Coons hizo el anuncio al compartir en X la revelación de ese vínculo. La investigación será una de las que alistan los demócratas, que recuperaron la mayoría en la Cámara y el Senado en las elecciones de mitad de mandato del martes 3 de noviembre.
Nvidia suele liderar como la compañía mejor valorada del mundo en bolsa y sus chips H200 están entre los más poderosos del mercado para desarrollar inteligencia artificial, el insumo de la disputa entre Washington y Pekín.
Qué dice el memorando
Un memorando que circuló en la administración de Donald Trump citó información de inteligencia según la cual Alice Huang, una empresaria china vinculada a Jensen Huang, era una espía del Ministerio de Seguridad del Estado de China, la mayor agencia de espionaje de Pekín. Ese documento la describe reclutada para obtener datos sobre el directivo y sobre los chips de inteligencia artificial estadounidenses.
El señalamiento surge de un memorando de inteligencia y no de una causa judicial: no se conoce el alcance del vínculo entre ambos ni el paradero de Alice Huang, y Nvidia, Jensen Huang y la Casa Blanca no se pronunciaron. Según ese documento, la información llegó a Trump el año pasado y no hubo ninguna medida.
La carta de mayo y la venta de chips
En mayo pasado, Coons había pedido al secretario de Comercio, Howard Lutnick, que explicara la venta a China de los semiconductores Nvidia H200. Cuestionó además la cercanía de Huang con Trump, que permitió esas exportaciones a cambio de un porcentaje de las ventas para el Gobierno estadounidense.
«Cuanto más aprendo sobre la demencial relación entre la Administración Trump, los espías chinos y los multimillonarios de la IA, más estoy convencido de que no hay nada que haga este Gobierno que no sea corrupto», escribió el senador.
La investigación no tiene todavía formato: no está confirmado si habrá una audiencia formal del comité ni en qué fecha.
El Congreso de Estados Unidos investigará el vínculo del jefe de Nvidia, Jensen Huang, con una empresaria china señalada como espía. El anuncio lo hizo el senador demócrata Chris Coons, que presidirá el Comité de Relaciones Exteriores, tras las elecciones del martes. Un memorando de inteligencia de la administración de Trump sostiene que la empresaria, Alice Huang, fue reclutada para obtener información sobre los chips de inteligencia artificial.
La geopolítica global acaba de transformarse en una telenovela de espionaje cibernético donde las placas de video cotizan más alto que el plutonio y los pasillos de Washington parecen un set de filmación de bajo presupuesto. Resulta que los demócratas, recién empoderados tras recuperar la mayoría en ambas cámaras en las elecciones del martes 3 de noviembre, decidieron inaugurar su mandato poniendo la lupa sobre la empresa más valiosa del planeta. El senador Chris Coons, futuro mandamás del Comité de Relaciones Exteriores, prometió por la red social X que el Congreso «investigará y obtendrá respuestas» sobre los llamativos lazos entre Jensen Huang, el célebre mandamás de Nvidia, y una empresaria china señalada como espía en informes confidenciales. Nada calma tanto la ansiedad de los mercados como enterarse de que el cerebro detrás del boom de la inteligencia artificial y de los potentísimos procesadores H200 compartía café con una presunta agente del mismísimo Ministerio de Seguridad del Estado de Pekín.
El meollo de la cuestión descansa en un memorando de inteligencia que circuló durante la gestión de Donald Trump y que describe a Alice Huang como una agente reclutada expresamente para sacarle secretos al rey de los semiconductores. Claro que, fiel a la prolijidad institucional contemporánea, no hay causa judicial abierta, nadie sabe dónde está la misteriosa empresaria y la Casa Blanca jamás movió un pelo cuando le pasaron el informe el año pasado. Para sumar condimentos a esta comedia dramática de enredos internacionales, Coons ya venía persiguiendo en mayo al secretario de Comercio, Howard Lutnick, exigiendo explicaciones por autorizar la venta de chips H200 al gigante asiático a cambio de una suculenta comisión para las arcas estatales norteamericanas, disparando que «cuanto más aprendo sobre la demencial relación entre la Administración Trump, los espías chinos y los multimillonarios de la IA, más estoy convencido de que no hay nada que haga este Gobierno que no sea corrupto».
Por el momento la pesquisa parlamentaria flota en un limbo administrativo sin fecha ni formato de audiencia confirmado, pero el espectáculo ya está servido para deleite de una humanidad que observa cómo los chips más avanzados del universo terminan enredados entre presuntas agentes secretas inhallables y recaudaciones aduaneras dignas de una feria persa. Habrá que esperar si los legisladores logran descifrar la trama antes de que los algoritmos tomen conciencia propia o si el culebrón simplemente se disuelve en el infinito archivo del Capitolio.
