El encuentro correspondió a la decimosexta y última fecha de la fase regular del certamen de la Liga Profesional, disputada el viernes 6 de noviembre. La caída significó la eliminación formal de Racing, que concluyó su participación ubicado en el duodécimo puesto de la Zona B con 15 unidades acumuladas.
Las jugadas clave y los goles
Durante la primera mitad de la etapa inicial, el conjunto dirigido por Sebastián Romero contó con las situaciones más claras para adelantarse en el marcador. A los 15 minutos, una jugada preparada derivó en un remate de Gastón Lodico, y poco después un disparo cruzado de Matías Kranevitter impactó en el poste derecho defendido por el arquero Juan Espínola.
Sin embargo, la apertura del marcador llegó a los 43 minutos para el dueño de casa. Nicolás Orsini empujó la pelota a la red tras recibir un centro de Enzo Taborda y una posterior asistencia de cabeza de Rodrigo Bogarín en el área penal.
En el complemento, el arquero visitante Facundo Cambeses contuvo un mano a mano frente al propio Bogarín para sostener la diferencia mínima. Sobre el cierre del cotejo, Norberto Briasco convirtió el 2-0 definitivo que aseguró el festejo del conjunto local.
El panorama en la tabla y las clasificaciones
Con este triunfo en condición de local, Barracas Central finalizó la fase de grupos en la quinta posición de la Zona B y obtuvo uno de los ocho cupos disponibles para disputar los playoffs por el título de la Liga Profesional.
El resultado obtenido en el estadio Claudio Tapia repercutió además en otros frentes de la tabla general: la victoria del elenco barraqueño complicó las aspiraciones matemáticas de Independiente en su disputa por clasificar a la Copa Sudamericana 2027.
Barracas Central venció 2-0 a Racing el viernes 6 de noviembre en la última fecha del Torneo Clausura y lo dejó fuera de los playoffs.
Nicolás Orsini abrió la cuenta en la etapa inicial y Norberto Briasco aseguró la victoria sobre el cierre. Con este resultado, el local clasificó quinto en la Zona B y Racing terminó en la duodécima posición.
En una demostración empírica de que el destino disfruta ensañarse con la paciencia humana, el viernes 6 de noviembre Racing visitó el estadio Claudio Tapia con la misión de meterse a los playoffs del Torneo Clausura y terminó escribiendo una tragedia digna del cine catástrofe. El planteo de Sebastián Romero funcionó con admirable precisión durante exactamente un cuarto de hora: una jugada preparada derivó en el remate de Gastón Lodico y enseguida un tiro cruzado de Matías Kranevitter reventó el poste derecho del arquero Juan Espínola, confirmando la milenaria sospecha de que los caños del fútbol argentino están confabulados contra la tranquilidad espiritual de Avellaneda. Sin embargo, a los 43 minutos de esa etapa inicial, Enzo Taborda mandó un centro, Rodrigo Bogarín cabeceó con total comodidad en el área y Nicolás Orsini empujó la pelota a la red para inaugurar un duelo surrealista.
El segundo tiempo transcurrió bajo esa atmósfera densa donde el terror psicológico cotiza en alza: el arquero visitante Facundo Cambeses se vistió de superhéroe para salvar un mano a mano imposible frente a Bogarín y sostener la mínima diferencia, pero el desenlace ya estaba escrito por guionistas perversos. Sobre el cierre del cotejo, Norberto Briasco decretó el 2-0 definitivo para desatar el festejo barraqueño y sellar la eliminación formal de Racing, que cerró la decimosexta y última fecha de la fase regular varado en el duodécimo puesto de la Zona B con apenas 15 unidades acumuladas, viendo los cuartos de final por televisión.
La victoria catapultó a Barracas Central a la quinta posición de la Zona B, adjudicándose uno de los ocho cupos directos para disputar los playoffs de la Liga Profesional en un desenlace que rozó la comedia de enredos interbarrial. Como si dejar a la Academia sin competencia no fuera suficiente homenaje al drama criollo, el triunfo en Olavarría y Luna salpicó de lleno la tabla general y complicó las aspiraciones matemáticas de Independiente de cara a la Copa Sudamericana 2027, logrando la proeza metafísica de arruinarle el fin de semana a las dos mitades de Avellaneda con un solo pitazo final.
