El inicio del Plan Quinquenal Minero impulsado por el Gobierno de La Rioja reactivó el debate sobre el impacto que tendrá el desarrollo de la actividad en las comunidades del oeste provincial. Desde los municipios de la región plantean que las inversiones deben traducirse en infraestructura, empleo, capacitación y oportunidades para los habitantes locales, además de la explotación de los recursos minerales.
En ese contexto, el intendente de Villa Castelli, Luis Orquera, sostuvo que los proyectos mineros deben dejar beneficios permanentes en los departamentos donde se desarrollen y no limitarse a utilizar el territorio como un punto de paso.
Infraestructura y desarrollo para el Valle del Bermejo
Orquera señaló que el Valle del Bermejo tiene condiciones para convertirse en una plataforma de servicios que integre a localidades como Villa Castelli, Vinchina y Villa Unión, permitiendo que el crecimiento de la actividad minera genere un impacto económico directo en la región.
Para alcanzar ese objetivo, consideró prioritario avanzar en obras de infraestructura vial, un suministro eléctrico estable y mejoras en la conectividad digital, factores que, según explicó, serán determinantes para acompañar el desarrollo de los proyectos mineros en los departamentos cordilleranos.
Además, planteó la necesidad de implementar programas de capacitación técnica destinados a preparar mano de obra local, de manera que los habitantes de la región puedan acceder a los puestos de trabajo que demandará la actividad.
Mayor participación de empresas locales
Otro de los ejes planteados por el jefe comunal fue la creación de un registro de proveedores locales que permita incorporar formalmente a comercios y pequeñas empresas de la región en la cadena de valor minera antes del inicio de las etapas de construcción de los proyectos.
En relación con el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), Orquera expresó reparos sobre su alcance y sostuvo que los beneficios fiscales previstos a nivel nacional no deberían afectar los intereses de la provincia ni dejar al margen a las empresas riojanas.
Controles ambientales y participación provincial
El intendente también remarcó que la aceptación social de la minería dependerá de la transparencia en los controles ambientales, especialmente en todo lo relacionado con el uso y la preservación del agua, un recurso considerado estratégico para las comunidades del oeste de La Rioja.
Por último, hizo referencia a los proyectos ubicados en zonas limítrofes con San Juan y afirmó que La Rioja debe garantizar su participación en aquellas iniciativas que utilicen caminos, servicios o infraestructura dentro de su territorio, con el objetivo de que los beneficios económicos lleguen efectivamente a las comunidades riojanas.
El intendente de Villa Castelli, Luis Orquera, pidió que el desarrollo minero en el oeste de La Rioja genere infraestructura, empleo y oportunidades para las comunidades locales. En el marco del Plan Quinquenal Minero, reclamó inversiones en rutas, energía, conectividad, capacitación laboral y una mayor participación de proveedores regionales en la cadena de valor.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hay una vieja tradición latinoamericana que consiste en ver pasar camiones cargados de riqueza mientras el pueblo sigue esperando que llegue, al menos, el camión del asfalto. En el oeste riojano parecen haber decidido que ya es suficiente de contemplar la economía desde la banquina. Si la minería va a desembarcar, la idea no es aplaudir el desfile desde la vereda, sino preguntar, con una cortesía que ya perdió la paciencia, dónde quedaron las rutas, la electricidad y los puestos de trabajo prometidos.
El mensaje del intendente Luis Orquera fue bastante más sofisticado que el clásico «queremos participar». La traducción al idioma cotidiano sería algo así como: si los minerales salen por nuestras montañas, sería un detalle elegante que las oportunidades no salgan detrás de ellos con las balizas encendidas. Porque la historia regional conoce demasiados capítulos donde los recursos naturales emprendieron largos viajes, mientras los pueblos quedaron observando el polvo que levantaban los neumáticos como si fuera una política pública.
El Valle del Bermejo no quiere convertirse en esa estación de servicio donde todos cargan combustible antes de seguir viaje sin siquiera comprar un alfajor. La propuesta apunta a transformarlo en un centro de servicios para la actividad minera, con infraestructura, empresas locales y trabajadores capacitados. Una idea revolucionaria para algunos: que el desarrollo económico tenga la excentricidad de desarrollarse, justamente, donde ocurre.
También apareció el inevitable protagonista de toda discusión minera moderna: el agua. Porque cualquier conversación sobre minería en Argentina dura aproximadamente siete minutos antes de que alguien pronuncie esa palabra con el dramatismo de quien anuncia el final de una serie. Orquera pidió controles ambientales transparentes, consciente de que la licencia social no se obtiene con comunicados optimistas ni renders espectaculares, sino con información clara y reglas que funcionen incluso cuando las cámaras ya se fueron.
Y como toda novela política necesita un capítulo tributario, el RIGI también entró en escena. El planteo fue sencillo: los incentivos para atraer inversiones no deberían convertirse en una alfombra roja que pase por encima de las empresas locales. Porque nadie quiere descubrir que el mayor beneficio para la región consistió en ver pasar una caravana de oportunidades rumbo a otra provincia. En definitiva, el oeste riojano no está discutiendo si quiere minería; está preguntando algo bastante más incómodo: quién se queda con el futuro cuando termina la excavación.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El inicio del Plan Quinquenal Minero impulsado por el Gobierno de La Rioja reactivó el debate sobre el impacto que tendrá el desarrollo de la actividad en las comunidades del oeste provincial. Desde los municipios de la región plantean que las inversiones deben traducirse en infraestructura, empleo, capacitación y oportunidades para los habitantes locales, además de la explotación de los recursos minerales.
En ese contexto, el intendente de Villa Castelli, Luis Orquera, sostuvo que los proyectos mineros deben dejar beneficios permanentes en los departamentos donde se desarrollen y no limitarse a utilizar el territorio como un punto de paso.
Infraestructura y desarrollo para el Valle del Bermejo
Orquera señaló que el Valle del Bermejo tiene condiciones para convertirse en una plataforma de servicios que integre a localidades como Villa Castelli, Vinchina y Villa Unión, permitiendo que el crecimiento de la actividad minera genere un impacto económico directo en la región.
Para alcanzar ese objetivo, consideró prioritario avanzar en obras de infraestructura vial, un suministro eléctrico estable y mejoras en la conectividad digital, factores que, según explicó, serán determinantes para acompañar el desarrollo de los proyectos mineros en los departamentos cordilleranos.
Además, planteó la necesidad de implementar programas de capacitación técnica destinados a preparar mano de obra local, de manera que los habitantes de la región puedan acceder a los puestos de trabajo que demandará la actividad.
Mayor participación de empresas locales
Otro de los ejes planteados por el jefe comunal fue la creación de un registro de proveedores locales que permita incorporar formalmente a comercios y pequeñas empresas de la región en la cadena de valor minera antes del inicio de las etapas de construcción de los proyectos.
En relación con el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), Orquera expresó reparos sobre su alcance y sostuvo que los beneficios fiscales previstos a nivel nacional no deberían afectar los intereses de la provincia ni dejar al margen a las empresas riojanas.
Controles ambientales y participación provincial
El intendente también remarcó que la aceptación social de la minería dependerá de la transparencia en los controles ambientales, especialmente en todo lo relacionado con el uso y la preservación del agua, un recurso considerado estratégico para las comunidades del oeste de La Rioja.
Por último, hizo referencia a los proyectos ubicados en zonas limítrofes con San Juan y afirmó que La Rioja debe garantizar su participación en aquellas iniciativas que utilicen caminos, servicios o infraestructura dentro de su territorio, con el objetivo de que los beneficios económicos lleguen efectivamente a las comunidades riojanas.
El intendente de Villa Castelli, Luis Orquera, pidió que el desarrollo minero en el oeste de La Rioja genere infraestructura, empleo y oportunidades para las comunidades locales. En el marco del Plan Quinquenal Minero, reclamó inversiones en rutas, energía, conectividad, capacitación laboral y una mayor participación de proveedores regionales en la cadena de valor.
Hay una vieja tradición latinoamericana que consiste en ver pasar camiones cargados de riqueza mientras el pueblo sigue esperando que llegue, al menos, el camión del asfalto. En el oeste riojano parecen haber decidido que ya es suficiente de contemplar la economía desde la banquina. Si la minería va a desembarcar, la idea no es aplaudir el desfile desde la vereda, sino preguntar, con una cortesía que ya perdió la paciencia, dónde quedaron las rutas, la electricidad y los puestos de trabajo prometidos.
El mensaje del intendente Luis Orquera fue bastante más sofisticado que el clásico «queremos participar». La traducción al idioma cotidiano sería algo así como: si los minerales salen por nuestras montañas, sería un detalle elegante que las oportunidades no salgan detrás de ellos con las balizas encendidas. Porque la historia regional conoce demasiados capítulos donde los recursos naturales emprendieron largos viajes, mientras los pueblos quedaron observando el polvo que levantaban los neumáticos como si fuera una política pública.
El Valle del Bermejo no quiere convertirse en esa estación de servicio donde todos cargan combustible antes de seguir viaje sin siquiera comprar un alfajor. La propuesta apunta a transformarlo en un centro de servicios para la actividad minera, con infraestructura, empresas locales y trabajadores capacitados. Una idea revolucionaria para algunos: que el desarrollo económico tenga la excentricidad de desarrollarse, justamente, donde ocurre.
También apareció el inevitable protagonista de toda discusión minera moderna: el agua. Porque cualquier conversación sobre minería en Argentina dura aproximadamente siete minutos antes de que alguien pronuncie esa palabra con el dramatismo de quien anuncia el final de una serie. Orquera pidió controles ambientales transparentes, consciente de que la licencia social no se obtiene con comunicados optimistas ni renders espectaculares, sino con información clara y reglas que funcionen incluso cuando las cámaras ya se fueron.
Y como toda novela política necesita un capítulo tributario, el RIGI también entró en escena. El planteo fue sencillo: los incentivos para atraer inversiones no deberían convertirse en una alfombra roja que pase por encima de las empresas locales. Porque nadie quiere descubrir que el mayor beneficio para la región consistió en ver pasar una caravana de oportunidades rumbo a otra provincia. En definitiva, el oeste riojano no está discutiendo si quiere minería; está preguntando algo bastante más incómodo: quién se queda con el futuro cuando termina la excavación.