Franco Colapinto siguió en vivo la consagración de Boca Juniors en el torneo argentino desde el box de Alpine en el circuito de Interlagos. La celebración tuvo lugar este sábado 7 de noviembre en San Pablo, minutos después de haber completado la sesión clasificatoria del Gran Premio de Brasil.
El piloto de Pilar observó el partido frente a una computadora portátil junto al productor musical Bizarrap y su mánager María Catarineu. Las imágenes compartidas en redes sociales por ambos mostraron a Colapinto festejando con la camiseta que le obsequió Leandro Paredes, en un encuentro distendido tras la exigente tanda bajo la lluvia.
Cómo se definió el partido y la grilla de largada
Boca aseguró el campeonato al derrotar 1-0 a Defensa y Justicia en La Bombonera, gracias a un gol convertido por Enner Valencia a los 95 minutos. A la par del festejo deportivo, Colapinto concentró su atención en la preparación para la carrera dominical de Fórmula 1 en el trazado paulista.
Durante la jornada del sábado, el piloto debió afrontar condiciones de pista mojada y lidiar con el aquaplaning, lo que lo ubicó en el 17° lugar de la clasificación. Sin embargo, las penalizaciones aplicadas por los comisarios deportivos a Max Verstappen y Lewis Hamilton le permitieron ganar dos puestos en la grilla y partir desde la 15ª posición.
La llegada a la reunión de pilotos con la camiseta
Este domingo 8 de noviembre por la mañana, Colapinto arribó a la reunión oficial de pilotos luciendo la camiseta de Boca. El gesto se conoció antes de disputar la competencia principal en Interlagos, donde el argentino buscará avanzar posiciones a partir del decimoquinto lugar de salida.
Franco Colapinto festejó la consagración de Boca Juniors junto a Bizarrap este fin de semana en el autódromo de Interlagos. El piloto presenció el desenlace del partido desde los boxes de Alpine con la camiseta de Leandro Paredes tras la clasificación del Gran Premio de Brasil. Este domingo 8 de noviembre asistió a la reunión de pilotos con la casaca xeneize antes de largar la carrera desde el 15° puesto.
La telemetría de Alpine arrojó parámetros incompatibles con la cordura humana: mientras los ingenieros franceses calculaban milimétricamente el desgaste de los neumáticos intermedios bajo el diluvio de San Pablo, Franco Colapinto y Bizarrap estaban clavados a la pantalla de una notebook en boxes, hiperventilando por la definición del torneo argentino. Porque podés estar compitiendo en el pináculo del automovilismo mundial, pero si Boca Juniors está empatando sin goles contra Defensa y Justicia en La Bombonera, la aerodinámica pasa a ser un detalle secundario del universo. El éxtasis se desató a los 95 minutos cuando Enner Valencia metió el 1-0 del campeonato, provocando que el garaje de la escudería temblara más por los alaridos de la comitiva argentina que por el paso de los motores híbridos en la recta principal.
El festejo incluyó al piloto pilarense enfundado en la camiseta que le regaló Leandro Paredes, escoltado por el productor musical y su mánager María Catarineu, celebrando una coronación agónica que borró de un plumazo el estrés de haber sobrevivido al aquaplaning. En la pista, la sesión clasificatoria del sábado lo había dejado en el decimoséptimo casillero, pero los astros de la burocracia internacional decidieron alinearse a favor de la causa: los comisarios deportivos sancionaron a Max Verstappen y a Lewis Hamilton, obsequiándole al bonaerense un ascenso administrativo que lo deposita largando desde la 15ª posición.
El clímax de la diplomacia deportiva ocurrió este domingo 8 de noviembre por la mañana, cuando Colapinto se presentó a la formalísima reunión de pilotos de la FIA con los colores azul y oro cubriéndole el torso. Ver desfilar la indumentaria xeneize en la misma sala donde multimillonarios europeos analizan banderas amarillas con ademanes aristocráticos confirma que la argentinidad es una fuerza ingobernable. Desde el decimoquinto cajón de partida en Interlagos, el plan de carrera es tan audaz como simple: pisar el acelerador a fondo, esquivar el agua y demostrar que el misticismo del campeón doméstico también cotiza en la máxima categoría.
