El reciente impasse diplomático entre Chile y Argentina volvió a colocar al Estrecho de Magallanes en el centro de la discusión estratégica regional y permitió que Chile reafirmara su soberanía sobre ese corredor marítimo.
El episodio también dejó en evidencia la creciente relevancia geopolítica de la zona austral. El reciente encuentro entre los presidentes José Antonio Kast y Javier Milei en Santiago mostró que ambos países reconocen la importancia estratégica del Estrecho dentro del actual escenario internacional.
Qué son los chokepoints y por qué importan
En la geopolítica contemporánea, un chokepoint o punto de estrangulamiento es un espacio geográfico donde se concentra una parte significativa del comercio, la energía o el tráfico naval y cuya interrupción puede obligar a utilizar rutas más largas, costosas o insuficientes.
El estrecho de Ormuz, Malaca, Bab el-Mandeb, Suez y Panamá se encuentran actualmente entre los ejemplos más relevantes. Su importancia no depende solamente de su estrechez física, sino de la combinación entre concentración de flujos, falta de alternativas y altos costos de sustitución.
La guerra entre Irán y Estados Unidos volvió a demostrar que el control o la amenaza sobre un paso marítimo puede alterar mercados internacionales sin necesidad de dominar físicamente grandes extensiones oceánicas.
El transporte marítimo continúa concentrando alrededor del 80% del comercio internacional de mercancías por volumen, mientras las condiciones de seguridad que sostuvieron la globalización durante las últimas décadas muestran un deterioro creciente.
En este escenario, disponer de rutas alternativas, infraestructura portuaria capaz de recibir grandes embarcaciones y corredores alejados de los principales focos de conflicto adquiere mayor valor estratégico.
El valor creciente del Estrecho de Magallanes
El Estrecho de Magallanes no es considerado actualmente un chokepoint global porque la economía mundial no depende diariamente de su funcionamiento. Sin embargo, su importancia aumenta como ruta alternativa ante perturbaciones en otros corredores marítimos.
Durante 2024, DIRECTEMAR registró 2.775 avistamientos de naves mayores en el Estrecho de Magallanes, de las cuales 2.133 eran extranjeras. El canal Beagle contabilizó 1.563 y Cabo de Hornos, 799.
Las propias características geográficas fortalecen la posición del Estrecho. Entre puntos comparables, la ruta por Magallanes alcanza aproximadamente 390 millas náuticas, frente a unas 765 millas a través de Cabo de Hornos y el Paso Drake.
La diferencia representa alrededor de 32 horas adicionales de navegación a una velocidad de 12 nudos y bajo buenas condiciones meteorológicas.
Además, Cabo de Hornos y el Paso Drake presentan condiciones oceánicas especialmente exigentes. La autoridad marítima chilena señala que allí son habituales vientos superiores a 60 nudos y olas de entre 10 y 12 metros.
El Estrecho de Magallanes, en cambio, ofrece una navegación relativamente protegida por la geografía de Tierra del Fuego y los archipiélagos australes.
El corredor admite buques con calados de hasta 21,3 metros y, al tratarse de un paso natural, no depende de esclusas. Se encuentra completamente bajo jurisdicción chilena y cuenta con sistemas permanentes de vigilancia y control marítimo.
Estas características no convierten automáticamente a Magallanes en un reemplazo del Canal de Panamá, pero sí incrementan su utilidad frente a crisis simultáneas, cambios en las rutas internacionales o movilizaciones navales.
“El Canal de Panamá sigue siendo el principal espacio de tránsito entre el Atlántico y el Pacífico, pero tiene una crisis hídrica que ha llevado a que pueda tener menos tránsitos por día. Y no permite el tránsito de los buques portacontenedores ultra grandes. Entonces, ¿qué hacemos? Miramos hacia el sur”, explicó Karen Meier, presidenta de Women in International Security Chile y especialista en riesgos geopolíticos.
Meier agregó que el Estrecho de Magallanes “es una alternativa que permite una resiliencia en el sistema del comercio marítimo. Por lo tanto, hay un mayor interés y un mayor uso”.
El exembajador de Chile en Argentina José Antonio Viera Gallo coincidió con esa evaluación: “El Estrecho de Magallanes ha cobrado una nueva importancia por la posible sequía que estaría ocurriendo en el Canal de Panamá”.
Argentina, la Antártica y una nueva mirada sobre el sur
El debate también se vincula con un cambio de enfoque argentino sobre la región austral y antártica, a partir de nuevas definiciones vinculadas con Tierra del Fuego, las Islas Malvinas y las rutas marítimas.
“Lo nuevo empieza a gestarse cuando se presenta el primer comunicado por parte de la Cancillería argentina. Introduce un nuevo elemento: dice que estos espacios son de relevancia geoestratégica particular en la actualidad. Habla de control de rutas marítimas, de cadenas logísticas”, señaló Meier.
El senador chileno Cristián Vial, integrante de la Comisión de Defensa, también destacó la revalorización del espacio austral conformado por la Antártica, el Paso Drake, el Estrecho de Magallanes y las Islas Malvinas.
“Ese escenario impone a Chile el desafío de ser protagonista en la competencia geopolítica, algo que Argentina ya ha hecho explícito”, sostuvo.
Desde una perspectiva estratégica, el análisis no se limita únicamente al Estrecho. La región conforma un sistema que incluye Magallanes, los canales de Tierra del Fuego, el canal Beagle, Cabo de Hornos, el Paso Drake, el océano Austral y la Península Antártica.
Ese espacio permite conectar el Atlántico y el Pacífico, proyectar capacidades hacia el océano Austral, sostener operaciones antárticas, vigilar rutas marítimas y desarrollar infraestructura científica, portuaria y comercial.
Dentro de ese esquema, Punta Arenas y Puerto Williams adquieren una importancia especial como plataformas logísticas cercanas a una de las principales vías naturales de acceso a la Antártica.
El Plan Estratégico Antártico 2026-2030 de Chile contempla entre sus objetivos fortalecer los derechos soberanos del país, aumentar las capacidades científicas, tecnológicas y logísticas y vincular directamente el desarrollo de la Región de Magallanes con las actividades antárticas.
El plan anterior alcanzó un 71% de sus 103 tareas, mientras un 25% permaneció en desarrollo y un 4% quedó pendiente.
El Tratado Antártico no vence en 2048 ni el Protocolo de Madrid expira automáticamente ese año. A partir de cumplirse 50 años desde su entrada en vigencia, una parte consultiva puede solicitar una conferencia de revisión.
Esto no implica que el régimen actualmente vigente sea modificado de manera automática ni que se habilite inmediatamente la explotación minera, prohibida por el artículo 7. Sin embargo, la posibilidad de revisar determinadas condiciones existe en un contexto de creciente competencia internacional por recursos y posiciones estratégicas.
En ese escenario, Meier advirtió que una eventual disputa entre grandes potencias alrededor del Estrecho de Magallanes “no es un escenario que podamos descartar”.
“Aquí hay un interés que converge no solo el tránsito entre océanos, sino la proyección hacia la Antártica, y ese es un tema de altísima relevancia para las grandes potencias“, expuso Meier. “Yo no lo descartaría, pero ahora al menos, afortunadamente, creo que no hay señales realmente potentes que nos indiquen que esa competencia estratégica se está desplazando a la zona austral“.
El reciente cruce diplomático entre Chile y Argentina volvió a poner al Estrecho de Magallanes en el centro del debate geopolítico regional. Especialistas advierten que su valor estratégico crece por su papel como ruta alternativa entre los océanos Atlántico y Pacífico, las dificultades del Canal de Panamá y la creciente relevancia de la proyección hacia la Antártica.
Durante décadas, el Estrecho de Magallanes fue tratado por buena parte del continente como ese pariente lejano al que todos recuerdan cuando hay una emergencia. Pero entre crisis diplomáticas, guerras, problemas hídricos en Panamá y una competencia internacional cada vez menos discreta, el paso austral empezó a recuperar protagonismo. La geografía, después de varios años de silencio administrativo, volvió a recordar que todavía tiene poder de veto sobre la globalización.
El concepto de chokepoint ayuda a entender el asunto: son lugares donde una interrupción puede transformar una ruta comercial eficiente en una excursión marítima considerablemente más cara. Ormuz, Suez, Malaca y Panamá suelen ocupar los titulares, pero Magallanes ofrece algo especialmente atractivo cuando el tablero internacional se complica: profundidad, protección geográfica y una alternativa natural entre dos océanos. No garantiza que los barcos abandonen Panamá mañana, pero funciona como ese camino secundario que nadie mira hasta que la autopista queda bloqueada.
La matemática también tiene su cuota de persuasión. Navegar por el Estrecho implica unas 390 millas náuticas frente a aproximadamente 765 por Cabo de Hornos y el Paso Drake. La segunda opción agrega alrededor de 32 horas a 12 nudos, siempre que el clima permita semejante optimismo. Porque Drake y Cabo de Hornos tienen la delicadeza meteorológica de una licuadora industrial: vientos superiores a 60 nudos y olas de hasta 12 metros no son precisamente el folleto ideal para promocionar un paseo marítimo.
Y detrás aparece la Antártica, esa enorme pieza del mapa que durante años pareció reservada a científicos, pingüinos y tratados internacionales, pero que ahora despierta un creciente interés geopolítico. Punta Arenas, Puerto Williams, Tierra del Fuego y el Paso Drake forman parte de un sistema austral cuya importancia aumenta a medida que las grandes potencias buscan rutas, logística y presencia estratégica. En ese contexto, Chile y Argentina descubren que el extremo sur ya no queda tan lejos del centro del mundo.