo de campaña que haya convertido las estadísticas de Instagram en una sucursal informal del escrutinio definitivo.
El estudio de la Diplomatura en Comunicación Política de la UBA puso números sobre una diferencia elemental que las redes suelen hacer esfuerzos heroicos por borrar: ver no significa creer y compartir tampoco significa votar. Un contenido puede recorrer medio país digital porque entusiasma, irrita, indigna o simplemente porque el algoritmo decidió perseguir a una persona durante cuarenta y ocho horas con la misma cara y el mismo jingle.
El mapa electoral que surge del relevamiento muestra alrededor de un 33% cercano a La Libertad Avanza y aproximadamente un 25% identificado con el peronismo. Afuera de esas dos grandes familias quedó un enorme 44% compuesto por votantes provinciales, espacios federales, izquierda, voto en blanco y abstencionistas. Una multitud heterogénea que no comparte necesariamente ideas, pero sí algo bastante valioso: suficiente volumen como para alterar cualquier cálculo presidencial.
Más del 90% de ese conjunto permaneció en 2025 por fuera de la polarización o directamente no votó. Apenas un 5% se desplazó hacia el peronismo y alrededor del 3% quedó dentro de La Libertad Avanza. Traducido al idioma de los comandos electorales: discutir durante horas con quienes ya están convencidos puede producir excelentes clips, pero quizá no sea la forma más eficiente de conquistar a quienes todavía no eligieron camiseta.
La investigación dejó incluso una pequeña lección audiovisual: las piezas de baja viralidad mejor evaluadas demoraban, en promedio, ocho segundos en revelar logo, número de lista o identidad partidaria. Las peores tendían a mostrar la marca política desde el comienzo. La campaña descubrió así que presentarse primero y explicar después puede ser menos efectivo que conseguir atención antes de anunciar quién manda el mensaje.
Con 2027 cada vez más cerca, los millones de visualizaciones seguirán siendo útiles para las presentaciones internas y los festejos en redes. El problema es que las elecciones continúan utilizando un sistema bastante anticuado: cuentan votos.